Marruecos

De los benimerines a los alauitas

El consejero de Economía y vicepresidente primero de Melilla, Daniel Conesa, define a Marruecos como «especialista es detectar y explotar las debilidades de sus vecinos». Podría pensarse que se refiere al proverbial don de la oportunidad de los reyes alauitas, desde que mediados los setenta, con el general Franco en su lecho de muerte, se apoderaron del Sáhara español con una maniobra de «blitzkrieg» incruenta. La tradición, sin embargo, se remonta a como poco al siglo XIII, cuando Alfonso X abandonó la frontera meridional que su padre, San Fernando, había asegurado con la conquista de Córdoba y Sevilla. El Rey Sabio anhelaba ser coronado titular del Sacro Imperio Romano Germánico y marchó de campaña a Francia. Su ausencia fue aprovechada por el pujante sultanato de los benimerines para sojuzgar plazas como Rota, Algeciras o Gibraltar, sitiar Tarifa y proclamar que «la tierra hispana será pronto conquistada y habrá tierra para todos los musulmanes». ¿Tiene algo que ver, casi ocho siglos después, la evanescencia del actual Gobierno de España con los gestos de hostilidad de Marruecos? Un viejo gag de Gomaespuma apunta la respuesta: «Yo tenía cuatrocientas ovejas y ahora tengo veintitrés ovejas. Yo no digo que mi vecino me las robe, sólo digo que en su casa se come todos los días cordero». Para empezar, y tras el libramiento de una generosa partida de fondos comunitarios, Mohamed VI ha aceptado la devolución en caliente de más de un centenar de subsaharianos que forzaron la frontera ceutí de El Tarajal. Y sigue sin abrir la aduana comercial de Beni Enzar, en Melilla, a la espera de que salga algún lagarto más del fondo de reptiles que Bruselas maneja para estos casos. Adorable vecino.