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Manuel Chaves Nogales (y 2): Una mirada ecuánime e insobornable frente al sectarismo

  • Manuel Chaves Nogales, paradigma de la «Tercera España» y autor de los textos de «La ciudad», «A sangre y fuego», «La defensa de Madrid», «El maestro Juan Martínez que estaba allí», «Lo que ha quedado del Imperio de los zares» o «Bajo el signo de las esvástica»
    Manuel Chaves Nogales, paradigma de la «Tercera España» y autor de los textos de «La ciudad», «A sangre y fuego», «La defensa de Madrid», «El maestro Juan Martínez que estaba allí», «Lo que ha quedado del Imperio de los zares» o «Bajo el signo de las esvástica»
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Tiempo de lectura 4 min.

20 de mayo de 2019. 17:08h

Comentada
Miguel Olid @miguel_olid.  17/5/2019

Hace un par de semanas, el periodista y escritor Manuel Chaves Nogales protagonizaba este espacio, en el que se exponía cómo había sido el proceso de recuperación de su obra así como su justa reivindicación. Pero una figura como la suya requería más espacio para traer a la luz un par de iniciativas más en este prolongado acto de justicia; asimismo quedaba pendiente la reseña de algunas de sus obras más destacadas, felizmente al alcance de lectores y amantes de la cultura en general gracias a la apuesta de editoriales como las andaluzas Almuzara y Renacimiento y la catalana Libros del Asteroide.

Casi diez años después de que la catedrática de Lengua castellana y Literatura María Isabel Cintas, biógrafa y responsable de la recuperación de la obra de Chaves Nogales, supiera de éste, en el acto de presentación de un nuevo periódico, Diario de Sevilla, entonces dirigido por Manuel Jesús Florencio, se quiso reconocer la relevancia de Chaves Nogales con la entrega a los invitados de un ejemplar de «La ciudad», su primer libro, escrito cuando apenas tenía 23 años. Se trata de una compilación de ensayos e historias sobre su localidad natal, en el que no escasean las curiosidades, como las referidas a la simbólica comunidad judía (hebrea en palabras de Chaves Nogales) de la Sevilla de hace 100 años.

Uno de los periodistas más destacados de la actualidad, Carlos Alsina, le dedicó a principios del año pasado un programa especial de casi dos horas en Onda Cero, disponible en internet que, con la ayuda de una buena selección de actores, incluye las adaptaciones de tres historias de «A sangre y fuego», el excelente libro de Chaves Nogales sobre la Guerra Civil, que debería ser de lectura obligada. Este programa especial contó también con la participación de los escritores Arturo Pérez Reverte y Andrés Trapiello, implicados en la causa de reivindicación del periodista andaluz. Definido a sí mismo como «pequeño burgués liberal» al inicio del prólogo de este libro, Chaves Nogales era republicano, masón y partidario del laicismo pero en una España devorada por los sectarismos su figura era incómoda para unos y otros por su insobornable independencia y su valentía al denunciar lo que vio con sus propios ojos en la Alemania nazi, apenas semanas después de la llegada al poder de Hitler, o en la Unión Soviética. Máximo exponente de la denominada «Tercera España», era consciente, como señalaba en el citado prólogo, de haber «contraido méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros». De hecho, se enteró que un grupúsculo fascista había acordado asesinarlo, días antes del 18 de julio, como medida preventiva. En «A sangre y fuego» ofrece un descarnado retrato de la Guerra Civil sin eludir crímenes cometidos en ambos frentes y en la retaguardia. Además de excelente periodista, Chaves Nogales tiene la virtud de describir con tanta precisión que hay fragmentos, como esa encarnizada lucha a muerte entre un miliciano y un soldado marroquí, que el lector puede revivirlo perfectamente como si se tratara de un horrorizado testigo situado a escasos metros. Perfecto complemento a este libro, y menos conocido, es el titulado «Los secretos de la defensa de Madrid», en el que tiene un papel estelar el general Miaja, protagonista asimismo de dos textos que Espuela de Plata, sello de la editorial Renacimiento, ha recuperado: «Los días de agonía del Dr. Negrín» y «Cómo cayó Madrid: horas de angustia»; ambos fueron publicados sin firma pero son atribuidos a Chaves Nogales.

El libro de Belmonte

Uno de sus libros más populares es «Juan Belmonte, matador de toros», relato novelesco de un hombre ejemplo de esfuerzo, lucha y superación, al que Hemingway definió como un genio (dijo que en su vida solo había conocido a dos: Einstein y Belmonte); tal vez precisamente por ello es un libro del que disfrutan tanto los aficionados a la tauromaquia como quienes no lo son.

Viajero inagotable, Chaves Nogales recorrió gran parte de Europa para escribir sus crónicas y reportajes. Uno de los países que más le inspiraron fue la Unión Soviética, donde situó la historia de «El maestro Juan Martínez estaba allí», obra memorable en la que narra las andanzas de un bailaor flamenco y su compañera a los que sorprende la guerra entre rusos blancos y bolcheviques. Con la precisión de un cirujano, describe las atrocidades cometidas por zaristas y comunistas, con pasajes impresionantes como la liquidación de 40.000 policías, el bombardeo sin contemplaciones de la plana mayor de los anarquistas o el compromiso con la Revolución de un comunista francés en Odesa. Preciso contrapunto a la anterior es «Lo que ha quedado del imperio de los zares», en la que Chaves Nogales ofrece un curioso retrato de muchos de los rusos exiliados.

Por si se hubiera granjeado pocos enemigos en sus artículos y libros, tachó de ridículo, grotesco y estrafalario a Joseph Goebbels en una breve entrevista (disponible en el libro «Bajo el signo de la esvástica»), convirtiéndose automáticamente en objetivo de los nazis, así que no tuvo más remedio que huir de París, donde se instaló a finales de 1936, cuando Alemania ocupó Francia; se despidió de su familia y se instaló en Londres en julio de 1940, donde tiempo después comenzó a colaborar con la BBC; a pesar de haber ganado mucho dinero una década antes, apenas subsistía. Cuatro años después falleció por una enfermedad estomacal; a los pocos días de su muerte, con 46 años, el Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo le condenó a 12 de reclusión y a inhabilitación perpetua para el ejercicio de cualquier cargo. El oprobio no se limitó a esta condena y la censura incluso prohibió la publicación de la esquela en un diario de su ciudad natal.

Por fortuna, quedan sus libros así como una creciente legión de lectores de su obra, rendidos ante su mirada ecuánime e insobornable frente al sectarismo.

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