Así protege el medio ambiente la «patrulla verde» de la capital

Cien agentes forman la unidad especializada del Ayuntamiento. En 2019 intervinieron 366 piezas de marfil y recibieron 166 casos de perros peligrosos. Ahora, se enfrentan a especies invasoras como el ganso del Nilo

Entre un bosque frondoso, numerosos senderos y la presencia de una gran biodiversidad, se encuentra el Palacio de Santander de la Casa de Campo, sede de la Unidad de Medio Ambiente de la Policía Municipal de Madrid. Desde la creación de este cuerpo en 1983, un centenar de agentes, ya sea con motos de campo o eléctricas, bicicletas o coches cero emisiones, patrullan actualmente la ciudad con el fin de proteger y preservar el medio ambiente de la capital.

Nada más cruzar las puertas de madera del edificio, nos encontramos frente a la sala de reuniones. En esta estancia, los agentes se reúnen cada mañana y tarde para recibir «instrucciones» que constituirán el desempeño de sus funciones, según afirma a LA RAZÓN Eduardo Sanz, jefe adjunto de la unidad de Medio Ambiente. A pesar de que en esta unidad no se hacen guardias de noche durante el transcurso de la semana, los viernes y sábados realizan estas reuniones, ya que son los días con más «complicaciones».

«Somos una unidad pequeñita. Hay un intendente, un inspector, cinco oficiales y unos cien agentes. Tenemos un patrulla de policía judicial que se encarga de hacer los atestados», asegura.

Según avanzamos por la sala de reuniones, la unidad cuenta con otra estancia en la que la Policía Judicial realiza las declaraciones, las denuncias de la gente y los atestados por cualquier ilícito penal relacionado contra el medio ambiente. Los informes que recoge este cuerpo son variados: casos de maltrato animal, de vertido de sustancias contaminantes, de tráfico de animales protegidos o incautación de marfil.

«2019 fue el año en el que más marfil se incautó de procedencia ilícita. Se intervinieron un total de 366 piezas», cuenta Sanz. A pesar de los numerosos casos que se han registrado en este ámbito, uno de los que predomina según se acerca el verano, entre junio y julio, es el rescate de animales.

«Aves como los buitres, cuando llegan, al hacer mucho calor, intentan volar y acaban cayéndose del nido. El año pasado recuperamos 1.047 animales», explica Sanz. Los animales rescatados por esta unidad son conducidos a lugares especializados como el Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS). Y en el caso de animales domésticos, son trasladados al Centro de Protección de Animales del Ayuntamiento de Madrid.

Con respecto a las cotorras argentinas, tema que preocupa actualmente al Ayuntamiento, esta unidad afirma que no es la única especie invasora . De hecho, no es la que más daño causa. «El ganso del Nilo es un animal que ya ha causado plagas en Inglaterra y ha desplazado al pato normal a otros destinos. En Madrid ya está pasando», explica Sanz.

Otro de los problemas a los que tiene que hacer frente esta unidad es que las personas tienen en su casa «animales venenosos», a pesar de que su pertenencia sea considerada ilegal. «A la gente le gusta lo exótico y lo peligroso. Recibimos una llamada en Madrid por una persona que le mordió su serpiente de cascabel», relata a este diario Jorge Piedrahita, agente de la unidad. El lugar de referencia para los antídotos es el Hospital de La Paz, pero es el parque zoológico de Faunia donde se encuentran, ya que trabajan con estos animales a diario. «El antídoto de un animal exótico puede valer una fortuna, desde 1.000 euros hasta 12.000», explica el agente.

Del mismo modo, esta unidad ha incautado anfibios o reptiles venenosos procedentes de un festival que se celebra en la ciudad alemana de Hamm, en la que cientos de personas hacen intercambios de estos animales. «El otro día, encontramos en un local de Moratalaz 51 ranas «dardo». En su hábitat natural son muy tóxicas debido a que consumen unas hormigas. Para perder su veneno, tienen que estar dos años fuera de su hábitat. Hay un mercado negro muy grande», sostiene Piedrahita.

Otro de los problemas que estos agentes tienen que hacer frente es que en la ciudad hay muchos perros. La unidad ha realizado un total de 166 atestados de lesiones por parte de estos animales. «Nosotros realizamos control de perros potencialmente peligrosos (PPP). Hay ocho razas que necesitan licencias y cumplir una serie de requisitos que no necesitan otros perros. Llevar puesto su bozal e ir siempre con su correa», explica Piedrahita.

Perros peligrosos

Estos PPP, a pesar de tener una buena educación por parte de sus dueños, tienen una fisionomía que los cataloga como peligrosos. «Uno de los casos más duros que hemos tenido que vivir es cuando se estaba celebrando un partido de fútbol de la Selección. El dueño de un perro peligroso estaba paseando al animal por la calle y una mujer se encontraba en la terraza de su casa con un bebé de un mes. Al producirse un ruido fuerte, el perro se asustó y le pegó un zarpazo en la espalda al recién nacido. Le tuvieron que dar 22 puntos», relata Piedrahita.

Asimismo, esta unidad hace uso de drones para la vigilancia del vertido de sustancias contaminantes en el «cinturón marrón» de la periferia y los agentes realizan inspecciones a empresas gestoras de residuos peligrosos como talleres o tintorerías. «Uno de los casos que atendimos fue en una guardería en la que había fuertes olores a gasoil. Procedían de un taller que tiraba los residuos a la red de alcantarillado. Hay que controlar este tipo de cosas», cuenta el jefe adjunto de la unidad. Además, esta unidad ve cada vez con más frecuencia sacos de escombros que la gente tira al campo, los cuales pueden suponer una sanción de hasta tres mil euros.

La caza y pesca de animales protegidos está prohibida en la Comunidad. A pesar de que esta práctica sea considerada ilegal, esta unidad ha encontrado a diversas personas cazando con «artes prohibidas» como redes o ligas, que son palos que impregnan con pegamento para que se queden las aves pegadas. «La pena puede ir de seis meses a dos años, y en el caso de que la persona tenga licencia de cazador, se procedería a la inhabilitación especial para poder cazar durante dos años», explica Piedrahita. Eso sí: si se hace uso de la red o ballesta, la pena es mayor al ser un arte no selectivo de caza.

Del mismo modo, este cuerpo atiende los casos de ruidos especialmente contaminantes desde el punto de vista acústico. Para medirlos, utilizan sonómetros. ¿Ejemplos? «Un aparato de aire acondicionado de una empresa que molesta a los vecinos o un camión que descarga siempre a la misma hora haciendo mucho ruido», explica el jefe.

Cifras

  • 342 atestados se registraron el año pasado. Sin embargo en 2011 tramitaron solo cuatro. Entre los más numerosos, están los relacionados con accidentes con perros.
  • 1.047 animales se intervinieron por parte de esta unidad el año pasado, un 24,9 por ciento más que en 2018, cuando se cogieron un total de 838 animales.