Milagro en Horcajo de la Sierra: ni un solo caso de coronavirus en este pueblo madrileño

Ninguno de los vecinos de este pueblo de la Comunidad de Madrid se ha contagiado. Cero casos de coronavirus desde marzo. “Es una tranquilidad pasear sin miedo a que alguien te lo pegue”, dicen sus vecinos. ¿Cuál es la fórmula de su éxito?

Elisa Pinto aprovecha la soleada mañana para tender la ropa en un pequeño callejón colindante a su vivienda. Cuando nos ve, echa mano de la mascarilla, “porque hay que tener mucho cuidado”, dice. No es casualidad que Horcajo de la Sierra sea de los pocos pueblos de la Comunidad de Madrid que no han tenido ningún caso de coronavirus desde que estalló la pandemia. Además de contar con una población reducida, lo cual ayuda a esquivar los contagios, los protocolos de seguridad se han cumplido con total rigurosidad. Es decir, han creado su propia “burbuja covid-free”.

“Aquí la vida es muy tranquila, cuando estaba en Madrid solo iba a la farmacia y a la frutería. En el pueblo tengo mis propios frutales y no hay ningún problema. Es más, puedes salir a caminar y, si no hay gente, no tienes que ponerte la mascarilla. Yo camino mucho sola por las zonas de la huerta y es una liberación. Saber que nadie del pueblo te puede contagiar es una gozada”, relata Elisa, que ahora está muy preocupada porque tiene que ir al dentista en la capital y le da miedo. “¿Nos van a encerrar otra vez? ¿Vosotros sabéis algo?”, nos pregunta alarmada. Ella nació en Horcajo, pero ha vivido toda su vida en la ciudad “donde regentábamos un negocio, pero en cuanto me jubilé me vine y no tengo intención de volver. Por miedo prefiero quedarme”. Eso no quita que sufra por la familia que tiene a una hora de distancia, “ellos tienen que trabajar y no les queda más remedio, es un sufrimiento”, confiesa.

Además de ser un pueblo sin virus, Horcajo de la Sierra es también una excepción en cuanto al perfil de la población que habita en él. Ahora mismo hay alrededor de 200 personas empadronadas, pero la media de edad está en los cuarenta años. “Hay mucha gente joven que prefiere las zonas rurales, y este es un ejemplo. Ahora solo nos verás a los más mayores, porque el resto está trabajando, algunos lo hacen a distancia y otros van y vienen a Madrid”, comenta otra vecina.

De hecho, eso es algo que les preocupaba inicialmente, que los que trabajan fuera del pueblo, ya sea en la capital o en pueblos colindantes, trajeran la Covid al pueblo: “Pero ellos no se relacionan con nosotros, van a trabajar y luego se encierran en sus casas. Son muy responsables”, dice David Ramírez, que lleva más de 40 años en el municipio. Ahora vive de la pensión después de sufrir un accidente cuando trabajaba como camionero. Su prioridad es el cuidado de su madre “que tiene muy mal el corazón y solo le funciona al 25%, por eso, no me arriesgo a tener contacto con gente. No me meto en grupos con personas sin mascarilla y evito lugares con aglomeraciones”, subraya. Según él, la clave del éxito de Horcajo de la Sierra es que la gente ha sido muy prudente " y también influye que no haya adolescentes ni jóvenes que puedan juntarse para hacer fiestas".

Camino al bar -que está cerrado, nos advierten, porque la encargada está de vacaciones-, nos cruzamos con Amalia López que cuida de su nieta. Dice sentirse afortunada de vivir en este oasis sanitario “porque no hay que estar todo el rato tan pendiente de la mascarilla mientras se guarden las distancias de seguridad”. Ella se vino en mayo con su hija, que teletrabaja desde Horcajo, y su nieta. “A mi yerno no le ha quedado más remedio que quedarse en Madrid. Este virus nos ha obligado a sacrificar las relaciones familiares con el fin de cortar este rollo de contagios. Porque si no nos cuidamos nosotros, los políticos no van a hacer nada”, critica. Amalia está de alquiler en una bonita casa baja, “pero nos estamos construyendo otra para quedarnos aquí, porque parece que esto va para largo”. Y no es una mala opción, pues disfrutar del aire puro a apenas una hora de Madrid, en pleno valle de Lozoya de la Sierra Norte, es una gozada. “Salir a caminar y no tener miedo de que te contagien es un alivio. El otro día le pregunté a la doctora cómo estaba el asunto y me dijo que aquí no había ningún caso. Eso te da tranquilidad”, se reafirma.

Acudimos al Ayuntamiento para hablar con el alcalde, uno de los vecinos más jóvenes del municipio. El socialista Adrián Manzanares hace poco tiempo que tomó las riendas del Consistorio y ha tenido que afrontar esta crisis con buen temple. “Creo que nuestro éxito reside en la propia gente del pueblo que ha cumplido a rajatabla las medidas de seguridad. Ellos mismos han reducido las actividades sociales como acudir al bar o juntarse para hacer barbacoas en casa o dar paseos en grupo. Esa conciencia de cada uno es la que nos ha salvado”, apunta. Además de sentir orgullo por sus ciudadanos, pide que nadie se relaje.

Según los informes de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, la incidencia acumulada de casos de Covid en Horcajo de la Sierra es cero. Por eso, “cuando se levantaron las restricciones la gente tuvo miedo de que vinieran muchas personas de fuera, pero aquellos malos presagios se esfumaron rápido, porque vimos cómo la gente cumplía y nos respetaba”, analiza el alcalde. Y es que, junto con la ganadería y la construcción, el turismo rural es uno de los puntos fuertes de la economía del pueblo. Ofrecen unos 20 alojamientos rurales y “todos están abiertos”. De hecho, todos los fines de semana se llenan “y durante el verano, muchas personas de Madrid alquilaron casas para varias semanas”, añade Manzanares. También lo han notado en cuanto al padrón, ya que mientras que a principios de año había registradas 145 personas, “ahora tenemos 187. También hemos notado el incremento de la población permanente que se ha quedado en el municipio. Desde que se anunciaron las restricciones, en marzo, hubo familias que trajeron a sus abuelos porque vieron que aquí estaban a salvo”.

Pese a esta “ocupación” de urbanitas, los horcajeños les reciben de buen agrado, “siempre que cumplan” recuerda Tamara que ha salido a dar un paseo con sus dos hijos pequeños. Ella tiene 33 años y se mudó aquí hace cinco porque sus padres compraron una casita. Al principio, ella y su chico gestionaban el bar del pueblo, pero ahora Tamara se encarga del cuidado de sus hijos y él trabaja en la construcción. “Mejor que en la ciudad se está en el pueblo y, sinceramente, estoy encantada de que venga más gente, ahora que se puede teletrabajar esto es estupendo. Aquí se vive con mucha más libertad. No voy a decirte que estamos más tranquilos, porque vivimos con mucho respeto todo lo que está pasando en toda España, pero sí es verdad que aquí nos podemos mover más relajados, hay muchas rutas para senderismo, para ir con la bici... en Madrid sería horroroso. Allí no les queda más remedio que coger el metro y, en ese aspecto, sí que vivimos mucho más relajados”, dice.

A pesar de las esperanzadoras estadísticas que colocan a su pueblo como uno de los mejores en cuanto a incidencia del virus, “aquí no hay normalidad total, en verano, por ejemplo, a mis hijos nos les he dejado relacionarse con todos los niños, solo en grupos reducidos y siempre con los mismos. Ahora tampoco les llevo al colegio porque como no están en edad de escolarización obligatoria creo que están más seguros aquí”, nos detalla.

“Eso, miedo y respeto todo el tiempo, porque el virus éste no es nada bueno, muchos ya se han ido para el otro barrio”, añade Julio que pasa por una de las calles contiguas. Un temor que desde la distancia también experimentan Carmen y Modesto, que ahora lo digieren de mejor agrado sentados en la puerta de su casa disfrutando del sol: “El no tener casos de coronavirus es algo muy bueno, porque podemos hacer vida más tranquilos, pasear, quitarte de vez en cuando la mascarilla...”, dice este matrimonio de Alcobendas. Ambos confían en que llegue pronto la vacuna “de la gripe, no de la Covid”, matiza Carmen. “Yo me la quiero poner cuanto antes porque como soy diabético tengo que tener cuidado”, agrega Modesto. Y antes de poner rumbo al coche y regresar a la “capital del coronavirus”, el matrimonio nos deja un recado: “Que el Gobierno haga algo porque hasta ahora no han hecho nada. Ya les avisaron durante la primera ola y ahora siguen sin tomar nota. Tienen a los médicos que no pueden más. Es una vergüenza”. Apuntado queda.