Osoro, sobre la explosión en la parroquia de Madrid: “La viuda de David me ha dado una lección de Dios”

El cardenal arzobispo de Madrid avanza en una entrevista a LA RAZÓN que volverán a poner en pie el edificio parroquial siniestrado en la calle Toledo

El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro
El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos OsoroJesús G. FeriaJesús G. Feria

Las noches suelen ser cortas para el cardenal Osoro. Siempre roba horas de sueño antes de dejar una llamada por responder o un mensaje de móvil por contestar. Pero la madrugada del miércoles al jueves fue especialmente corta. Porque no se quiso mover de la calle Toledo hasta constatar que no podía hacer más por quienes andaban aturdidos tras la explosión, acompañando a los familiares de los fallecidos y heridos, reuniéndose con las autoridades, atendiendo a los medios de comunicación… No en vano la tragedia se había originado en el centro parroquial de La Paloma, la casa de la patrona no oficial de Madrid, de la que Don Carlos es pastor.

–Ha dormido poco…

–Algo, algo… Tampoco te hago mayor problema con eso. Para mí ha sido una oportunidad para descubrir, cómo en medio del drama y de las dificultades se engendran relaciones de pertenencia y nacen lazos profundos que superan esos círculos concéntricos que nos alejan a unos de otros. Ante una situación que te deja roto, la ciudad de Madrid respondió a una: jóvenes, mayores, creyentes y no creyentes, bomberos, periodistas… Los que queremos leer el Evangelio en el día a día, vemos como el Señor sigue sembrando semillas de amor en momentos límite. Lo estamos experimentando durante la pandemia y ante lo sucedido ahora, se vuelve a poner de manifiesto. Nuestras vidas están entretejidas cuando nos ponemos en disposición de ayudar al otro cuando hace falta. Nadie está solo y los madrileños lo han vuelto a demostrar.

–¿Cómo se enteró de lo ocurrido en la calle Toledo?

–Me avisaron cuando estaba reunido en la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal, lo dejé todo y me fui a la calle Toledo directo.

–¿Y cómo se le ha quedado el cuerpo cuando se ha confirmado la muerte de cuatro personas, entre ellos un sacerdote y un laico vinculado a la parroquia?

–Te deja el corazón muy dolorido. Sobre todo, cuando además les conoces de primera mano. Date cuenta de que a Rubén, el sacerdote, le había ordenado ahora hace siete meses. Era un chico con todas las ganas del mundo de anunciar el Evangelio. Imagínate además lo que supone el fallecimiento de David, padre de cuatro niños. Pero, a pesar de esas sombras, ves caminos de esperanza. Ahí está el vídeo que se ha hecho viral del sacerdote que estaba en el último piso. Reclamaba ayuda, pero con una serenidad y una paz propia de quien confía.

Carlos Osoro en la ordenación de Rubén Pérez, sacerdote fallecido en la explosión del edificio de la calle Toledo
Carlos Osoro en la ordenación de Rubén Pérez, sacerdote fallecido en la explosión del edificio de la calle ToledoArchimadrid/Esteban BernárdezArchimadrid/Esteban Bernárdez

–Aún así, ante una catástrofe como esta, ¿no se le ha pasado por la cabeza por un segundo al menos pedirle cuentas a Dios? ¿Cómo nos puedes hacer esto?

–Es normal que suceda que haya quien se rebele y se revuelve contra Dios. Pero desde una lectura creyente de los acontecimientos, la vida en un momento se cambia y se transforma. Dios se hace presente también en esa hermandad, en esa bondad manifestada en la gente. Dios se hace presente en ellos para que tengamos una mirada esperanza, de resurrección, en plenitud, de ver más allá de nosotros mismos.

–No sé si será fácil hablar de esperanza a la viuda de David o a los padres de Rubén…

–El miércoles por la noche estuve con la mujer de David y recé un padrenuestro con ella. Tienes que ser muy duro para que no te afecte la pérdida de tu marido. Pero en ella comprobé que la fe hace obras extraordinarias. Llorando como estaba porque era un matrimonio joven que tenían cuatro niños, me dio una lección de cómo se busca una luz en medio de la oscuridad. Me hizo ver cómo todos estamos en manos de Dios. Me ha certificado cómo, a pesar de la herida que deja una separación como esta, en sus manos, estamos seguros. Esa noche también vi hecha realidad la parábola del buen samaritano, en la que se nos muestra cómo se ama a Dios a través del amor al prójimo, al próximo que lo está pasando mal. «¿Dónde está tu hermano?», nos pregunta el Papa en su última encíclica «Fratelli tutti». Lo vi a través de todos los que se acercaban a la mujer de David a dar su consuelo.

–Lamentando las cuatro muertes, hay quien habla de un pequeño gran milagro de la Virgen de la Paloma porque aquello no fue a más…

–Yo así lo he pensado. La catástrofe podría haber sido enorme, con los niños del colegio de los hermanos de La Salle, a un lado, y la residencia de ancianos, al otro. Podría haber sido terrible.

–¿En qué proceso está la investigación? ¿Se sabe algo más de esa caldera que originó todo?

–La investigación está abierta y en ella están la policía, los abogados, los seguros… Pero todavía no se sabe nada.

–Con el edificio en plena demolición, supongo que los feligreses ya piensan en ponerlo en pie de nuevo…

–Y así lo haremos. Más allá de lo que significa la Virgen de la Paloma para los madrileños, una parroquia con mucha vida y con un alto valor simbólico porque allí nació la primera comunidad del Camino Neocatecumenal, la realidad eclesial iniciada por Kiko Argüello que hoy está presente en todo el mundo. Se trata de un icono iluminador para todos, porque el Camino es una gracia que se ha entregado a toda la Iglesia.