El debate del fango contra Ayuso

Los candidatos de la izquierda trataron de acorralar sin éxito a la presidenta regional, que mantuvo el tipo. El formato, en el que también destacaron Monasterio y García, no altera el rumbo de la campaña

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Era uno de los escenarios más probables para el debate electoral que reunió ayer a los seis aspirantes a presidir la Comunidad de Madrid y los candidatos de la izquierda –Ángel Gabilondo, Pablo Iglesias y Mónica García– tardaron poco en confirmar que su estrategia pasaba por saltar a la yugular de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, a cuenta de su gestión de la pandemia sanitaria, responsabilizándole incluso de las cifras de fallecidos en los hospitales y residencias.

«Utilizan todo el dolor de las familias», reprochó Ayuso a Gabilondo. «Da vergüenza ajena. Es una pantomima», le espetó a Iglesias. Fue éste el momento de mayor tensión en un formato que en poco alterará la tendencia de una campaña a la que le restan doce días.

La presidenta Ayuso, al alza en las encuestas, mantuvo un comportamiento conservador durante la práctica totalidad del debate. Presumió de la gestión que ha liderado en estos dos años, de la que se reconoció orgullosa. Se reivindicó como la única capaz de mantener el modelo que representa la Comunidad de Madrid frente al que abandera Sánchez –«vamos a defender a capa y espada la libertad de las familias frente a la intromisión de la izquierda», destacó– e insistió en el «comunismo o libertad» como el terreno de juego en el que se deben disputar los comicios.

Midió sus ataques a Gabilondo y no pudo evitar una confrontación más dura con Iglesias. El candidato socialista se mostró más desdibujado en su enfrentamiento con la presidenta madrileña, mientras que el líder morado trató de arrinconar a Ayuso con una batería de datos en materia de salud y fiscalidad.

Mónica García supo rentabilizar el perfil con el que se ha consolidado, según la mayoría de las encuestas, como la líder de la tercera fuerza de la contienda. Segura en materia sanitaria y emotiva en otros pasajes del debate, como su minuto final, la candidata de Más Madrid explotó con éxito el papel de oposición real al Gobierno regional en la Asamblea de Vallecas.

Se daba por hecho el «todos contra Ayuso». Y éste se concreto. Pero a este escenario se sumó el «todos contra Monasterio». De hecho, uno de los cara a cara más intenso fue el que protagonizaron la candidata de Vox y el de Ciudadanos, Edmundo Bal.

La cabeza de cartel de la formación de Santiago Abascal logró posicionar con eficacia los puntos con los que está articulando su campaña: seguridad en los barrios, combate a la inmigración ilegal y a la amenaza que representan los «menas» y reducción del gasto político. Logró la visibilidad que buscaba en su enfrentamiento con los tres partidos de la izquierda y con Ciudadanos y apenas interactuó con Ayuso.

La estrategia de PSOE, Más Madrid y Podemos

Tampoco hubo apenas roces entre los candidatos de PSOE, Más Madrid y Podemos. En una estrategia calculada a la hora de no ahuyentar a los indecisos, el único momento de fricción entre entre Gabilondo e Iglesias se sustanció a la hora de hablar de subidas fiscales.

El candidato socialista volvió a reiterar su intención de no tocar los impuestos en el actual contexto de crisis económica y sanitaria. Iglesias, «desde el compañerismo», le recomendó no emular a la derecha.

Más allá de los choques y ante la falta de confrontación de medidas concretas en las materias que fueron objeto de debate, buena parte de la atención se concentró en los planes de unos y otros para pactar tras el 4 de mayo. Ayuso insistió en pedir a los madrileños el apoyo suficiente para gobernar «esta vez sí» con libertad, en clara alusión a su intención de no reeditar una coalición con Ciudadanos.

Desde la formación naranja, Bal descartó cualquier escenario en el que la izquierda pueda sumar y, precisamente por ello, dejó claro que en las elecciones se trata de elegir entre los naranjas y Vox, como socios de Ayuso. Monasterio no desveló si quiere entrar o no en el Gobierno.

Su única meta, por si hubiera dudas, no es repartir cargos, sino «respetar a los madrileños» y frenar a la izquierda. Mónica García se mostró partidaria de emular el pacto del Botánico, pero a la madrileña, mientras Iglesias confió en reeditar un frente de izquierdas.

Para el final, Gabilondo dejó una de las «bombas». A cuenta de los pactos. Lanzó un guiño a Más Madrid para gobernar juntos y a Iglesias, únicamente, le pidió su apoyo.