Case Maclaim, el alemán que ha revolucionado el arte callejero, realiza su primera obra en Madrid

Sus obras están presentes en las fachadas de ciudades repartidas por más de 20 países

Mural de Case Maclaim sobre integración y empoderamiento en el Pasaje de la Caja de Ahorros.
Mural de Case Maclaim sobre integración y empoderamiento en el Pasaje de la Caja de Ahorros.Cristina BejaranoLa Razón

El lenguaje del cuerpo nos dice que llevarse una mano a la cadera es sinónimo de confianza, un «he venido a ocupar mi espacio». En el gesto se leen también tintes de vanidad, incluso, una actitud sutilmente agresiva, como un «me encanta mi singularidad» y un «me he cansado de ser invisible» a la vez. Si la mano que queda libre levanta ligeramente el mentón obligando casi de forma automática a enderezar la espalda y a redirigir la mirada, entonces, la estampa transmite toda una recomposición del orgullo. Así que, en un primer golpe de vista, el contraste entre una silla de ruedas gris y una falda de lentejuelas y volantes pasa desapercibido, como tampoco importan el género o el color de piel. Que las que hablan son las manos.

Antes de él, el arte callejero tenía predilección por la tipografía. Firmas y mensajes fugaces con los que dejar una huella pintada con aerosol en el camino. Pero, en el salto de siglo, un joven Case Maclaim llegó a la escena para revolucionarla desdibujando la frontera entre el grafiti y la pintura. Y lo consiguió. Hoy sus obras están presentes en las fachadas de ciudades repartidas por más de 20 países, entre las que, desde ahora, se encuentra Madrid.

Amarrado a una grúa que lo ascendió más de seis pisos, el afamado artista alemán trabajó durante ocho días en el marco de la feria Urvanity Art 2021 en esta enorme composición que ahora luce a un paso de la Puerta del Sol, en el poco transitado pasaje de la Caja de Ahorros. Se trata, por tanto, de la última aportación del pionero y mayor exponente del fotorrealismo al arte mural contemporáneo que, no obstante, más allá de lo impresionante y llamativa que resulte, contiene la fuerza en las manos de su protagonista.

Utilizándolas como icono comunicativo universal, el grafitero consigue que, hasta para quienes la palabra «empoderamiento» no significa nada, la imagen sea un grito por la integración social de quienes también han venido al mundo para ser y ocupar el espacio.