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Los madrileños nos merecíamos esta estrella, por José Luis Martínez-Almeida

Madrid siempre ha sabido levantarse y continuar. Ponerse en pie, volver a caminar, emprender, trabajar, vivir. Y Unesco ha reconocido nuestro trabajo

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Este histórico domingo han ganado los madrileños. El Paisaje de la Luz es nuestro Paisaje, es el corazón de la ciudad de la que nos sentimos orgullosos y que al fin vemos reconocida en forma de Patrimonio Mundial. El Retiro, el Museo del Prado, claro. Pero también Cibeles, y Neptuno, los grandes castaños y el césped de las praderas que caen desde los Jerónimos. El Thyssen y el Reina Sofía, sin olvidar las barcas del estanque del Retiro, el Palacio de Cristal y la placita que se queda entre el Botánico y el Museo del Prado, y las terrazas de calle arriba. Todo ello, y más, forma parte del patrimonio emocional de los madrileños.

Puedo asegurar que cuando, ya casi a las tres y media de la tarde, el presidente del Comité de Unesco, tras recabar nuestra candidatura un consenso universal, amagó con retrasar un día la votación para incluir al Paisaje de la Luz, experimenté la misma ansiedad de las grandes citas, no diré cuales.

Culminaban años de trabajo, desde que la alcaldesa Botella dio forma a una idea que quizás algunos no vieron clara al principio, pero ella sí, y con razón. En el anterior mandato, con Manuela Carmena, se completó el dosier, que empezaba a dar forma al proyecto. Estos dos años han sido de enorme intensidad y compromiso para conseguir que países tan distintos y distantes como Egipto, Noruega, Etiopía o Guatemala comprendieran que la propuesta de esta ciudad, novedosa, compleja y tan llena de vida y vivencias, merecía la pena. Un trabajo magistralmente hecho por el Área de Cultura en el que nos hemos implicado a fondo. Ser Patrimonio Mundial, que el corazón de tu ciudad sea Patrimonio Mundial, es un premio. Pero sobre todo es un compromiso, el de mantener el privilegiado legado de 400 años de historia. El legado de generaciones y generaciones de madrileños que han tenido el enorme mérito de mantener vivo, pero con su esencia, un entorno de primera magnitud mundial.

El gran mérito del equipo que ha defendido esta candidatura es hacer entender que la ciudad no es un museo histórico, por mucho que aquí se concentren algunos de los mejores del mundo. Una ciudad, un espacio como este crece, evoluciona, se desarrolla, quedan las marcas de los siglos, pero con el inmenso valor de haber mantenido su esencia desde el siglo XVII.

Básicamente el Paseo del Prado es hoy lo mismo que pensaron que sería quienes lo diseñaron. Las miles de personas que visitan cada día los museos son la culminación del proyecto de edificios dedicados a la ciencia y a la investigación, como se pensaron hace cuatro siglos. Edificios civiles, religiosos, culturales, incluso políticos, administrativos, militares, financieros, viviendas, tiendas y restaurantes. Todo esto forma parte de un Paisaje que no es solo un museo con soberbias piezas de piedra o mármol, sino una ciudad que se vive intensamente y con libertad, que late.

Lo merecían los madrileños, lo merecía Madrid. Hemos vivido un año y medio de una dureza que no podíamos ni imaginar en las peores pesadillas. El golpe de la pandemia se cebó con Madrid, con los madrileños, en las primeras fases de esta crisis. La ciudad quedó dolorida, herida, en duelo, silenciosa. Los madrileños supieron dar ejemplo de civismo y responsabilidad manteniendo un confinamiento que fue durísimo. Las condiciones propias de una ciudad de 3,3 millones de habitantes hizo que fuéramos víctimas propiciatorias de este virus que entró silenciosamente y nos atacó con saña.

Pero Madrid siempre ha sabido levantarse y continuar. Ponerse en pie, volver a caminar, emprender, trabajar, vivir. Este domingo Unesco ha reconocido nuestro trabajo, la visión de una ciudad, orgullosa de su pasado y consciente de su presente. Aunque soñadora de su futuro, capaz de poner las condiciones para labrárselo.

Si esto fuera un Mundial, ya tendríamos nuestra primera estrella. Madrid, su corazón, su Retiro y su Prado, el Paisaje de la Luz, ya son Patrimonio Mundial.

¿Madrid? ¡Que sí!