Negacionistas de la Meteorología en El Retiro

Todo puede ser puesto en duda: desde el Covid hasta que el Ayuntamiento se extralimita balizando un área infantil con cinta naranja ante el peligro de que un árbol se venga abajo

Una parque infantil, restringido al juego tras una cinta municipal, en la que se alerta del riesgo por posible caída de árboles en El Retiro
Una parque infantil, restringido al juego tras una cinta municipal, en la que se alerta del riesgo por posible caída de árboles en El Retiro FOTO: Eduardo Parra Europa Press

Es importante potenciar en los niños el espíritu crítico. Sin duda. Queremos que sean ciudadanos responsables y maduros. Y que sepan inglés, y música, y jugar al ajedrez (bien). De ahí que muchos padres se empeñen en favorecer en ellos las mejores enseñanzas. Y lo visto ayer, en algunas zonas de El Retiro madrileño -que podría suceder en cualquier otro lugar de España, sin duda-, no favorece en nada aquello de hacer de nuestros vástagos buenas personas y mejores ciudadanos. O al revés si gustan. Esto no es una anécdota sin importancia. Esto va en un todo. Es un paquete. Atrás quedaron los tiempos en que cuando el médico te recomendaba un determinado tratamiento, el enfermo aceptaba el diagnóstico sin dudar. O si dudaba, pedía una segunda opinión... a otro galeno. Perfecto. Nada que objetar.

Todo eso ha quedado en el olvido. Ahora cada uno puede ser licenciado en Medicina y Cirugía de aquella manera gracias a la Red. Rápidamente se consulta en internet y se alcanzan diagnósticos a golpe de click. A golpe de ratón es más rápido que tras años de estudiar anatomía o patología. No te digo la farmacopea. Ese es un nuevo mundo inexplorado en el que las opiniones son tantas como las formas y colores de las pastillas que uno puede ingerir.

Ahora, en estos tiempos de pandemia, terreno abonado a todo tipo de teorías conspiranóicas, a más de uno ese sentimiento ácrata o antisistema se le ha acentuado. De ahí que padres y madres no tengan el menor inconveniente en dejar a sus pequeños subir a los columpios de una zona -como la de la imagen-, acotada por el Ayuntamiento, balizada ante fenómenos meteorológicos adversos. Vamos, que te puede caer un árbol encima por aquello de los vientos huracanados.

Que hay una cinta naranja impidiendo el paso... uno la ignora y ya. Y la enseñanza que absorbe el niño, además del inglés, el ajedrez y el piano es que ante las cintas de advertencia mejor no hacer caso. Se convierten en una especie de negacionistas de la meteorología, a un paso, en pocos años, de convertirse en terraplanistas. Y bueno, si al final el árbol nos cae en la cabeza siempre podremos encontrar comprensión en el grupo. Todo antes que asumir las consecuencias de nuestros actos.