África se rompe en dos para dar paso a un nuevo océano

Hace un par de años una enorme grieta se abría en mitad de una carretera en Kenia. El continente parece separarse a ojos vista, aunque los científicos saben que esto ocurre desde hace 20 millones de años. Ahora una nueva investigación en Nature ofrece datos GPS de cómo es el proceso, uno de los más primitivos de la formación de los continentes

Como una carrera en una media, una enorme grieta de varios kilómetros dejaba boquiabiertos a los habitantes de Kenia que cubrían el trayecto entre Nairobi y Narok hace ahora un par de años. A ojos vista, el continente africano se separa y lo que ahora es tierra firme se convertirá en un nuevo océano. A la deriva quedarán, eso sí, en unos millones de años, Somalia, Kenia y Etiopía. Esta cicatriz geológica aparecida en el terreno sorprendió a medio mundo. Concretamente a ese medio que forman los profanos en geología que entendieron, entendimos, de forma palpable que la Tierra es dinámica y está en constante evolución. Sin embargo, para quien se dedica a eso de estudiar las placas tectónicas no resulta tan espectacular porque sabe que esta separación comenzó hace unos 20 millones de años. Toda la zona oriental de África se está alejando del resto de continente, convirtiendo este lugar en un punto interesante a nivel geológico, porque aquí «se puede apreciar el estadio más primitivo de la formación de los continentes», dice Francisco Manuel Alonso Chaves, investigador del Área de Geodinámica Interna de la Universidad de Huelva.

Ahora, un estudio de la Universidad de Postdam, publicado en Nature, viene a confirmar con datos GPS cómo se está produciendo la formación del nuevo océano y los movimientos de desplazamiento en la zona. El Valle del Rift de África Oriental se extiende unos 3.000 km desde el golfo de Adén en el norte hacia Zimbabwe en el sur, dividiendo la placa africana en dos partes desiguales: las placas de Somalia y Nubia. «Este Rift resulta peculiar por su tamaño. La Tierra está siempre en tensión porque está formada por placas. Estas se separan en un punto, pero en algún otro sitio se tienen que juntar. Sin embargo, todos estos procesos no ocurren a escala humana. Aunque veamos una grieta, los procesos suceden muy por debajo», dice Manuel Regueiro, presidente del Ilustre Colegio de Geólogos (ICOG).

El planeta tal y como lo conocemos ahora empezó a gestarse hace 13.000 millones de años. Los continentes no existieron hasta hace unos 3.500 millones de años (cuando se rompió Pangea). «Ejemplos de esta evolución de la Tierra los encontramos también en la Península Ibérica. Hace cientos de años Galicia estaba donde ahora se sitúan los apalaches americanos. Cuando todo este bloque chocó con la placa euroasiática se formaron los Pirineos. Con la dinámica actual, dentro de 250 millones de años, España estará en el Polo Norte», continúa el presidente del ICOG.

Volviendo a África, los restos de los movimientos de la Tierra están por todas partes... La forma de la isla de Madagascar vista en un mapa nos da una pista de lo que ocurre en el subsuelo, puesto que hace cientos de años se separó del resto del continente.

No resulta tan evidente que India saliera precisamente de aquí y estuviera, mucho antes que el hombre sobre la Tierra, pegadita a esta parte del mundo. De esto hace unos 70 millones de años. Una vez se separó, comenzó su migración a la deriva por el mar hacia la placa euroasiática. Una vez la encontró, la colisión formó las montañas del Himalaya. Una elevación del terreno que indica que una placa se superpuso sobre la otra más de 1.000 km. «La evolución del planeta durante cientos de años se puede ver a través de un mapa del mundo. Si se quiere buscar un ejemplo de uno de los estadios más avanzados de la formación de los continentes actuales, se puede mirar la dorsal Atlántica. Ahí se aprecia perfectamente la fractura original que terminó formando América del Sur y África. Un estadio intermedio sería, por ejemplo, el mar Rojo, donde hace unos 10-20 millones de años la Península Arábiga se ajustaba al continente negro. El océano Índico penetró por aquí», apunta Alonso Chaves.

MODELO MATEMÁTICO

Una de las claves de este reciente artículo de Nature reside en el hecho de confirmar con datos precisos, recabados a través de satélites (GPS) y no con mediciones desde tierra, lo que la ciencia y la teoría de la tectónica de placas ya sabe desde hace décadas. Por cierto que esta teoría de las placas se impuso como paradigma fundamental hace poco, en los años 70. «Eso permite hacer un modelo matemático y estudiar el desplazamiento a lo largo de los años», continúa Alonso.

Otro detalle interesante del reciente artículo es que la microplaca Victoria, la que rodea la zona de los grandes lagos, se mueve en sentido contrario a las agujas del reloj, al revés de como lo hacen las vecinas, por ejemplo la placa que comprende Somalia. Y es que el sistema del Rift de África Oriental es un límite tectónico de placas que incluye varios brazos o plaquitas más pequeñas. Los gráficos publicados por los investigadores dejan patente que esta microplaca se separa por el Sur, por Kenia, mientras que por arriba el movimiento es menor. «La región de los lagos se sitúa todo a lo largo de la fractura que dividirá el continente. Esa rotación explica la historia geológica de una zona singular, que además de grandes lagos, comprende también montañas», dice Alonso.