El deshielo abre la ruta comercial ártica en invierno

Hace unos días el primer buque de transporte de gas natural ruso atravesaba la Ruta del Mar del Norte, un paso hasta ahora inaccesible en estos meses. La falta de hielo no solo aumenta el efecto del calentamiento global, sino que abre la puerta a nuevas explotaciones de gas y petróleo y nuevas emisiones

Además de los intereses comerciales, Rusia y EE UU están rearmando la zona como sucedía en la Guerra Fría
Además de los intereses comerciales, Rusia y EE UU están rearmando la zona como sucedía en la Guerra Fría FOTO: Jonathan Hayward

Hace escasos días, la compañía rusa Sovcomflot anunciaba que su buque de transporte de gas natural Christophe de Margerie (nombre de un antiguo presidente de la petrolera francesa Total) había completado con éxito un viaje de ida y vuelta desde Sabetta en Rusia hasta Jiangsu en China a lo largo de la Ruta del Mar del Norte. No se trata del primer barco en pasar por aquí, pero sí el primero en hacerlo en pleno invierno.

«Hasta ahora, menos de 100 barcos transitan por esta ruta cada año, en comparación con los casi 20.000 que utilizan el Canal de Suez de Egipto, según datos de la ONG americana Arctic Institute. Sin embargo, en los últimos cinco años el tránsito por el norte se ha multiplicado por cinco. Según la Universidad noruega de Nord, en 2016 pasaban por aquí entre diciembre y febrero unos 214 navíos. En 2020 la cifra era de 462. Hasta ahora la ruta se hacía inaccesible de noviembre a julio y en muchos casos necesitaba del apoyo de rompehielos nucleares; cada vez son menos necesarios.

Una mala noticia que refleja el proceso de deshielo de este polo, aunque desde la firma rusa resalten como ventajoso el hecho de que acorta la navegación en 5.000 km y 10 días respecto a la ruta tradicional del Canal de Suez. Las tres cuartas partes del hielo marino ártico ha desaparecido en los últimos 30 años. Además, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de EE UU, afirmaba hace poco que la extensión helada en 2020 estuvo un 3,9% por debajo de la media histórica.

El Ártico es la sombrilla del planeta. Es lo que se llama «efecto albedo (porcentaje de radiación solar que la superficie terrestre refleja y devuelve a la atmósfera. Al desaparecer el hielo, el porcentaje cae de 0,6 a 0.1, siendo 0 el cuerpo negro que absorbería toda la radiación. Se calcula que este ritmo de desaparición contribuye en un 25% a los efectos directos del calentamiento», dice Pilar Marcos, coordinadora del área de biodiversidad de Greenpeace. Su desaparición propiciará un aumento de 2º en la temperatura media global.

También funciona como el aire acondicionado del globo transportando vientos y corrientes marinas que regulan el clima. De hecho, durante Filomena hemos visto las consecuencias de los cambios que vive el chorro de aire ártico. Sin embargo, y a pesar de los avisos de la ciencia, a mayor deshielo, mayor interés por explotar la zona. La región alberga el 13% de los recursos petrolíferos convencionales no descubiertos del mundo y el 30% del gas natural, según el Servicio Geológico de EE UU. El Ártico también es rico en uranio, tierras raras, oro y diamantes.

GEOPOLÍTICA

Rusia, que siente el terreno como propio, explota desde 2017 una de sus mayores reservas de gas en Yamal, una península en pleno océano Ártico, cuyo puerto es Sabetta. Aquí se produjeron 18,8 millones de toneladas de GNL en 2020 destinados principalmente al mercado europeo. Actualmente más del 10% de las inversiones del país se centran en el polo. El último documento sobre su estrategia, «Fundamentos de la política estatal de la Federación de Rusia en el Ártico en el período hasta 2035», estipula que en los próximos quince años la política en el Ártico estará dirigida a fomentar el desarrollo socioeconómico y al uso de los recursos. Además, el país está reactivando parte de sus instalaciones militares, abandonadas al final de la Guerra Fría. Esta ruta también es uno de sus grandes objetivos, un sueño, el de la salida al mar, vivo desde tiempos de los zares.

Pero no es sólo Rusia, «China también ve en el Océano Ártico una vía de explotación comercial. Junto al corredor terrestre a través de Asia Central y la Ruta Marítima de la Seda a través del Mediterráneo europeo busca diversificar su transporte y asegurar una ruta alternativa al canal egipcio. Desde 2018, además, se define como un Estado cercano al Ártico. China tiene libertad para la investigación científica, la navegación o la explotación de recursos en alta mar», explica Artic Institute.

Biden en EE UU, de momento, parece que ha decidido desmarcarse de las posiciones de su predecesor, Donald Trump, quien escasos días antes de abandonar la Casa Blanca abrió el refugio del Ártico en Alaska a la industria petrolera con la concesión de varios permisos de prospección de hidrocarburos. No ocurre lo mismo con el despliegue militar, que sigue activo en la mente del actual mandatario de la Casa Blanca. «Washington planea modernizar su red de defensa, en un intento de contrarrestar la creciente presencia de Rusia y China», informa este misma semana el Wall Street Journal.

También Noruega ha aprobado explotaciones de hidrocarburos y ha anunciado hace unos meses la intención de subastar más de cien nuevos bloques de exploración. El país europeo ha exprimido el 48% de los recursos disponibles, así que les quedaría al menos la mitad.

Jordi Torrent, jefe de Estrategia del Puerto de Barcelona opina que «es una desgracia inevitable que cada vez sea más accesible esta ruta. En 30 años se espera que se pueda navegar por aquí con la misma facilidad que en cualquier otro sitio. Ahora todavía se necesita un casco especial para pasar por el hielo. De todas formas, no creo que se convierta en un ruta masiva, al menos de momento. Primero porque las compañías aseguradoras piden primas muy altas por cada barco que transita por aquí. Además, atravesar la zona de Siberia tiene el inconveniente de que no tiene población, lo que le hace inviable para mover mercancías en contenedores. Estos grandes buques realizan 15 o 20 escalas en diferentes ciudades. En Siberia este tránsito no tiene sentido a menos que en el futuro toda esta zona se pueble. Sí tiene sentido para cargamentos de gas natural o de petróleo proveniente de allí o productos a granel. Aquí hay que tener en cuenta los costes marítimos. Uno es la amortización del barco, pero el otro es el combustible. Un barco de contenedores gasta 50.000 euros al día. De ahí el interés a aprovechar las rutas más cortas».

En este sentido, una de las grandes empresas marítimas y de las principales encargadas del transporte de contenedores del mundo, Maersk, hizo unas pruebas en 2018 para testar esta ruta y la descartó porque le resultaba económicamente inviable, además de medioambientalmente dañino. El barco escogido fue un rompehielos de nombre Venta y de 200 metros de eslora, con capacidad para transportar 3.600 contenedores. El trayecto partió de Vladivostok en el extremo oriental de Rusia. Sin embargo, en 2019 la compañía afirmaba que de momento la ruta por el norte carecía de «viabilidad».

También habrá que ver qué pasa con los planes rusos para la región en cuanto a población, porque el verano pasado, según relata la BBC, el gobierno empezó a ofertar tierra gratis a sus ciudadanos para repoblar las regiones árticas. Actualmente viven aquí 2,5 millones de personas, pero el territorio sufre de un constante abandono desde el final de la Unión Soviética. Unas 83.000 personas, dice la BBC, se han apuntado a alguno de estos programas públicos.

Pero una cosa son los planes y otra su viabilidad, porque parte de estas regiones al norte del país sufren de una progresiva degradación del suelo debido a la fusión del permafrost, que está poniendo en peligro muchas infraestructuras.