Verano Ecológico

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Desde hace muchos años, siempre por estas fechas de comienzos del estío, escribo un artículo con el título que precede. Fundamentalmente, para referirme a la estación del año en que más convivimos con la Naturaleza.

Las mejores temperaturas, cada vez más elevadas por el calentamiento global, favorecen esos contactos; en forma de excursiones por áreas generalmente montañosas, y viajes a lugares destacados de nuestra geografía, muchas veces por el gran número de parques naturales y también nacionales. Por cierto que a ese respecto hemos estrenado el número 16 de los nacionales, con la «Sierra de las Nieves», que abarca algo más del 60% de los pinsapares de España; el abies pinsapo, el abeto español, con sus cortas agujas de un bello verde azulado.

El verano al ser la época en que se genera mayor presencia humana en los medios naturales, y especialmente en los bosques, se producen más incendios forestales. Lo que llegó a ser una plaga, en 1968, con la España ya motorizada por Seat, con 600.000 hectáreas incendiadas aquel año, un verdadero dislate, del que surgió la primera Ley sobre esa plaga que alimentan tantos pirómanos y tantas negligencias que suelen escapar al castigo de las normas protectoras de nuestra corteza vegetal insuficientemente atendida.

Afortunadamente, ha habido un progreso importante, y hoy los servicios antincendios de las CC AA son mucho más capaces. Con la inestimable ayuda de la UME, la Unidad Militar de Emergencia, con toda su flota aérea, de aviones apagafuegos. No solamente son los incendios forestales. Es también la mayor presión humana sobre determinados lugares, donde no queda más remedio que restringir una entrada de visitantes que podría ser excesiva. Como sucede en recintos al estilo de la Pedriza del Manzanares, o la Laguna de Peñalara, sin ir más lejos de la Comunidad de Madrid.

En cualquier caso, el mayor acercamiento a la Naturaleza también tiene sus conveniencias, para mejorar nuestro entorno. Merced a un mejor conocimiento de nuestros inmensos recursos medioambientales y sus problemas específicos, sobre los cuales planea el turismo rural y ecológico, de desarrollo impresionante en España por las infraestructuras que se han creado en el sector.

Esa mayor difusión del cuidado de nuestro medio natural para una mayor difusión del sentido nacional y científico en la conservación del entorno en todo el país, tendríamos que imaginar algo similar a lo que hacen los «Gedeones Internacionales» de introducir en la gaveta de todos los dormitorios del ecoturismo un «Libro de la Naturaleza». Esa fue la idea que tuvimos un grupo de colegas, en 1984 debió ser, cuando configuramos con ese nombre una publicación dentro del repertorio del diario El País. Un proyecto que tuvo un éxito inicial espectacular, con una tirada de 30.000 ejemplares agotada en pocos días. Pero el proyecto no se desarrolló por la maléfica injerencia de algunos directivos del Grupo que no quisieron expandir un desarrollo editorial de ese calibre, por no haber sido ellos mismos los propios inventores del tema. Habría que repensar todo el proyecto. Ya saben «Libro de la Naturaleza España Siglo XXI». Es un ofrecimiento que se hace desde este rincón del diario «La Razón».

También el verano ecológico sirve para pensar que los problemas de nuestro medioambiente no pueden resolverse, simplemente, sobre la marcha en el estío estresado por la sequedad. Es en los meses de invierno y primavera cuando han de hacerse las grandes labores preventivas de limpieza de los bosques, de persecución de plagas forestales, especialmente la procesionaria. O también el marcaje de senderos, con todas las precauciones del caso, para entrar más a fondo en lo recóndito de lo natural, sin contribuir a su propia destrucción.

La Unión Europea ha hecho mucho por el medio ambiente de esta parte del Viejo Continente, pero no lo suficiente. Todavía somos un área de importación masiva de recursos forestales de otras partes del mundo, al no valorarse suficientemente lo propio. Y precisamente en el largo estiaje es cuando podemos comprobar que muchos de nuestros bosques están envejeciendo.

En el sentido apuntado, recuerdo cuando un forestal ya con mucha experiencia me decía: «Ramón, hay que cortar más. Porque si no se corta, la vejez arrasa nuestras masas boscosas». Es más barato traer eucalipto de Uruguay que cortarlo en Galicia. O roble americano o francés para las barricas, que hacer una selección dentro de nuestra propia familia de los Quercus. Es preciso cambiar la mentalidad en pro de una corteza vegetal verdaderamente productiva y mucho más sana. Ponemos punto final aquí por el espacio que se nos ha asignado. Pero el verano es suficientemente largo para pensar más y de manera más fructífera sobre el futuro de nuestras realidades ecológicas.