La bomba

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Son muchos los problemas globales de la humanidad, algunos de ellos cada vez más tirantes por un crecimiento de población que no cesa, y diversidad de tensiones políticas. En ese sentido, debemos preocuparnos de cosas como el cambio climático, la economía verde y circular, y la lucha contra la pobreza. Pero también hay temas que amenazan día a día la posibilidad de un mundo mejor. Y entre ellos destaca sobre todo la cuestión nuclear, que parece adormecida, pero que está más viva que nunca. En esa dirección, el libro de Fred Kaplan, «The bomb» (Simon and Schuster, 2020), es enormemente ilustrativo. Desde el monopolio absoluto de Truman con las dos bombas de Hiroshima y Nagasaki (1945) a la situación actual, todo ha cambiado, con la proliferación del arma en una decena de países. Pudiéndose recordar que ya en tiempos de Kennedy, en 1962, se creó el dispositivo conocido como SIOP, según el cual, el Pentágono calculó que con las 3.423 armas nucleares USA de tierra, mar y aire, ya no había por entonces capacidad suficiente para destruir los 4.000 puntos señalados en el mapa como objetivos enemigos.

Más próximo en el tiempo recordemos que Trump planteó bombardear atómicamente las bases de cohetes de Corea del Norte, pero tras consultar a sus generales, se llegó a la conclusión de que no se podía hacer nada: una inmediata respuesta norcoreana supondría la muerte de millones de ciudadanos de Japón y de Corea del Sur. Así las cosas, William Kaufmann, asesor desde Kennedy a Jimmy Carter de los presidentes norteamericanos en materia atómica, al preguntársele sobre cómo arreglar la cuestión, dijo simplemente: «Dios mío, estamos en un mundo que se ha vuelto loco». Será preciso volver al tema en alguna ocasión, porque lejos de disminuir el peligro, en un mundo de Estados fallidos, ataques cibernéticos y hackers enloquecidos, puede pasar cualquier cosa.