’Do’s and Don’ts’ para vestir esta navidad de cena, de cóctel y de fiesta

Cualquier atuendo adquiere significados completamente nuevos cuando hace frío y el alcohol fluye por nuestras venas y las de los demás…

Batman Returns (1992)
Directed by Tim Burton
Shown: Michelle Pfeiffer (as Catwoman)
Batman Returns (1992) Directed by Tim Burton Shown: Michelle Pfeiffer (as Catwoman)Warner Bros./Photofest

Antes de empezar, dos premisas que serán estructurales, a la hora de elegir lo que nos ponemos, desde el Black Tie hasta el Coctel Code:

· La primera y de la que nunca hablamos lo suficiente: un traje exige una actitud. Si van a tratar con gente difícil o tienen que imponer alguna clase de autoridad profesional o social, no se vistan como My Fair Lady en el baile de la Embajada. Por el contrario, si quieren desempeñar un rol de modestia y dulzura inquebrantables ante sus futuros suegros y cuñadas, no vistan como CatWoman.

· La segunda y no menos importante: cualquier atuendo adquiere significados completamente nuevos cuando hace frío y el alcohol fluye por nuestras venas y las de los demás.

Claramente expuesta la base de nuestro buen hacer estético, que ya es mucho, repasemos los mandamientos a la hora de vestir correctamente en una cena, un cóctel o una fiesta:

1) Sexy o elegante, esa es la cuestión. En tiempos de Hamlet las mujeres morían en los partos pero nunca se encontraban en tan horrible disyuntiva. Personalmente me identifico con la mujer chispeante, aunque, por supuesto, no me pongo lo mismo a los 42 que a los 24. La elegancia en el vestir depende de la edad, de la forma física, del carácter de la protagonista y por supuesto del lugar. No es lo mismo una reunión en casa con personas civilizadas, cosmopolitas, liberales y gentiles que una noche de juerga con las chicas por los antros de la ciudad. Si quieren ser elegantes, una regla infalible es no ponerse algo con lo que no quisieran que su jefe las viera.

2) Sí a los looks dramáticos, recargados y a las noventeras mangas abullonadas, siempre que no procedan de zara. Por muy apetecibles que resplandezcan las propuestas ultrafashionistas de Inditex, no se las compren, al menos no sin considerar antes que esa fabulosa prenda que nos fascina se la ha comprado antes Noemí Salazar. Ah queridos, cuánto daño ha hecho Telecinco y sus tronistomorfos tertulianos al mundo de la moda low cost… Pero es así, todos los esfuerzos infraestructurales de la marca, todos sus aciertos creativos, todo ese tino, toda esa genialidad plagiadora nacida del tesón de un hombre brillante y de sus extraordinarios colaboradores… convertidos en cenizas en sólo un frame televisivo.

3) Estampados a tutiplén. En todos los bares, fiestas y en cada una de las reuniones que se suceden neuróticamente en las noches de nuestro globo terráqueo existe un individuo torpe que te derrama el vino encima o te quema con su cigarrillo. Si no se le ocurre nadie, lo más probable es que esa persona indeseable sea usted, amiga. En cualquier caso, siempre es más seguro tirar de estampados florales, geométricos, topos, cuadros, jaspeados, drapeados e incluso rayas antes que los colores o tejidos demasiado lisos.

4) Preferiblemente, no usen jeans si no son menores de treinta; no usen jeans si no tienen un trasero sin mácula y una cintura de avispa. ¿Para qué hemos comprado esos vestidos y faldas increíbles de organza o esos maravillosos y elegantísimos pantalones con lentejuelas si no es para usarlos en ocasiones como estas? ¡Qué demonios! ¿no es Navidad? Si en estas fechas no lucimos lo más esplendoroso de nuestro haber, nunca lo haremos porque nunca será tan apropiado. Póngase jeans, para cenar, si y solo si, al mirarse al espejo no pueden evitar sonreír y creer que Dios diseñó esa prenda pensando en usted. En cóctel y Black-Tie, prohibido.

5) ¿Recuerda esos pendientes impresionantes? No se los ponga. Adoro los pendientes grandes, mi ex marido se muere de risa: “¿Qué llevas ahí colgando, las zapatillas de casa?”. Desde que me corté el pelo acostumbro a suplir la feminidad que aporta la melena con una maravillosa colección de bisutería. Sin embargo, mucho cuidado. Tras horas bailando, si no hemos perdido en la pista un pendiente o los dos, sentiremos como una plancha al rojo vivo en las orejas. Mi consejo, optar por un par de solitarios auténticos o unos de fantasía de calidad (mi madre dice que los malos se distinguen, pero, tristemente, no es cierto).

6) Ojo con los complementos. Si un complemento no es perfecto para el look, quíteselo. Que ¿cómo lo saben? Si dudan es que no deben ponérselo. Si aporta poco, también es un “no”. Mi máxima en cuanto a los complementos es esta: si al mirarme el espejo no está gritando un rotundo sí, es un enorme no. Si es usted un poco bruta y no entiende lo que le digo envíeme una fotito por IG. Esta navidad, les regalo mi refinadísimo e incuestionable asesoramiento.

7) La arruga no es bella. Lo siento mucho, querido Adolfo, pero independientemente del color o el material de la prenda, las arrugas siempre se notan y ofrecen una imagen descuidada. Les recomiendo a todos una plancha de vapor vertical para los acabados. Y a las personas tan ocupadas como yo misma, les aconsejo recurrir a las incansables manos mercenarias de teloplancho.com.

8) Inviertan en ropa interior inteligente. Para vestir con elegancia, toda mujer deberá estar al tanto de donde se colocan y hacia donde se dirigen al moverse, cada uno de sus adipocitos extra. Un buen look requiere una buena ropa interior y no nos engañemos, la ropa interior más sexy y bonita no suele ser la más efectiva a la hora de realzar u ocultar determinadas áreas de nuestro cuerpo bajo el vestido.

9) ¿De pie o sentados?: Tengan en cuenta, amigas mías, a la hora de elegir su atuendo si el evento es a la mesa o en sillones, por ejemplo. Los vestidos cruzados y las faldas demasiado cortas son los peores enemigos de las mujeres sentadas en sofás. Y sepan que la prenda que caminando erguida resulta angelical… gloriosa, puede convertirse en el reclamo más demostrativo y choni de la velada al sentarnos (y beber algunos ponches.)

10) La hipotermia no es sexy. He de reconocerlo, en tiempos pretéritos llegué a llorar de frío, por pura coquetería, con tal de lucir un vestidito sin medias y en sandalias, en pleno invierno. Hoy desde luego que no encuentro gratificación alguna en congelarme las amígdalas y tengo claro que unas pantorrillas cubiertas de piel de gallina no son estéticas.