Sociedad y Cataluña
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Ortega identificaba muchos de los problemas de España reaccionando con reflexiones que hoy en día siguen vigentes (los problemas y las reflexiones), así establecía un punto de partida en el diagnóstico de una enfermedad, «la inmoralidad pública», la cual la explicaba a través de la falta de justicia, corrupción en los empleos, estafas y abusos en los negocios públicos. Ante ello, la respuesta de Ortega era clara, «el mal no es político, es nacional, es de ciudadanía» añadiendo que «la enfermedad no es política, sino más honda, histórica». Yo creo que la sociedad española ha avanzado mucho desde las circunstancias del filósofo, pero no cabe duda de que muchos de los males que describía en sus obras siguen perennes en nuestra sociedad. Él describía que uno de nuestros grandes problemas era la falta de una potente sociedad civil, y eso, es lo que necesitamos en estos momentos. Es necesario generar una sociedad articulada en torno instituciones y organizaciones no políticas ni politizadas que determinen un escenario de equilibrio y asunción de valores compartidos por una amplia mayoría. La propuesta esencial del pensamiento de Ortega consiste en la vertebración de España como nación y como sociedad civil, porque decía que el problema es la vitalidad social; esto sigue hoy en día siendo cierto, aunque se ha avanzado mucho. Resulta esencial que cada vez con más énfasis y número seamos más los ciudadanos los que nos articulemos en organizaciones y entidades que puedan participar en la conformación de nuestro futuro. Algunos no creen en el individuo, sino en la masa, y hay que mostrarles que la ciudadanía en su conjunto es mucho más poderosa cuanto más fuerte es el individuo. El problema que vivimos en Cataluña no puede ser abandonado en exclusiva a la voluntad de los políticos, ha de ser la sociedad, la gran sociedad la que se articule una solución pacífica y convencida, demostrándoles a algunos políticos que están en una senda equivocada, y que anteponen sus intereses y sus propias ensoñaciones al interés general de la ciudadanía. Algo muy irresponsable. Ha llegado el momento de decir basta y exigir que no se juegue con el futuro colectivo, con los pactos de entendimiento como la Constitución, y que apuesten por el progreso y bienestar de la sociedad en su conjunto.