¿Y si revisionamos a Espinete?

La pregunta clave es si los dibujos, además de describirnos, también nos marcan pautas de conducta. No sé

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Durante un tiempo, Chase fue uno más en mi casa. No es que me cayera especialmente bien ni fuera especialmente gracioso, pero le vi durante tanto tiempo seguido que pude considerarlo uno de la familia. A él y al resto de sus amigos perros que forman la patrulla canina y resuelven casos en equipo y casi siempre con alguna lección moral. Luego nos olvidamos de él sin mucho dolor.

Eso mismo sucedió con Pocoyo, Pato y Eli. Aunque ese amor, he de decirlo, fue bastante más profundo. No tenía mucha conversación Pocoyo, pero sin duda era gracioso. Nuestra época de convivencia la recuerdo con cariño porque lo cierto es que lo pasábamos bien. Él se escondía detrás del único árbol que existía en su mundo y Eli y nosotros hacíamos que no veíamos los pies que le asomaban por arriba (porque Pocoyo, el tío, se había metido cabeza abajo).

Alguna vez lo hemos vuelto a ver, más con nostalgia que entusiasmo. Hemos dejado atrás a Pocoyo y también un poco a Bob Esponja, con el que daban ganas de irse de copas al fondo del mar. Del que nos hemos olvidado definitivamente es de Caillou, un niño del que aún no entendemos su gracia. Ni arreglaba entuertos ni vivía aventuras espectaculares. Era una vida sosa, pero en dibujos animados.

¿Por qué les gusta a los niños Caillou? Es una pregunta sin respuesta, como todas las que plantean los dibujos que vemos de niños y que nos acompañan el resto de nuestra vida. Nuestra generación morirá haciendo chistes de Espinete y la panadería de Chema y sin entender (esto, en serio, me desvela por las noches) por qué diablos todos los dibujos de Disney, sean ratones, patos o ardillas hablan y son «humanos», y el pobre Pluto, que es un perro, ¡se comporta como un perro! ¿Es que nadie va a reparar esta tremenda injusticia, de verdad?

Ahora el revisionismo histórico también afecta a lo que ven los niños. Chase es el perro policía de la Patrulla Canina y ahora, medio en broma, medio en serio está recibiendo algunas críticas porque consideran que Chase da una visión dulce y propagandística de la Policía y más tras el asesinato de George Floyd.

Los dibujos, como las series, explican quiénes éramos en ese momento. «En la trampa del optimismo», González Férriz explica que Friends, por ejemplo, fue el espejo perfecto del optimismo despreocupado y apolítico de los noventa, que no calculó o no quiso calcular las consecuencias de lo que hacía.

A quien niega el patriarcado, le pondría la canción con la que empezaban los capítulos de Willy Fog. O que me dijese alguna amiga de la Pitufina.

Quizá si vemos los dibujos que vimos la generación que ahora mismo tenemos el poder sobre la memoria nos demos cuenta de lo que éramos y quizá muy pocos puedan superar el revisionismo actual.

La pregunta clave es si los dibujos, además de describirnos, también nos marcan pautas de conducta. No sé.

Pero sí que recuerdo que después de ver Oliver y Benji hubo quien quiso hacer la catapulta infernal...

No acabó bien, claro.