Vivienda

Derechos muy básicos

Don Alberto tiene materia para reflexionar. Podría empezar por los subsidios al cine, que, en efecto, no están en el mercado, porque el poder obliga a las trabajadoras a pagarlos

Las diversas variantes de la izquierda tienen mucho peso en el mundo de la cultura. Lo hemos vuelto a comprobar en la gala de los Goya. Alberto San Juan, ganador del premio al mejor actor de reparto, criticó a los socialistas con estas palabras: “Me gustaría dirigirme brevemente al Partido Socialista Español. Los derechos humanos no pueden ser a la vez bienes de mercado con los que se especule. La vivienda es un derecho humano muy básico”.

Este mensaje, con razón, fue interpretado como un respaldo al control de los precios de los alquileres, que propone Podemos. Y como un ataque a los incentivos fiscales que prefiere el PSOE.

Se trata en verdad de una disputa entre colegas intervencionistas, porque ninguno de los socios del Gobierno de coalición propugna respetar la libertad de las mujeres (puede verse el vídeo «La izquierda, la ultraizquierda y la vivienda», aquí: https://bit.ly/3vdo72a).

Y este el punto fundamental del comentario del señor San Juan, que no consideró la posibilidad de que su defensa de un derecho “muy básico” podía tener algún problema o requerir quizá algún matiz.

Supongamos que el populismo ultra se sale con la suya y los precios de los alquileres son limitados en nuestro país. Una larga experiencia sugiere que esa medida reduciría la oferta de viviendas en alquiler, o provocaría una subida preventiva de los precios, violando así el derecho básico que don Alberto quiere defender.

Pero si ello no sucede, y se imponen las tesis socialistas, subirán los impuestos para compensar los incentivos y para financiar las viviendas sociales. Esos impuestos serán pagados por trabajadoras, cuyo derecho de propiedad sobre su sueldo, posiblemente, no le parece a nuestro galardonado actor un derecho muy básico.

El señor San Juan podría cavilar sobre la antinomia que plantea entre derechos y bienes de mercado. Si la vivienda, o cualquier cosa, no está en el mercado, no por ello deja de especularse con ella y, lo más importante, no por ello se multiplica mágica y gratuitamente. Todo lo que el Estado gasta se lo quita a la gente mediante impuestos. ¿Es que eso no condiciona o limita los derechos humanos muy básicos?

Don Alberto tiene materia para reflexionar. Podría empezar por los subsidios al cine, que, en efecto, no están en el mercado, porque el poder obliga a las trabajadoras a pagarlos.