Yo también era así

«Mi infancia fue dura a diferencia de otros niños. Luchaba por sobrevivir, estaba ocupado ganándome la vida»

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Una joven, con una sola pierna, se apoya en una muleta de madera para caminar por una especie de mercadillo. En su cabeza, un pañuelo a modo de base balancea un enorme barreño marrón lleno de botellas de agua. Viste falda naranja y una camiseta blanca en la que se puede leer: «No pain, no gain». Sin duda, una de las frases más manidas que los deportistas en redes sociales no se cansan de compartir porque propone que sin dolor no hay victoria. La imagen de esta chica africana vendiendo agua acaba de dar la vuelta al mundo pues el futbolista del Nápoles Victor Osimhen ha pedido a sus seguidores que le ayuden a localizarla. «Esto es a la vez muy desalentador y muy motivador», comienza el delantero nigeriano. «Por favor, no dudéis en escribirme si tenéis alguna información útil de cómo puedo encontrar a esta niña». Acto seguido, publica otra fotografía de la africana todavía anónima haciendo hincapié en el mensaje que porta en su camiseta.

La prensa italiana –que acababa de ensalzar el juego del nigeriano de 22 años por su último gol contra el Sampdoria– cambió el apodo de Osimhen en cuestión de minutos. Del «talismán» del Nápoles, ahora capitaneado por el mítico Gattuso, pasó a ser el «corazón de oro» por sus esfuerzos por hallar a la joven con la pierna amputada. El caso de Osimhen es ahora un ejemplo de historia de éxito, pero tenía muchas papeletas para haberse torcido por el camino. El futbolista nació en Olusosun, un barrio a las afueras de Lagos, al norte de Nigeria, más conocido por ser uno de los mayores vertederos del planeta. A los 6 años, el ahora deportista de élite, perdió a su madre. Tres meses después, su padre se quedó en el paro. Por lo que no tuvo más remedio que arrimar el hombro. El pequeño Osimhen comienza a vender agua en los semáforos. Él mismo lo narró al club napolitano: «Tuve que vender agua en las concurridas calles de Lagos para sobrevivir». Su hermano vendía periódicos y su hermana, naranjas, mientras que él se encargaba del agua embotellada.

Cuenta que fue en el basurero donde tuvo la suerte de encontrar unas botas de fútbol que finalmente lo condujeron a los equipos europeos. «Fue muy difícil, al igual que el lugar de donde vengo. Es un lugar donde no hay esperanza, donde nadie te dice que creas en ti. Mi infancia fue dura a diferencia de otros niños. Luchaba por sobrevivir, estaba ocupado ganándome la vida», reconoció el propio Osimhen, hoy el fichaje más caro de la historia del Nápoles con un sueldo de 4,5 millones de euros.

Al cierre de esta edición, Osimhen cantaba victoria y agradecía a todos los que le han ayudado a encontrar a la joven africana en la que él se ha visto reflejado. Los dos, visiblemente contentos, han hablado por videollamada. El futbolista no ha difundido nada más aún, pero queda claro que quien su origen no conoce, su destino desconoce.