Concha Velasco en Barcelona

Jorge Fernández Díaz

Decir Concha Velasco es hablar de una mujer y actriz que no calificaremos como historia del teatro y del cine españoles, porque con su arte y eterna belleza, sigue en activo actuando sobre los escenarios, que siempre llena con su personalidad avasalladora. Siendo querida y admirada en toda España, me atrevo a afirmar que –entre su inmensa legión de fans–, es en Barcelona donde más seguidores tiene. Ahora, cuando empezamos a ver la salida del túnel en el que nos ha sumido la pandemia, el teatro –insustituible exponente de la cultura– sube nuevamente el telón para deleitarnos con el arte escénico de Concha. En «La habitación de María», obra que su hijo Manuel ha escrito para ella, interpreta a una escritora célebre que, encerrada por su agorafobia en su apartamento madrileño del piso 47 de una monumental torre, narra su vivencia en forma de monólogo, tras convertirse el edificio en un remedo español del «coloso en llamas» de San Francisco, inmortalizado en el cine por Paul Newnan y Steve Mc Queen.

Anteayer, al acabar la función y abrirse la puerta de esa habitación, el teatro entero prorrumpió en interminables y entusiasmados aplausos y bravos como reconocimiento a esa muchachita de Valladolid que, encarnada como María, chica de la Cruz Roja o como nuestra inmortal y universal santa Teresa de Ávila, siempre entrega el alma en cada interpretación. Es Concha Velasco: sus innumerables galardones avalan el amor y la admiración que le rodean. Gracias, Concha.