Guerra fría

Los socialistas trasladan a la Constitución la culpa de algo que es puramente responsabilidad de los políticos. Si no hay acuerdo es culpa de los gestores y no de la Constitución

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La situación actual entre PSOE y PP para la renovación del Consejo General del Poder Judicial recuerda a la posición que frecuentemente terminaban adoptando la OTAN y el Pacto de Varsovia en sus negociaciones durante la guerra fría. Fuera para el desarme y la desnuclearización, fuera para las ayudas a los países no alineados, al final el punto muerto de las conversaciones siempre provocaba una infantil escena en la que las dos organizaciones se asemejaban a unos niños que se han enzarzado a pedradas y a los que, a ambos, les queda ya solo una piedra en la mano. En un último esfuerzo de negociación, antes de lanzarse el proyectil geológico postrero, tanto uno como otro exigían que, para dejar su piedra en el suelo, fuera el adversario quién primero se desprendiera de la suya. Podía ser grotesco e, incluso, cómicamente pueril, pero no nos equivoquemos, a pesar de ello en aquella época, nadie se olvidó jamás de qué bando desde el principio estaba del lado de la libertad, la justicia y la democracia y que bando no.

Me cuentan ahora que la última piedra de los socialistas en la recta final de esta controversia judicial está siendo proponer reformar la Constitución para evitar que se den los pertinaces bloqueos que nos aquejan. La cosa suena un poco sospechosa porque la unión europea ya les tuvo que advertir que no era democrático intentar vulgarizar el control de la justicia por parte del ejecutivo. Además, los socialistas trasladan a la Constitución la culpa de algo que es puramente responsabilidad de los políticos. Si no hay acuerdo es culpa de los gestores y no de la Constitución. La Carta Magna es un mecanismo seguro que nos previene de tomar decisiones precipitadas, pero la modulación de los pactos es cosa de los políticos y sus capacidades. Europa ha respaldado la línea de la Constitución y no precisamente la de las iniciativas socialistas.

Suena como si hubiera un punto de hipocresía en todo ello. Si hemos de aceptar esa versión en la que el cambio es la única opción posible. ¿Por qué no cambiamos de políticos en lugar de cambiar de Constitución?