Ministros a la fuga
«La situación resultante es bochornosa, así como un desprecio a la Cámara»
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Nunca entenderé el desinterés de los ministros con el Congreso que alcanza niveles escandalosos con el Senado. Cuando explico la división de poderes y cito a Montesquieu siempre hago la salvedad de que en el caso del legislativo solo existe realmente en países como Gran Bretaña o Estados Unidos. Los diputados son marionetas a las órdenes del líder del partido y el portavoz parlamentario, que es su delegado en el hemiciclo. Su misión más importante es votar lo que les mandan. Los errores se pagan y las indisciplinas, que han sido muy raras, tienen consecuencias letales. Este sistema partitocrático es una perversión democrática que no responde a lo que pretendía el constituyente. Estos diputados robotizados son un coste innecesario, ya que podríamos reducir el Congreso y el Senado a la mínima expresión. Esto explica que los ministros se puedan dar a la fuga en las sesiones de control. Una vez contestada la pregunta pueden dejar el banco vacío y dedicarse a otras cuestiones que consideran más productivas. La situación resultante es bochornosa, así como un desprecio a la Cámara, aunque lo han hecho, desgraciadamente, todos los gobiernos.

Este tipo de comportamientos no sucede en otros países donde se respeta al Parlamento y sería un escándalo que el banco azul quedara vacío. Los ministros son más prudentes o se creen el papel del parlamentarismo, porque los diputados realmente gozan de independencia. No le deben el escaño al partido. Es posible conseguirlo, incluso, teniéndolo en contra. Lo que se valora es la capacidad y el mérito, mientras que aquí se prefiere la ciega lealtad y la sumisión más absoluta. Cuando los ministros salen en estampida siempre me pregunto qué importantes actividades justifican su ausencia e incluso su apresuramiento a la hora de darse a la fuga. La sesión de control se contempla de forma distinta si se está en el gobierno o en la oposición. En el primer caso es un pesado trámite que hay que superar mientras que en el segundo es una oportunidad para arremeter contra el adversario. Otro aspecto es que se puede preguntar lo que se quiera porque contestan lo que les da la gana. No hay que olvidar que la presidenta de la Cámara es solo un «robot» a las órdenes del portavoz, el secretario de Estado y el ministro de la cosa.