El manifiesto

El principal obstáculo a la confluencia es, sin duda, la equidistancia del Partido Socialista de Cataluña y los compromisos del Gobierno de Pedro Sánchez con los independentistas y con los populistas

Las más de las veces un manifiesto no pasa de ser una carta a los Reyes Magos, un acto de propaganda o un desahogo de protesta. Puede que esta vez se quede también en algo de eso. Sería una lástima, porque es, en mi opinión, una de las manifestaciones públicas más importantes y puestas en razón de los últimos meses en España. Tanto por la calidad y el significado del texto y de los firmantes como por su oportunidad y trascendencia, merece que sacuda por dentro a la clase política, al mundo intelectual y a la opinión pública en Cataluña y en el resto de España. Que nadie piense que basta con desentenderse de la infección de un órgano vital del cuerpo de la nación. Urge poner remedio.

Me refiero al manifiesto constitucionalista firmado por figuras del campo de la cultura, entre los que destacan los creadores de Ciudadanos, personajes vinculados al Partido Popular, conocidos empresarios, etcétera, que está recibiendo centenares de adhesiones. En él se hace un riguroso análisis de la situación catalana después de una década dominada por los independentistas, en la que se ha producido una grave fractura social, y propone, para salir de esta situación, la unión de las fuerzas constitucionalistas de Cataluña. Es decir, «una confluencia política –indica el manifiesto– del mundo constitucionalista para presentar un único proyecto capaz de dar respuesta a los problemas reales de la sociedad catalana y derrotar en las urnas tanto al nacionalismo como al populismo». Los impulsores de la confluencia y unión de las fuerzas constitucionalistas se muestran convencidos de que es posible vencer al nacionalismo y al populismo en las urnas, empezando por los Ayuntamientos y alcanzando, al fin, la Generalidad.

El principal obstáculo a la confluencia es, sin duda, la equidistancia del Partido Socialista de Cataluña y los compromisos del Gobierno de Pedro Sánchez con los independentistas y con los populistas. La «mesa de diálogo» se interpone en el noble ejercicio de cambiar la preocupante situación de esta singular comunidad autónoma. Lo del PSC, con su doble alma, tiene poco remedio. Pero no es descabellado pensar que, si cuaja la idea de este manifiesto, el electorado del socialismo catalán menos contaminado de nacionalismo reflexionará esta vez antes de depositar su voto en la urna. Confieso, por si no hubiera quedado claro al principio, que soy poco amigo de manifiestos. No recuerdo haber firmado ninguno. Pero esta vez, después de comprobar su ponderación, sus poderosas razones y su trascendencia, siento el deber de hacerlo. Así que ahí va mi firma en el día de San Martín.