Garzón o el ministro caricatura

«Todavía estamos esperando que aporte algo más que una infundada y frívola opinión»

Francisco Marhuenda

No voy a negar méritos a los osados defensores mediáticos de Garzón. Hay que reconocer que mantienen la posición con más bravura que talento. La arrogancia del ministrillo al mantener unas palabras que perjudican al sector ganadero solo encuentra justificación en su enorme soberbia. Es bueno recordar que su desconocimiento no es un eximente, porque sus conocimientos sobre el sector son superficiales, por no decir inexistentes. No le costaba nada mostrar altura de miras y entender que esa generalización sobre las mal llamadas macrogranjas afecta negativamente a todo el sector. La respuesta más contundente la recibió del responsable de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, que es un gran experto en la materia y consideró que las palabras de su colega eran «bastante desafortunadas». Fue prudente, aunque las descalificaciones que realizó de Garzón en la entrevista que le hizo Carlos Alsina en Onda Cero fueron demoledoras. Lo hizo con gran elegancia, como cuando señaló que «no hemos hablado en los últimos días. Soy el ministro de Alimentación, si alguien habla de alimentación lo normal es que me llame». A Garzón le molesta que le critiquen, pero la realidad objetiva es que ni siquiera ha dedicado un minuto a llamar a su colega de gabinete.

¿Es exagerado calificar de soberbio el comportamiento del ministro de Consumo? La respuesta es evidente. La gran opinión que tiene de sí mismo hace que le parezca un desdoro hablar con Planas. Hay que aclarar que lo que ha sucedido no es una campaña de la derecha, sino el resultado de la ligereza intelectual del líder comunista. Esta ausencia de rigor se constata con la vaguedad de sus opiniones, sobre todo las que ha expresado tras la publicación de su entrevista en «The Guardian». Esa idea de la carne de mala calidad y los animales maltratados debería ir acompañada de pruebas contundentes. No es serio que un ministro haga una denuncia de estas dimensiones sin que defienda su posición con datos objetivos e imágenes. No le gustan las macrogranjas y a mí me pasa lo mismo con los comunistas. En mi caso puedo sustentar con pruebas mi rechazo, mientras que en el suyo todavía estamos esperando que aporte algo más que una infundada y frívola opinión.