La presión independentista

«Todos quieren sacar su tajada de la debilidad gubernamental, porque quieren la convocatoria de la mesa de diálogo»

FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

La legislatura acabará en 2023, aunque las elecciones podrían ser en enero de 2024 para que Sánchez pueda presidir tranquilamente la UE, pero existe una cierta sensación de conclusión porque hemos iniciado un ciclo electoral. La prioridad de la parte socialista del Gobierno, que es la mayoritaria y la más seria, es gestionar el fin de la pandemia, pero sobre todo la recuperación y la ejecución de los fondos europeos. Las dos van unidas, pero es evidente que el fuerte endeudamiento y los problemas estructurales de la economía española son un grave e inquietante lastre en ese proceso. Sánchez quiere que se mantenga la relajación de las reglas fiscales, porque cualquier cambio nos podría situar en una posición muy delicada. Este hubiera sido el momento perfecto para un gobierno de coalición de centro, es decir, con PSOE y PP en lugar del radicalismo que impone Podemos y los socios parlamentarios. La recuperación económica necesita seguridad jurídica, rigor presupuestario y estabilidad política. Es algo que siempre es bueno en economía, pero en las circunstancias actuales en mayor medida. No es posible con la dependencia que tiene el Gobierno de grupos que están situados en posiciones radicales.

La necesidad de convalidar la reforma laboral está condicionada por las exigencias de los independentistas de ERC, que no se fían. Todos quieren sacar su tajada de la debilidad gubernamental, porque quieren la convocatoria de la mesa de diálogo. Sánchez no está dispuesto a ceder en este terreno. No es bueno para España y sería una catástrofe para el PSOE. La imagen de una reunión con los independentistas le llevaría al desastre en Castilla y León, pero si la convoca luego tendrá el mismo efecto en Andalucía. ERC quiere resultados concretos y el presidente solo puede ofrecer inversiones y gestos. Lo sucedido con las declaraciones de Garzón, ofreciendo una mala imagen de la carne española a los británicos, es una muestra de la precariedad gubernamental y la incomodidad que representa tener como socios a los podemitas. No solo son poco fiables, sino que son unos irresponsables. No son capaces de medir las consecuencias de sus actos demagógicos. El problema con ERC es que desconfían del PSOE y quieren concreciones sin importarles las consecuencias electorales para Sánchez.