La quinta columna

Ahora, a la luz del resplandor de la guerra, está comprobando Pedro Sánchez, en vivo y en directo, el lastre que supone tener comunistas en la mesa del Consejo de Ministros

FOTO: Eduardo Parra Europa Press

La guerra sirve, si es que sirve para algo, para poner a cada cual en su sitio. Me refiero sobre todo a la clase política, a los intelectuales y a los medios de comunicación. En pleno conflicto, viendo los carros de combate rusos en las calles de Kiev, entrando a sangre y fuego, es difícil desentenderse. Hay momentos como este en que no se puede mirar para otro lado encogiéndose de hombros. Lo que está pasando en Ucrania nos concierne de lleno. Hay que tomar partido. La neutralidad, que en otras situaciones puede ser una actitud encomiable, no cabe en este caso. Se está con los invasores o con los invadidos; con el sistema democrático que rige en la Unión Europea y en todo el mundo libre, o con las tiranías, del signo que sean. Los extremistas de uno u otro signo, que con frecuencia se tocan y se confunden, no contribuyen precisamente a traer la paz, sino a atizar la discordia.

Pero no todo son malas noticias. La guerra de Ucrania está sirviendo para fortalecer la Unión Europea y la Alianza Atlántica con Estados Unidos a la cabeza, y para descubrir a los «quintacolumnistas» agazapados, o no tanto, dentro del sistema. En España está sirviendo además, coincidiendo con el cambio de rumbo iniciado en el PP, para que las dos grandes fuerzas políticas, después de una larga etapa de desencuentros, hagan frente unidas a la grave situación y, acaso, al futuro.

La «Quinta Columna» está dentro del Gobierno. La forman los ministros y altos cargos que son enemigos declarados de la Alianza Atlántica y que disienten de la posición de España en esta crisis internacional, incluidas las decisiones del presidente. Tienen el corazón en el otro lado del telón. Sus sueños concuerdan, sin ir más lejos, con los de Cuba y Venezuela. El presidente Sánchez ha tenido el valor o la necesidad de rectificar a tiempo. Se ha unido a los demás países europeos y ha decidido enviar armamento, además de ayuda humanitaria, a los ucranianos para que puedan defenderse de la brutal agresión rusa. Ahora, a la luz del resplandor de la guerra, está comprobando Pedro Sánchez, en vivo y en directo, el lastre que supone tener comunistas en la mesa del Consejo de Ministros, algo que sólo ocurre aquí. Ve que esto despierta un fuerte recelo en las Cancillerías europeas y en la Casa Blanca, y que reduce el papel de España en el mundo. Siente que en esta crisis ese papel roza la insignificancia. Nota, en fin, que por esa razón no se le tiene en cuenta ni por teléfono.