La bronca en el Congreso

Los seguidores de Iglesias no han abandonado el activismo asambleario, como si siguieran en la facultad, y no abandonan el Gabinete porque les interesan más los cargos y los sueldos que la dignidad

FOTO: Eduardo Parra Europa Press

El panorama político es desolador. Estaría muy bien que los debates parlamentarios se desarrollaran con sosiego y sin descalificaciones o excesos verbales. Soy consciente de que tengo una visión utópica, pero no hay que resignarse como si fuera algo inevitable. Las confrontaciones son tan lógicas como comprensibles, pero lo reprobable es el tono que se utiliza. Esto no ayuda a prestigiar la política. La comparecencia del presidente del Gobierno sobre el manipulado escándalo de las escuchas telefónicas fue un despropósito, porque nunca se tendría que haber celebrado. La utilización de Pegasus se ajustó a las previsiones legales y contó con la garantía de la preceptiva autorización judicial previa. Es más que razonable que el CNI investigue, con todos los medios a su alcance, a un entramado independentista que busca la destrucción de España. No se persigue a nadie por su ideología secesionista, porque no somos una democracia militante, como se ha dicho y escrito en infinidad de ocasiones, por lo que pueden defender sus posiciones, aunque lo tienen que hacer respetando el ordenamiento constitucional. La realidad es que no lo hicieron y sus líderes fueron condenados por el Supremo. Los más cobardes, encabezados por Puigdemont, prefirieron fugarse.

El problema es que los socios del Gobierno son desleales. No sólo los parlamentarios, sino también Podemos. La penitencia para Sánchez es terrible, porque tiene que aguantar a una horda de radicales y fanáticos, manejados por su líder espiritual, Pablo Iglesias, que quiere destruirle. Es muy duro tener al «enemigo» en casa. Se trata, además, de una formación en decadencia, como se constata elección tras elección, que se ha convertido en un lastre insoportable. Los seguidores de Iglesias no han abandonado el activismo asambleario, como si siguieran en la facultad, y no abandonan el Gabinete porque les interesan más los cargos y los sueldos que la dignidad. Cabe esperar que Yolanda Díaz, que es solvente y seria, articule una plataforma que permita cerrar la oscura etapa protagonizada por Podemos. Este año y medio que queda de legislatura se hará muy largo, porque estamos en un ciclo electoral e Iglesias se juega la supervivencia de su chiringuito. No fue capaz de crear una formación solvente a la izquierda del PSOE y ahora sufrimos las consecuencias.