Víctimas IN & OUT

El cristianismo se ha convertido en la idiosincrasia más fastidiosa e irritante para los modelos sociopolíticos de izquierdas (además de los islamistas)

La presión que los islamistas ejercen sobre los cristianos hace casi imposible la vida en Nigeria
La presión que los islamistas ejercen sobre los cristianos hace casi imposible la vida en Nigeria

Antes de empezar, ¿conocen ustedes a alguien tan temeroso, tan discreto, tan inapetente y/o tan coñazo que no haya hecho o dicho nada en su mísera vida por lo que ser cancelado de acuerdo a nuestro puritanísimo, contradictorio e intransigente sistema credencial?

Entremos en harina, pues. Comprendo que el cristianismo es perturbador para los que se acercan a él desde el intelecto, y despreciable o al menos incómodo, para los que lo observan tras la barrera. Y qué decir de los empresarios, profesionales o políticos (ah, la política… Esa gran empresa… ¡El verdadero chiringuito!) que promueven hábitos, experiencias y leyes en la dirección contraria a los muchos preceptos de la Biblia, el libro sagrado que nos revela lo que sí y lo que no. Una lista muy clara de comportamientos e incluso pensamientos o sentimientos, aceptables o no dentro de su cosmogonía.

La cuestión, evidente ahora mismo, es que el cristianismo se ha convertido en la idiosincrasia más fastidiosa e irritante para los modelos sociopolíticos de izquierdas (además de los islamistas).

Esto, que suponía, lo tuve claro desde que conocí a Ted Blake, y me mostró las cifras de cristianofobia en el mundo donde acontecimientos como los ocurridos en Nigeria lo atestiguan.

Ser cristiano no solo no está de moda como en tiempos pretéritos lo estuvo, sino que es noción de desprestigio y desdoro, aún más que ser hombre blanco hetero, que el kas manzana, más que los chinitos de la suerte colgando de un reloj, más, incluso, que las faldas boho chic o que llevar el pelo teñido de colores, llevar leggins de vinilo o sneakers de tacón.

En mi opinión el cristianismo es tan old fashioned e impopular que se acerca peligrosamente a la guillotina robespierrina del siglo XXI que es la cancelación.

¿Llegará un momento en el que los creyentes (me refiero a los de verdad, no a los que viven la fe como la pertenencia a un club de Golf) serán perseguidos en Europa? ¿Qué opinan?

No me extrañaría que nuestros ojos vean como un día las Biblias son ilegalizadas o censuradas como antes lo fueran Lo que el viento se llevó o Peter Pan e igual que se le arrebataron a Don Quijote sus libros de caballería en beneficio de la cordura.

Quienes nos gobiernan, esos que defienden la materia de Masturbación para los escolares de diez años, la libertad sexual de las gallinas recatadas, y el aborto para las menores de edad, como un speedpass en el parque de atracciones, han emprendido su propia cruzada contra sus tres molinos-de-viento más detestados ¿o temidos?: la biología, la familia y los valores cristianos. Cualquier ataque contra estos símbolos será bienvenido y silenciado por la coalición y sus voceros.

Sin embargo, cada año la organización que dirige Ted Blake, Puertas Abiertas, publica un informe que nos ofrece las cifras de la cristianofobia en el mundo (el Islam extremista es la principal causa de persecución): en 2021, 5.898 cristianos fueron asesinados por su fe, 6.175 detenidos exclusivamente por sus creencias, y 5.110 Iglesias atacadas. ¿Saben que la comunidad cristiana es la más perseguida sobre la tierra?

Como sabrán, pese a la escasísima información (porque es encubierta) al respecto, se está produciendo un genocidio anticristiano en Nigeria. ¿Algún país o colectivo musulmán lo ha condenado?

Los grupos de la izquierda siempre ready (como Chanel Terreros) para condenar la “islamofobia” no solo no denuncian ni reprueban estos hechos, sino que se dedican a alentar el odio a los cristianos sin disimulos. En España han aumentado los incidentes contra la libertad religiosa (y se agravarán) mientras nuestros dirigentes se acarician el bigote; si hay agresión o asedio a un individue gay o trans, rasgarémonos las vestiduras, como Caifás; si es a uno o muchos cristianos, se silencia. Todo esto mientras asistimos a sus clases magistrales obligatorias sobre tolerancia, diversidad, libertad y derechos humanos donde pasan lista (como curitas) desde sus púlpitos de poliestireno.

Si nuestro gobierno fanatizado lograra escapar de ese ángulo ciego en el que habita sabría lo incoherentes y lastimeras que resultan sus condenas selectivas (Para el que no lo sepa, Pedro Sanchez y sus acólitos, felicitan, por ejemplo, en sus redes el Ramadán, pero no mencionan la Navidad).

Cuando en algún lugar del globo hay un atentado y las víctimas son homosexuales, los políticos claman contra la homofobia. Pero, como ha ocurrido tantas veces (¡Solidaridad y ayuda a Nigeria!), cuando se asesina a cristianos se omite toda referencia a la fe de las víctimas, y a la cristianofobia.

Lo dice la Constitución, la solidaridad y el sentido común: nadie debe sufrir discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión u opinión. Y eso incluye, ¡fariseos!, la cristianofobia y la heterofobia.