Radio

Cuento de verano

Tampoco ha visto el facherío antidemocrático por ningún lado, más allá de lo que pueda discrepar de algunas de las afirmaciones que se hacen en los comentarios de los editores en antena o en tertulias

Juan Ramón Lucas

Juanito se ha puesto de gala para empezar sus prácticas en la radio. Eso le dice su madre cuando lo ve salir de casa perfectamente compuesto con camisa, un vaquero largo y zapatillas. ¿Y las bermudas?, pregunta ella vista la renuncia a su imprescindible atuendo veraniego, prefiero ir sin ellas, me siento mejor; de gala, parece que vas.

Le han puesto en la sección de Nacional de los Servicios Informativos. De momento sólo redacta algunas noticias sueltas y ha doblado al castellano unas declaraciones de Rufián, pero le gusta observar y escuchar, leer los textos de los guiones y destripar las entradillas con intención de los presentadores. No le atrae mucho la política, pero le hizo ilusión votar en las últimas elecciones generales. A Podemos, naturalmente. Como la mayoría de sus amigos, porque creen que su forma y sus mensajes son los que de verdad hablan de lo que les preocupa y quienes pueden cambiar las cosas.

Hay algo que empieza a movérsele por dentro desde que está haciendo las prácticas. La reserva inicial sobre lo que podría encontrarse dentro de una redacción como lugar en el que se fraguan noticias inciertas o interesadas, se le está diluyendo a medida que pasan los días. Ya no le cuadra tanto ese mensaje. No solo no ha visto ni escuchado a nadie sugerir o forzar informaciones en una dirección concreta, sino que ha podido comprobar cómo la selección de los asuntos y sus orientaciones surgen de conversaciones colectivas profesionales en las que se discute el tratamiento y el orden del relato sin imposición o contaminación política alguna. ¿Cómo sabe eso un becario como tú?, le preguntó esta semana un amigo, porque alguno de los directores de programa nos deja entrar en las reuniones en las que se preparan los programas, pues lo hablarán en los despachos y lo colarán después, puede ser, responde Juanito, pero yo leo y escucho lo que dicen y es lo que se habla en las reuniones. Serán más sutiles, cierra el otro. Juanito se calla, pero ya no ve tan clara la supuesta manipulación. Hace unos días se quejaba Iglesias de que nadie le llamó para comentar las informaciones que le ponían en la diana de Villarejo. Juanito ha comprobado lo difícil que resulta que Podemos hable en algunos programas de esa radio que la formación política considera crítica –facha, dicen algunos de sus amigos–. Si no les concedes entrevistas, piensa, ¿cómo esperas que te llamen? Tampoco ha visto el facherío antidemocrático por ningún lado, más allá de lo que pueda discrepar de algunas de las afirmaciones que se hacen en los comentarios de los editores en antena o en las tertulias. Pero siempre en antena. Hay, evidentemente, una orientación, una línea editorial, pero ahí nadie engaña a nadie. O por lo menos así lo ve. No observa ambiente conspirador, francamente.

Ahora andan enredados en una supuesta manipulación de noticias por parte de un famoso presentador del grupo. La base son unas grabaciones del afamado intrigante Villarejo, en las que se supone que se revela tal irregularidad, pero a Juanito le parece que lo único que se constata es que hay una información, se expresa una duda y pese a ello se decide darla. ¿Incorrecto?, sin duda. ¿Delictivo o mentiroso? No necesariamente.

Eso de ser testigo de primera de las cosas que pasan y la forma en que se cuentan le produce la incómoda sensación que asalta a quienes se tienen que cuestionar sus propios dogmas. Es saludable, pero araña. Empieza a sonarle un poco a cuento chino la supuesta conspiración mediática para apartar del poder a Podemos. De entrada, porque ya hacen ellos mismos bastante por irse apartando, a la vista de su limitada capacidad de sacar adelante medidas verdaderamente revolucionarias, y la exagerada autocomplacencia que destilan ante sus éxitos por muy pequeños que sean. Ahora están que no caben de gozo por haber corregido el rumbo de Sánchez, como se ha evidenciado en el debate sobre el estado de la Nación. Pero tras ese mismo debate, ha tenido que apoyarse el PSOE en el PP para sacar adelante el compromiso de doblar el presupuesto en defensa, y con el PP en modo abstención han conseguido aprobar su plan de ayudas para que la crisis le haga menos daño a la gente. ¡El PP pensando en la gente, que es el patrimonio de Podemos! Está aprendiendo el joven Juanito que las cosas no son blancas o negras, rojas o azules, que tienen matices, y que en política esa realidad es aún más indiscutible: nada es lo que parece y de lo que cuentan y celebran hay que creerse menos de la mitad.

También descubre su evidente inquina hacia la prensa crítica. Porque de eso se trata. No sólo no soportan que se ponga en cuestión sus cifras o letras, es que cuando alguno de los que siempre han estado de su lado –le han dicho a Juanito que Iglesias empezó a darse a conocer como tertuliano de una tele de ese grupo– empieza a mostrarse crítico, van a saco a por ellos. Le han dicho que Iglesias dijo una vez sin saber que le grababan, que lo importante era controlar los informativos.

Puede que en esas estemos.