Economía

Y de nuevo, Gibraltar

Si todo lo de Gibraltar resultó siempre alarmante, ahora vemos que esa alarma puede liquidarse

Contemplamos un serio proceso de decadencia económica para el Reino Unido, pronosticado, tras la I Guerra Mundial, por Keynes, y que no ha dejado de ampliarse, hasta ahora mismo. Los puntos de apoyo económico para el Imperio británico, centrados en el mercado financiero de Londres, se han ido esfumando, a la par que lo hacía su poder político, que había llegado hasta la India.

De ahí vino la exigencia del dominio británico de Gibraltar. Cuando se inició el proceso de decadencia señalado, también esta exigencia ha ido disminuyendo; mas, por su impacto en España, no es posible dejar a un lado las consecuencias derivadas del consejo dado por el exiliado economista austriaco Hayek. Éste, durante un viaje de recreo por el Mediterráneo, tras contemplar Gibraltar, consideró las ventajas que se derivarían de crear en el Peñón, una realidad aneja, con una situación fiscal y financiera muy abierta. Eso prolongó situaciones anteriores vinculadas con el contrabando. En ambos sentidos, se creó una estructura financiera y comercial paralela a la de Andorra, la cual, sin embargo, se ha alterado, al integrarse en la UE. ¿Y, tras el Brexit, Gibraltar se escapa?

Dado que, además, existía latifundismo en la parte española, se impulsaba el contrabando, a pesar de los esfuerzos de la Guardia Civil y de los Carabineros. Añádase el importante papel, como base militar británica, en la II Guerra Mundial.

La citada decadencia política –ampliada con el nacimiento, totalmente ajeno ya a Londres, de un mundo asiático radicalmente nuevo, que vemos que está sucediendo con la India y que resulta más evidente con lo que significa Singapur–, y el Brexit, han alterado todo esto.

Y eso es lo que ha motivado que la sugerencia de Hayek, pasase a consolidarse y ampliarse, dentro del nuevo panorama financiero internacional. Sabemos que el sector de los Servicios Financieros precisa disponer de una población activa muy numerosa, que percibe altos ingresos. Toda la zona del Campo de Gibraltar –residente en Algeciras, La Línea, San Roque, e incluso, lugares más alejados, con proyecciones hacia Cádiz y la Costa del Sol–, provoca una situación sociopolítica especial, que aminora la reivindicación española de esa posesión británica, frenada por Londres.

El futuro de Gibraltar recae, de manera clarísima, en dos realidades. Por un lado, España está integrada en la UE, y el Reino Unido ha decidido abandonarla. La UE, sobre todo, tras la aparición del euro, en situaciones análogas no ha contemplado el facilitar este mundo financiero, con las características actuales. Basta contemplar la evolución que, por ese motivo, ha tenido la estructura financiera de Andorra. La del Peñón constituye uno de los puntos más arduos que, ahora mismo, afectan a la culminación del Brexit.

Pero añadamos también que, hasta la II Guerra Mundial, la gran potencia militar del Mediterráneo era concretamente la británica. Y, precisamente, fue clave la entrada de Estados Unidos en ese conflicto, y su presencia militar, que se acentuó muchísimo durante la Guerra Fría, cristalizándose el proceso en la OTAN. Y en ese período, una serie de pactos de España con Estados Unidos dieron inicio a la existencia de puntos de apoyo militar muy importantes norteamericanos, en coordinación con España, consolidándose, tras el ingreso de nuestra nación en la OTAN. Eso, que disminuye, naturalmente, el papel de Gibraltar, automáticamente, crea un nuevo escenario, por parte de España. Es ésta la posibilidad del empleo de la Bahía de Algeciras, a causa del gigantesco tráfico marítimo que, forzosamente, transcurre por el Estrecho de Gibraltar. Esto hace que choque la existencia de una base aeronaval británica –aumentado por el armamento nuclear de que dispone el Reino Unido–, con las ventajas extraordinarias que la naturaleza y el tráfico marítimo han proporcionado a Algeciras y todo el resto del Campo de Gibraltar, disponiendo de fletes muy baratos, que justificarían que este enclave dejase de ser un foco militar aeronaval muy importante. Ambas realidades no pueden coexistir. En cualquier tratado relacionado con la teoría de la localización, se destaca esto. Pero el futuro no está escrito. Con la negociación del Brexit podría conseguirse un cambio radical para el futuro de Gibraltar.

Y todo eso se acaba de complicar, como consecuencia de lo sucedido a un carguero en aguas gibraltareñas, donde vertió cantidades importantes de productos petrolíferos que amenazan por supuesto al turismo de la zona; pero sobre todo al propio tráfico marítimo. Eso refuerza la posibilidad de exigencias por parte de nuestro país para el control de las aguas que se pretendía no fuesen españolas.

Si todo lo de Gibraltar resultó siempre alarmante, ahora vemos que esa alarma puede liquidarse.