Izquierda agotada y «Melonis»

Algunos, además de lamentarse por las esquinas, hasta podrían pararse a pensar por qué pasa lo que está pasando

Julián Cabrera

Y todavía algunos se siguen extrañando de que esas sufridas clases medias castigadas por problemas reales respondan con un «gracias, pero no es el momento ni el lugar» frente a «sesudas» iniciativas claves para el futuro de la humanidad como la legislación «trans», la alimentación «sostenible» o las libertades sexuales de los niños. Mas allá todavía pretenden que ese ciudadano de a pie adopte como prioritarias «ofertas bandera» de este calado, cuando las verdaderas cosas de comer están en auténtico riesgo. Tan solo cuatro días han transcurrido desde la incontestable victoria en las urnas de la derechista Meloni en Italia –de momento no hay noticias de que se haya comido a ningún niño crudo– y continúa sin visos de remitir el verdadero y auténtico riego por aspersión lanzado especialmente desde las terminales de la izquierda europea y muy concretamente de la española amparada en los resortes del propio gobierno, para señalar a todo el que quiera oír el quebranto que puede suponer el hecho de que ciudadanos libres hayan dado la espalda a opciones políticas que no están sabiendo poner sobre la mesa con auténtica determinación soluciones a los problemas reales, en beneficio de quienes sí conectan con la calle, aunque sea a costa de ofrecer soluciones sencillas y de brocha gorda a problemas complejos.

La pregunta que no se hacen quienes se echan las manos a la cabeza mientras ocultan su inoperancia, su alarmante agotamiento ideológico de materiales y su desconexión con la ciudadanía es por qué se acaba votando a partidos como el liderado por Meloni y la respuesta tiene mucho que ver con una creciente desconfianza –no solo en Italia– hacia algunas instituciones, incluidas opciones políticas calificadas de convencionales que llevan tal vez demasiado tiempo adocenadas en la convicción de que lo que no solucionen ellos, tampoco lo harán otros. Desconfianza que se acrecienta cuando, sobre todo en lo tocante al bolsillo, vienen mal dadas. Es ahí donde aguardan formaciones como la vencedora en Italia que, por si algunos no han reparado, nada tiene que ver con los fascismos de entreguerras, entre otras cosas porque aquellas sociedades del siglo XX con altísimas tasas de analfabetismo eran carne de cañón para el nazismo o el comunismo, mientras que ahora resulta que son clases medias bastante formadas las que optan por las «Melonis». Ergo, algunos además de lamentarse por las esquinas, hasta podrían pararse a pensar por qué pasa lo que está pasando.