La tentación Giorgia

Harían bien los dirigentes de Vox en tener especialmente claro, no solo que España no es Italia, sino que los próximos rubicones electorales que aguardan, lo que demandan no son salvadores de patrias, sino eficientes gestores

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No le va a resultar sencillo al vecino contiguo del PP por su derecha sustraerse a la tentación de «melonizar» su oferta política, no solo por lo confortable que puede suponer correr al rebufo de la nueva sensación de la política europea, sino porque las últimas semanas no han sido precisamente propicias para Vox, tras una crisis abierta por la espantada de Macarena Olona que ha dejado ligeramente tocada la incontestable imagen de Santiago Abascal en el espectro de la derecha más ortodoxa y sobre todo, ante unos sondeos que empiezan a rebajar las expectativas de esta formación de cara a los comicios municipales y autonómicos y que muestran a un Núñez Feijóo cada vez con más posibilidades de volar solo sin las ataduras de un socio no siempre cómodo.

Vox calienta motores de cara a su evento «viva22» previsto para este fin de semana en el que, homenajeando a grandes nombres de la historia española –muchos de ellos hoy arrumbados en el olvido de lo políticamente correcto– tratará de recuperar aliento y volver a la senda del techo de cristal frustrada en las pasadas elecciones andaluzas, pero la tentación de volver a ganar terreno por la vía fácil de la senda que ha marcado Giorgia Meloni en Italia comienza a hacerse más que patente en algunos recientes movimientos del partido de Abascal. Esta semana sin ir más lejos se presentaba un video en el que se señala a las que llaman «elites» como responsables de la «dramática situación» que atraviesa España. Elites entre las que se señala al propio presidente del Gobierno, a nombres de la banca y también del periodismo. Una línea que viene a separarse bastante poco del argumentario esgrimido por Meloni desde que empezó a destacar en la política italiana al más puro estilo populista pero con notable éxito como se ha demostrado.

Harían bien los dirigentes de Vox en tener especialmente claro, no solo que España no es Italia, sino que los próximos rubicones electorales que aguardan a la vuelta de meses, lo que demandan no son salvadores de patrias, sino eficientes gestores en el ámbito municipal y autonómico ya saben, esas administraciones que por cercanas al ciudadano poco acaban entendiendo de discursos populistas, pero también harían bien quienes establecen más o menos subliminales comparaciones con dictadores de entreguerras, en no insultar la inteligencia de millones de votantes del siglo XXI. No a las tentaciones.