RTVE

Las corrupciones

Todo vale. Se ve en las partidas de los Presupuestos, con un claro reparto electoralista, y en el apresurado relevo en RTVE cambiando el reglamento sobre la marcha para que la nueva Dirección haga y deshaga

El tiempo electoral, en el que hemos entrado, condiciona y domina ya casi toda la acción del Gobierno. Basta con abrir los ojos. Bajo la capa de ayudar a los de abajo se oculta en estas circunstancias el pícaro dirigente que lo que busca es favorecerse a sí mismo. La escena, genuinamente clásica, es tan inconfundible como el paisaje otoñal con la caída de las hojas y los largos crepúsculos. Sabemos, por experiencia, que hay que desconfiar de las promesas electorales y de los halagos de los poderosos. No viene mal tener delante lo que Lord Acton le escribía en una carta al obispo Mandell Creighton el 5 de abril de 1887: «El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre malas personas». Basta echar un vistazo a la nómina de líderes mundiales.

La mayor parte de las últimas medidas del Gobierno de Pedro Sánchez se toman pensando en las urnas. No es una novedad. Es la tentación irresistible de todos los Gobiernos, aunque éste, por la infección totalitaria que padece en sus entrañas, muestre más descaro que otros. Todo vale. Se ve en las partidas de los Presupuestos, con un claro reparto electoralista, y en el apresurado relevo en RTVE cambiando el reglamento sobre la marcha para que la nueva Dirección haga y deshaga. Con los Presupuestos se intenta «comprar» los votos de los colectivos más dependientes y manejables y con el descarado manejo de la radio-televisión pública, los votos de los más crédulos e indefensos.

Los Presupuestos y la televisión, junto con otros importantes organismos públicos, se convierten en instrumentos del poder, alimentados con el dinero de todos los ciudadanos, para activar la maquinaria de la propaganda en beneficio propio. En este caso, para seguir en el Falcon a toda costa. Esta es una vieja forma conocida de corrupción política, de larga tradición entre nosotros. El hecho de que otros también lo hagan no es justificación razonable, y menos en una izquierda que presume de superioridad ética. En el caso de los Presupuestos, la cosa se agrava con concesiones sospechosas bajo cuerda y promesas inconfesables a los socios de dentro y de fuera del Gobierno para sacar las cuentas adelante y que no se atranque la legislatura. Y en el caso de RTVE, extendiendo en la entrada una alfombra roja o, tal vez, morada –de un gastado morado republicano– a Podemos. Se comprueba que es más fácil presumir a todas horas de que se lucha por unos nobles principios y unos ideales sociales que vivir y actuar de acuerdo con ellos.