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Carlos Bousoño, el amigo inseparable

Tiempo de lectura 2 min.

26 de octubre de 2015. 00:46h

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Francisco Nieva 26/10/2015

«La muerte de Carlos Bousoño me tiene muy apenado. Siempre estuvo presente en mi carrera, desde los inicios. Fue él quien me presentó a Vicente Aleixandre, a quien conocí en la calle Reina Victoria, cuando él iba a tomar el tranvía 35. Acababa de morir mi padre y yo estaba afectadísimo. Le recuerdo como un señor muy elegante. Cuando nos presentó Bousoño me dijo: ‘‘¿Pero aquel chico tan triste del autobús eras tú?’’. Se fraguó entonces nuestra amistad», son sus primeras palabras.

Francisco Nieva, compañero suyo en la Docta Casa de la calle Felipe IV, hace gala de su prodigiosa memoria: «Fue él quien me presentó para la Real Academia, nos sentábamos el uno al lado del otro. Éramos inseparables y ambos estuvimos propuestos para el Premio Cervantes. Fuimos íntimos amigos, tanto que incluso me hablaba de sus amores, me los legaba, como el caso de una poetisa austriaca, una magnífica criatura que se llamaba Angelica Becker, de la que él estaba muy enamorado y yo, también, aunque entre nosotros no hubo litigio alguno», explica. Recuerda al amigo como afable y atento y «muy entusiasta del talento ajeno». Y añade que el poeta recién fallecido «era un crítico magnífico, autor de un libro excepcional, “Teoría de la expresión poética”. Estudió con entusiasmo y a fondo las características de mi teatro, y se comportó como buen crítico y mejor consejero. Por eso derramo hoy lágrimas por él, de tantos recuerdos que me vienen a la cabeza, como el de su recibimiento en la Academia y la contestación que hizo ami discurso, en el que decía cosas demasiados halagadoras para recordarlas ahora y en el que me vaticinaba muchos éxitos. Conocía todo lo que yo escribía, casi todo se lo entregaba para que me diera su opionión. Y era benévolo».

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