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Alfonso Merlos

¿Picando piedra?

¿Picando piedra?
¿Picando piedra?larazon

De aurora boreal. La indignidad y el atraco. Presuntamente. Pero es lo que queda patente tras rastrear el comportamiento que han tenido algunos pastores de la lucha obrera entregados a la denuncia «a grito pelao» de los abusos perpetrados por los empresarios negreros que han vampirizado a los trabajadores, les han machacado y llevado a las más terribles de las situaciones económicas: la ruina. Con mayúsculas. Pero, ¿a qué se dedicaban estos apóstoles de la sacrosanta defensa del proletariado? ¿Picaban piedra?

Obviamente no todos.

Uno de los más hipocritones y estridentes y avinagrados en sus formas, el ugetista José Ricardo Martínez no sólo generaba a través de las cajas de ahorros los ingresos de un multimillonario. Fundía su tarjeta negra en comprar a babor y estribor en grandes almacenes, y quemaba el dinero de plástico en tiendas de videojuegos, y por supuesto en restaurantes que no eran de menú a 7,90 euros. Y, faltaría más, en algún hotel que no era de tres estrellas en oferta a 49 euros la noche. Aahhhh... ¡ahora entendemos el silencio de las élites sindicales en la corrupción de las black cards! Pero no sólo eso. Comprendemos igualmente el mutismo o el pasotismo de los campeones en la defensa de los currantes ante los sucesivos escándalos de evasión fiscal que están aflorando (verbigracia, el de los Pujol). ¿O qué pasa con el as del movimiento obrero, el señor Fernández Villa, que ha tapado a los ojos de la Hacienda pública alrededor de 250 millones de las antiguas pesetas? Ya lo escribió el maestro Cervantes: la senda de la virtud es estrecha; y el camino del vicio, ancho y espacioso. También por lo visto, en nuestra querida España, en UGT. Pues eso.