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España, modelo en la UE

La frase «hoy es un buen día», dicha ayer por el ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schauble, resume la satisfacción con la que Europa ha acogido la «salida limpia» del programa de asistencia financiera española. Lejos quedan los días de la desconfianza en la capacidad de España para superar la crisis sin acogerse al rescate de su economía, al tiempo que los mensajes agoreros sobre nuestra quiebra inminente se transforman en felicitaciones y propuestas de nuevas inversiones. Como señaló el ministro Luis de Guindos, era fundamental que el proceso de saneamiento bancario culminara con la eficacia con la que lo ha hecho. Lograr que la banca española fuera percibida de nuevo en los mercados internacionales como solvente, a través de su saneamiento, era condición necesaria para que el crédito pueda volver a fluir a la economía real con normalidad. Es lo que ha sucedido. La buena gestión del programa ha hecho que no se necesiten prórrogas o ayudas adicionales y, lo que es más significativo, ha sido puesta de ejemplo por la Comisión Europea, en palabras de su vicepresidente, Joaquín Almunia, hasta el punto de que las nuevas directrices comunitarias adoptadas el pasado mes de agosto están directamente inspiradas en el modelo aplicado por el Gobierno de Mariano Rajoy. Además, España se convierte en el primer país de la eurozona que sale de un programa de asistencia económica de la UE y se libra de la tutela de la troika sin dejarse girones de credibilidad o eficacia. Y lo hace en un momento delicado para Europa, que ha visto debilitarse su crecimiento en el tercer trimestre del año, en buena medida a causa del mal comportamiento de la economía francesa, que de la mano del socialista Hollande no ha sido capaz de llevar a cabo las profundas reformas que precisa. De hecho, la sombra que proyecta sobre el crecimiento común el retroceso galo está detrás de los elogios que el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloen, dedicó al programa reformista español. Ciertamente, aún estamos lejos del objetivo fundamental, que es conseguir unas tasas de crecimiento que impulsen la recuperación del empleo, pero no cabe duda de que una banca saneada y solvente, capaz de transmitir a los mercados internacionales confianza y transparencia, es un instrumento fundamental para acelerar el proceso. Los indicadores apuntan en la dirección correcta y los datos que obran en poder del Gobierno señalan que ya se está produciendo un alza en la disponibilidad del crédito. Todavía no es suficiente, pero confirma el cambio de tendencia que está experimentando la economía española. Como decíamos al principio, lejos quedan, afortunadamente, los tiempos en los que los agoreros tenían un público dispuesto a escucharlos y a aplaudirlos.