Tribuna

Otros veraneos (4): Bagdad

Mientras la Coalición se ocupa en consolidar la derrota del DAESH asesorando a las tropas iraquís, la misión OTAN apoya al Gobierno en la reforma de su sector de Defensa

Otros veraneos (4): Bagdad
Otros veraneos (4): BagdadBarrio

Pasados veinte años de la invasión norteamericana, Iraq va recuperando estabilidad política y social, aunque no haya podido desprenderse de la amenaza del DAESH. Pero el gobierno de al-Sudani surgido en 2022 tras los comicios de octubre 2021 a los que siguieron tensiones en las calles y las instituciones, parece haber encontrado vías de entendimiento entre las dos fuerzas políticas más importantes del país: el Movimiento Sadrista del influyente clérigo Muqtada al-Sadr (bien conocido por los componentes de nuestras Brigadas «Plus Ultra» desplegadas en Najaf) y el denominado Marco de Coordinación, una plataforma de partidos entre ellos el Estado de Derecho del ex primer ministro al-Maliki o a la Alianza al-Fatah. Amortiguan la omnipresencia de al-Sadr, cuya imagen está presente en rotondas, edificios y negocios, idolatrado por miles de chiís que le perciben como una auténtica divinidad. Son los que se lanzaron contra la embajada de Suecia la semana pasada tras la pública quema de un Corán en Estocolmo, violencia que podría repetirse tras la quema de otro en Dinamarca, frente a la embajada de Iraq en la capital danesa.

Solo recordar que los 40 millones de habitantes de Iraq se reparten básicamente entre kurdos, chiís y sunís con grupos árabes mixtos, históricamente difíciles de encajar. Pero, por otra parte, el país cuenta con una de las cinco mayores reservas de petróleo y gas del mundo. Es decir que, con buena organización, luchando contra la corrupción, puede salir de su difícil situación. Y de hecho, la vida de los 6 millones de habitantes de Bagdad ha recuperado su pulso: el bullicio de sus mercadillos es constante –se dice que la ciudad no duerme–; la circulación, bellamente caótica –me dicen que el mayor peligro de Bagdad es atravesar una rotonda–; los tres kilómetros de la calle Haifa, la divisoria entre los barrios de mayoría chií y los suburbios predominantemente suníes, es más segura.

Desde la Cumbre de la OTAN de Bruselas en 2018, la comunidad internacional, con los EE.UU. al frente, decidió ayudar a la recuperación del país. Y España está presente. El Teniente General José Antonio Agüero manda hoy una de las dos misiones militares que operan en Iraq: la NM 1 de la Alianza Atlántica, en la que aportan fuerzas sus 31 miembros, más Australia y Suecia.

La segunda misión, la Coalición Internacional (Inherent Resolve) liderada por los EE.UU., integra fuerzas de más de 60 países. España también participa con una unidad de helicópteros Cougar del Ejército, ubicada en la base de al-Asad y con efectivos de Operaciones Especiales desplegados en dos núcleos: en el Diplomatic Support Center de Bagdad y en Erbil (Kurdistán), adiestrando a fuerzas antiterroristas iraquíes.

En total 365 españoles «veranean» en la antigua Mesopotamia, con temperaturas que –hoy– alcanzan los 50 grados de día y no bajan de los 40 durante la noche. Esta vez el núcleo generador procede de la Comandancia General de Ceuta con efectivos del Grupo de Regulares 54 y del Tercio Duque de Alba. Proporcionan la mitad de la Fuerza de Protección, «nuestros ángeles guardianes»: «porque somos conscientes de que convivimos con dos actores hostiles: uno querría hacernos daño pero no puede (DAESH); el otro podría intentarlo, pero no quiere (algunas milicias)».

Mientras la Coalición se ocupa en consolidar la derrota del DAESH asesorando a las tropas iraquís, la misión OTAN apoya al Gobierno en la reforma de su sector de Defensa. «No adiestramos combatientes, sino que asesoramos en los niveles más altos del Ministerio de Defensa y en los centros de formación de sus Fuerzas Armadas».

La vida de nuestro contingente es dura: «los tres pilares del bienestar de un soldado en campaña son hoy el WIFI que nos mantiene unidos a los nuestros, el comedor, un inmenso autoservicio lleno de tentaciones y el gimnasio, que en nuestra base es espectacular».

¿Cómo lo llevan? pregunto: bien, sin más.

Dirá el general Agüero: «Me impresionan estos hombres y mujeres duros, austeros, sumamente disciplinados, alegres, profesionales, ilusionados; pese a la dureza intrínseca de la operación están orgullosos de ocupar los puestos de mayor riesgo y fatiga». Puro espíritu de nuestras Ordenanzas.

Y cuando relata la visita a un soldado ingresado en un hospital fuera de la base, su único temor era ser repatriado; pide la convalecencia en su unidad, aunque las condiciones de vida sean peores. «Me di cuenta –refiere Agüero– que echaba de menos a sus compañeros; la vida militar crea vínculos que a veces son más fuertes que los de la sangre; la adversidad nos une en una familia donde se conjugan dureza y compasión, disciplina con el superior y lealtad al subordinado, sacrificio y orgullo, exigencia y cariño. Todo esto –concluye– es vivir en operaciones; todo esto es ser soldado».

¡Imposible concluir mejor! ¡Gracias! ¡Feliz veraneo en Iraq!

Luis Alejandrees general (r).