La OMS alertó antes del 8-M del riesgo de concentraciones por el temor a la propagación del virus

Un día antes de las manifestaciones feministas, la Organización Mundial de la Salud ya pedía que se considerasen como medidas de Salud Pública evitar los hacinamientos, la cancelación de reuniones masivas y el cierre de escuelas.

No se trata de ideologías, sino del principio de precaución. Y no, las autoridades sanitarias no primaron este principio cuando estalló la epidemia por coronavirus en España. Hoy ya pandemia. Mientras la población seguía en los los bares, cogiendo el metro a diario y visitaba a sus mayores, las autoridades sanitarias no lo siguieron. Menos aún cuando continuaron permitiendo eventos masivos, como las marchas por el Día de la Mujer o el mitin de Vox. Entonces Pedro Sánchez se defendió alegando que el Gobierno se había adaptado a las recomendaciones de los expertos, dada la situación “dinámica” del coronavirus. Sin embargo, las recomendaciones decían ya entonces otra cosa.

Tal era el temor por la rápida propagación del Covid-19, que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) -que si bien no alertó por teléfono ni por carta al Gobierno del riesgo de concentraciones- elaboró una guía pública emitida el 7 de marzo, un día antes de las concentraciones feministas, en la que sí lo hacía dando toda una serie de recomendaciones con el fin de tratar de frenar la entonces epidemia. Así, según el documento, la OMS informó de que era “fundamental activar los mecanismos de coordinación tan pronto como sea posible y mucho antes de que ocurra la transmisión comunitaria extensamente”. Trataban, en definitiva, de evitar la pandemia actual dado el ritmo de infectados de aquellos días. Así, el 6 de marzo había 98.192 casos confirmados (275 en España) a nivel global. El 7 de marzo ya se había superado la barrera de los 100.000 casos, en concreto, 101.927 (374 en España), y el 8 de marzo: 105.586 casos (430 en nuestro país, lo que nos convertía en el cuarto estado europeo con más infectados tras Italia, Alemania y Francia), según los diferentes boletines de la OMS.

Entre las recomendaciones y pautas a seguir, daban toda una serie de medidas de salud pública, ya que “pueden retrasar la transmisión y la propagación de enfermedades infecciosas. Estas medidas pueden tomar la forma de protección personal, ambiental, distanciamiento social e intervenciones relacionadas con viajes”. Y no, no es posible mantener una distancia de un metro y mucho menos de dos en una manifestación.

Entre las acciones recomendadas, la OMS pedía “definir la justificación y los criterios para el uso de distanciamiento social, como la cancelación de reuniones masivas o el cierre de escuelas”. Es decir, qué menos una manifestación. Así, aconsejaban, además de las medidas prioritarias como lavarse las manos, que se considerase como medidas de Salud Pública, basadas en la evaluación local y global, estas iniciativas: “Evitar el hacinamiento (es decir, reuniones en masa), cierres escolares y otras medidas, cierres de transporte público y / o cierres de lugares de trabajo y otros medidas”, entre otras. En el mismo documento facilitaba toda una serie de recursos por si fuera necesario prepararse para una pandemia.

El Gobierno también hizo oídos sordos a las recomendaciones actualizadas del Centro de Prevención y Control de Enfermedades Europeos, que tres días antes del 8-M cuestionaba celebrar actos multitudinarios y desaconsejaba a la ciudadanía acudir a ellos dado que el riesgo de infección para la población entonces se consideraba “de moderado a alto”.

Tampoco hicieron lo que, según el documento del Comité de Evaluación del propio Ministerio de Sanidad, fechado a 6 de marzo, aconsejaba: “Debe primar el principio de precaución”. En concreto, “la emergencia de un virus hasta ahora desconocido hace que las primeras medidas se deban tomar en función del conocimiento científico existente con virus y situaciones similares y el principio de precaución”.

Un documento en el que se recordaba que, con datos preliminares a la citada fecha, el 51% de los infectados en el crucero Diamond Princess estaba asintomático. Es decir, que la petición de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad, sobre que “cualquier persona con sintomatología respiratoria no acuda a eventos sociales" no era suficiente. Como tampoco fue aplicar el principio de precaución cuando en España se superaba ya el centenar de casos por coronavirus (11 de los cuales no se tenía identificado el origen entonces) afirmar que “si mi hijo me pregunta si puede ir le diré que haga lo que quiera”.

Un mensaje de calma, de demasiada calma, en comparación con el que se lanzaba en otros países. Así, mientras en Italia, Corea del Sur o Japón se prohibían las marchas de ese día, el ministro de salud de Alemania, Jens Spahn, alentaba el 8 de marzo a cancelar eventos a gran escala. “La seguridad es lo primero. Por lo tanto, aún más eventos importantes tendrán que ser cancelados”, afirmó. En Suiza, por ejemplo, antes del 29 de febrero ya había prohibido los eventos con más de 1.000 participantes pese a que eso suponía paralizar (o casi) el país al tener que posponer o cancelar eventos deportivos, el Salón del Auto de Ginebra y dos ferias de relojes, pese a ser, este sector, una de sus principales fuentes de exportación. En cambio, en España, Pedro Sánchez retwitteaba mensajes del PSOE alentando a acudir a la marcha, como el del 5 de marzo: “Este 8M, las mujeres, junto a los hombres, tienen que volver a hacer historia. A su lado, como siempre, estará el PSOE y un Gobierno que tiene el feminismo por bandera”.

Un principio de precaución que tampoco se siguió al inicio de la crisis cuando, pese a lo sucedido en China, las autoridades sanitarias decidieron posponer la búsqueda de los pasajeros que compartieron vuelo con el turista alemán que dio positivo por coronavirus en La Gomera por estar entonces asintomático y por ser fin de semana: «Se va a hacer. Entre hoy y mañana estará. El problema es que las compañías aéreas también tienen sus horarios de trabajo y estamos en fin de semana. Hay que respetar también un poco los periodos de descanso de la gente. Se está en ello. Entre hoy y mañana eso estará solucionado», aseveró Simón a una pregunta de este periódico.

Prohibir el transporte público

Pues bien, quizá, sólo quizá, si se hubiera seguido el principio de precaución no serían 24.926 los infectados, según informó ayer el Ministerio de Sanidad. Y quizá, sólo quizá, si se siguen todas las recomendaciones de la OMS, como la de prohibir el transporte público, la cifra de contagiados y de fallecidos no siga creciendo, ni los días que tengamos que estar todos confinados. Porque hoy ya somos el segundo país europeo con más infectados, sólo por detrás de Italia, no los cuartos como éramos el 8 de marzo.