España está infectada. ¿Tiene tratamiento?

Rafael Márquez de Aracena del Cid es médico oftalmólogo y profesor de la Universidad de Sevilla

La situación de aislamiento social que vivimos debe hacernos reflexionar sobre la causa, situación y evolución del proceso actual a nivel nacional. A parte de la terrible situación sanitaria, vamos a sufrir un lógico empobrecimiento con bajada exponencial de los bienes de producción; destrucción de empleo y de empresas; dificultad real de los más vulnerables socioeconómicamente, sobre todo después de estar convalecientes de una reciente crisis. Situación que pudiera empeorar, Dios no lo quiera, si se prolonga esta realidad ya sea por falta de bienes de consumo de primera necesidad o de medios para obtenerla, que puede desembocar en situaciones de inestabilidad que puedan llegar a una fractura social.

Nuestros gobernantes no pueden esperar que instituciones internacionales les saquen las castañas del fuego ante problemas de envergadura, deben llevar los deberes hechos. De la UE será de esperar una ayuda limitada -llueve sobre mojado- y del resto de países que la presten, el precio a pagar no será barato. España, si bien con un gran potencial, no es rica económicamente, tenemos y debemos seguir produciendo. No voy a entrar en el discutible y discutido estado de bienestar. Los políticos deben actuar como verdaderos estadistas y lograr, primero, que no caigamos en situaciones de este tipo y, segundo, si caemos, saber sacarnos.

En lo que toca a la actual pandemia vírica: los positivos y muertos aumentan hasta cifras vergonzantes; los servicios sanitarios totalmente desbordados (UCIs saturadas) -no colapsados todavía gracias a la encomiable labor de los profesionales sanitarios, pese a contar con medios limitados-. Este sector, junto a otros muchos, están dando ejemplo jugándose –literalmente- su salud y la vida, día tras día.

¿Lo estamos haciendo bien? Si miramos al exterior, ¿cómo es posible que en España por cada cien afectados mueran más de ocho y en Alemania y Austria cerca de uno, siendo países más próximos al foco lombardo?. Recientemente, he tenido la suerte de participar -de oyente- en una conferencia internacional virtual de especialistas médicos en coronavirus. Alemania, achacaba su baja mortalidad a medias de prevención adecuadas y a tiempo, además de disponer del doble de UCIs que otros países con mayor mortalidad. Atribuyendo, por lo que callaba, a que otros países no habían hecho los deberes. Si bien señalar que naciones como Holanda o Francia tienen una mortalidad más parecida a la española.

¿Será porque Alemania es más rica? No parece que sea el motivo, si vemos casos como Taiwán que establecieron medidas de prevención rápidas en la llegada de personas por avión y sobre la población; o Corea del Sur, mediante la detección temprana del virus con test rápidos en cientos de miles casos, junto a otras medidas de prevención. También Japón, con una población muy numerosa, tuvo pocos contagios y muertes, habiendo tomado rápidas medidas preventivas (uso de mascarillas, aislamientos,…) y centralización de los datos médicos de la población por su Ministerio de Sanidad, entre otros. No hay que dejar de mencionar que en estos países asiáticos existían experiencias de epidemias previas.

Sí deberíamos preguntarnos cómo actuar ante esas situaciones -la Historia tiene la mala costumbre de repetirse-. Debemos ser prácticos. Si Europa no responde, España no se puede permitir poner en riesgo su población, ni su salud ni su futuro. Hay cuestiones claras. No se puede detener completamente la producción. Si se continúa así un mes más puede costarnos cerca del 10% del PIB. Así, es fundamental la protección de los focos de contagios exteriores, limitando su paso (debería crearse un protocolo adecuado a nivel de fronteras, al menos, a nivel europeo). Sería necesario administrar y priorizar los recursos y movilizar a la población de manera que, aquellos sujetos sanos y los curados -sin posibilidad de contagios- sigan produciendo con los medios de protección adecuados.

Para ello es fundamental la localización de los vectores de contagio (mediante diagnóstico con realización de test). Sin su realización saldremos transitoriamente pero, una vez que desaparezca el aislamiento se volverán a producir picos. Proteger a la población de riesgo –mayores y enfermos- mediante aislamiento domiciliario. Circulación de la población sana con medidas de protección adecuadas (higiene manual, guantes y mascarillas, en este caso). Aquellos positivos (sintomáticos, asintomáticos) tratamiento y asilamiento domiciliario y aquellos que requieran tratamiento hospitalario, su ingreso. Pero para ello debe haber unos medios adecuados de tratamiento para los pacientes (UCIs, etc.) y, de prevención correspondiente, para los profesionales y resto de la población. A largo plazo sería aconsejable el reforzamiento del sistema sanitario y la posibilidad de tener hospitales versátiles que puedan transformarse, en un momento dado, en monográficos infecciosos, por ejemplo. Lo que incluye formación a este sector profesional.

Respecto a la situación internacional, sería necesario, tomar medidas preventivas valientes nada más se sospeche posibilidad de epidemia, contando con la CEE y otras instituciones internacionales.

En resumen, para salvar este tipo de situaciones la experiencia, tanto de otros países como la nuestra, parece encaminada a: establecer protocolos y medios adecuados a nivel nacional y autonómicos; limitación de llegada desde los posibles focos de epidemia (incluidos protocolos internacionales); evitar el contagio mediante medidas de prevención incluyendo vacunación (cuando sea posible), circulación de aquellos sanos con ciertas medidas (guantes, mascarillas…), evitar concentraciones; identificar los casos de contagios (fundamental la realización de test); no detener la actividad productiva gracias a los sujetos sanos y los curados, proveyéndolos de material de prevención adecuado; aislar a la personas de riesgo y aquellos positivos con capacidad de contagio; refuerzo del sector sanitario con mayor dotación de instalaciones y medios que puedan ser útiles y versátiles; evitar la diseminación (mediante aislamiento selectivo a positivos con posibilidad de contagio) y la mortalidad (aislando a personas de riesgo) mediante tratamiento adecuado. Y, por último, siempre, siempre, manteniendo el estado de derecho, anteponer el beneficio colectivo al personal o político.