Chequear el corazón antes de retomar la actividad física

Los expertos recomiendan someterse a un test cardiológico a partir de los 45 años tras el largo confinamiento si se va a hacer ejercicio

La falta de movimiento durante un periodo largo de tiempo ha provocado una subida de peso en muchos casos e incluso un descontrol de la tensión o diabetes
La falta de movimiento durante un periodo largo de tiempo ha provocado una subida de peso en muchos casos e incluso un descontrol de la tensión o diabetesDreamstimeDreamstime

Muchas personas han iniciado el ejercicio en la calle tras el confinamiento a niveles muy altos sin tener una preparación previa, lo que en algunos casos puede conllevar a un aumento en la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular. Este hecho, sumado a las consecuencias de un largo periodo de inactividad son el caldo de cultivo perfecto para todo tipo de lesiones.

«El fin de semana del 2 de mayo se autorizó la práctica deportiva a la población durante unas determinadas franjas horarias. Esto llevó a ver el deporte como una liberación del confinamiento que llevábamos desde hacía muchas semanas. Prácticamente toda la población salía a pasear, correr, montar en bici... Esto llevó a un número importante de lesiones osteomusculares y al debut de sintomatología cardiovascular como dolor torácico, palpitaciones o síncopes durante o posterior a la práctica deportiva. Incluso, por desgracia, ese primer día hubo alguna parada cardiaca en algún corredor. Por eso recomendamos desde Cardiología la práctica de ejercicio moderado y progresivo adaptado a la actividad que hayamos estado desarrollando en semanas previas y siempre haciendo caso a lo que nuestro cuerpo nos dice», cuenta Alvaro Aceña, especialista del Servicio de Cardiología de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

También realizar un chequeo cardiológico ante la recuperación de la actividad física, en algunos casos de alta intensidad, tras un largo periodo sedentario. Pero, ¿en qué consiste? «En una entrevista clínica para detectar síntomas o antecedentes familiares; una exploración física exhaustiva para detectar simetría de pulsos, ritmicidad en el latido cardíaco y ausencia de soplos o alteraciones vasculares en los miembros. Posteriormente, hacemos un electrocardiograma que puede detectar muchas de las causas de muerte súbita, así que es muy importante que esté informada por un médico con alta experiencia, porque los matices de las alteraciones tienen una sutileza a veces difícil de diagnosticar. Después, hacemos un ecocardiograma, con lo que medimos la capacidad del corazón, los tamaños de las cavidades o el espesor de las paredes; hay que saber diferenciar las llamadas “zonas grises” que pueden corresponder tanto a una enfermedad cardíaca como a la adaptación del corazón al ejercicio. Al finalizar, si el proceso previo es normal, el paciente se somete a una ergometría o prueba de esfuerzo, en la que se realiza un electrocardiograma y toma de tensión arterial mientras el paciente realiza actividad física en una cinta para confirmar la capacidad de ejercicio del deportista y ver alteraciones en el suministro de oxígeno al corazón cuando este demanda mayor cantidad de energía», explica Miguel Orejas, especialista del mismo centro.

Mujeres, a partir de los 55

La edad recomendada para someterse a uno es, según los expertos, a partir de 45 años en hombres y en mujeres de más de 55 años. La razón de esta diferencia de edad es que «ellas presentan menor riesgo cardiovascular en ese rango de edad, dado el efecto protector de las hormonas femeninas a nivel cardiovascular, de tal forma que los eventos cardiovasculares aparecen a edades más tardías», cuenta Carlos Bäzner, cardiólogo del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa de Sevilla.

En cuanto a las dolencias más frecuentes que se encuentran en estos casos, José Morgado, cardiólogo del mismo centro sevillano, apunta que «se observan diferentes patrones de enfermedades cardíacas. Se encuentran las crisis de hipertensión arterial o el empeoramiento funcional, debido al sedentarismo durante el confinamiento. Asimismo, en aquellos pacientes con enfermedades cardíacas se puede poner de manifiesto la aparición de cardiopatía isquémica o desencadenarse algún tipo de arritmias cardíacas o la descompensación de insuficiencia cardíaca».

Los síntomas nos pueden dar la voz de alarma son «el dolor torácico opresivo irradiado a espalda, mandíbula o miembros superiores que aparece con el esfuerzo y desaparece con el reposo o aquel que apareciendo en reposo dura más de 10 minutos. También es muy importante y debe alarmarnos la aparición de pérdida de conocimiento o taquicardias inapropiadas para el grado de ejercicio que estamos realizando», concluye el doctor Aceña.