Sociedad

España, un polvorín: temor a la rabia por la llegada de perros de Ucrania y Rusia

«España puede convertirse en un polvorín», según el director del Instituto de Inmunología Clínica y Enfermedades Infecciosas, que denuncia el caos vacunal existente cuando los virus no entienden de fronteras. En Ceuta y Melilla solían darse tres casos de rabia al año. Desde septiembre de 2021 se han producido 12

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La rabia parece una enfermedad infecciosa de otra época. Sin embargo, esta zoonosis, que en su día representó una plaga, causa cada año 59.000 muertes en el mundo. Es decir, cada 8,9 minutos una persona pierde la vida por esta patología prevenible con vacunación.

La rabia en mamíferos se erradicó en la Península en 1965. Sin embargo, en 1978 hubo un brote en la provincia de Málaga por un perro que se cree que venía de Marruecos. Se registraron más de 120 casos y un muerto.

Desde entonces no se había contabilizado ningún caso en nuestro país hasta 2013, salvo en Ceuta y Melilla donde los expertos estiman que se registran entre uno y tres casos al año. Es decir, 35 años después hubo otro caso: un cruce de pitbull mordía a tres niños de dos, seis y 12 años en la provincia de Toledo. El perro contrajo la rabia en Marruecos, donde esta enfermedad infecciosa es endémica. El dueño le había vacunado pero no con la suficiente antelación para que el animal creara inmunidad.

Pese a ello, la vacuna sigue sin ser obligatoria, dejó de serlo en 1992 a nivel estatal y continúa sin serlo en Cataluña, Galicia ni en País Vasco. En Asturias únicamente es obligatoria en el caso de los llamados perros potencialmente peligrosos, aunque esto está a punto de cambiar. Y es que el temor a un brote ha disparado todas las alarmas.

Los expertos alertan de que España está situación de alto riesgo epidemiológico de rabia debido a su cercanía con países en los que no está erradicada y a que nuestro país es punto de paso. Y no solo, ahora se suma el peligro de la baja vacunación y el temor de la llegada de perros con rabia procedentes de Ucrania y ahora también de Rusia, dos países considerados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) como de alto riesgo para la importación de la rabia canina a los EE UU.

Pero, ¿realmente hay tanto riesgo? Según el «Estudio Epidemiológico de rabia» impulsado por MSD Animal Health, en colaboración con el Instituto de Inmunología Clínica y Enfermedades Infecciosas y el Departamento de Sanidad Animal de la Universidad de Córdoba, sí.

Varios son los motivos. «Desde septiembre de 2021 hasta la fecha, Melilla ha notificado 11 casos de rabia (10 en perros asilvestrados y uno en un perro con propietario) y Ceuta un caso», explica a este suplemento el doctor Fernando Fariñas, coautor del «Estudio Epidemiológico de rabia», director del Instituto de Inmunología Clínica y Enfermedades Infecciosas (Grupo Ynmun Biomedicina) y coordinador internacional del Grupo de expertos en zoonosis y enfermedades infecciosas emergentes.

«En lo que va de año, Melilla –prosigue– ha notificado siete casos, un número muy elevado teniendo en cuenta que lo habitual son tres en ambas ciudades autónomas». El problema, su proximidad con Marruecos. Tal es así que la vacunación es financiada por las propias ciudades, no por los dueños de perros como sucede en el resto del país, y los veterinarios son vacunados año tras año según su nivel de anticuerpos.

Otro factor son las recientes crisis migratorias en países de Oriente Medio, africanos y «ahora especialmente en Ucrania y en Rusia, que implican movimientos de personas y en muchos casos de animales de compañía, lo que incrementa el riesgo de difusión de zoonosis como es el caso de la rabia», explica el doctor.

En Ucrania, se registran 1.600 casos de rabia anuales. Pero debido a la guerra, la UE autorizó que los refugiados pudieran salir del país acompañados de sus animales de compañía aunque no cumplieran con los requisitos de vacunación. Una medida de emergencia por la cual Asturias va a obligar a vacunar contra la rabia a todos los perros, gatos y hurones.

Una situación de alarma «que puede repetirse ahora con la entrada de rusos -y ciudadanos con doble nacionalidad- huyendo de su país con sus perros», incide el doctor, que explica que en el caso de Ucrania «no solo hay que estar en alerta por la rabia, sino por la dilofilaria, un gusano, un parásito, que afecta a los perros y a los humanos».

Otro motivo de peso es que los casos de rabia importada en Europa van in crescendo: en 2019 el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC) registró casos mortales de viajeros que desarrollaron rabia en Italia, Letonia, España y Noruega después de visitar Tanzania, India, Marruecos y Filipinas, respectivamente.

A estos factores se suma el comercio ilegal de animales menores de tres meses y 21 días sin vacunar de la UE o de países terceros con rabia endémica, y que el virus está circulando entre los murciélagos de distintas especies y se ha detectado en varias zonas geográficas de España, con notificación de mordeduras a personas.

Ante este contexto, que la vacunación contra la rabia no sea obligatoria no tiene sentido para médicos y veterinarios que llevan décadas alertando sobre la baja cobertura vacunal. Así, esta semana la Organización Colegial Veterinaria ( OCV) y los veterinarios de Cataluña, Galicia y País Vasco han reclamado la obligatoriedad de la vacuna contra la rabia en estas tres comunidades, ya que este hecho puede suponer un «problema serio de salud pública».

En Cataluña, por ejemplo, los niveles de inoculación contra la rabia, según el «Estudio Epidemiológico de Rabia» de este año, son alarmantes: la cobertura vacunal en 2019, 2020 y 2021 no llegaba ni al 12% (11,49%, 11,80% y 11,51%, respectivamente).

Y no solo. En Galicia, según el estudio de 2020, únicamente se vacuna al 9,37% de los perros. Y en País Vasco, en 2017 era tan solo del 18,6% (y del 35% en el bienio 2018-2019).

Pero la cobertura vacunal en España no solo es muy baja en aquellas comunidades donde no es obligatoria, también donde es de obligado cumplimiento. Así, en Navarra, según el informe de 2018, la cobertura vacunal era solo del 32,5%, en la Comunidad Valenciana (2019) del 59,2% y en Aragón, en 2016, era del 63,7%.

Unos datos insignificantes cuando la Organización Mundial de la Salud Animal recomienda la vacunación de al menos el 70% de los perros en las zonas de riesgo para reducir a cero los casos en seres humanos. Y es que, aunque en España esté libre de rabia canina, lo cierto es que estos niveles tan bajos de vacunación no sirven de barrera frente a un potencial brote.

«Actualmente, España se encuentra en riesgo alto de sufrir un brote de rabia debido a los motivos citados y a la baja tasa de vacunación. Estamos en el ojo de un huracán y deberíamos tener una cobertura del 70% (aunque en España la rabia no sea endémica) y aplicar políticas proactivas en vez de reactivas, no actuar cuando ya está el problema», hace hincapié Fariñas, que recuerda que la rabia está considerada como una enfermedad reemergente a nivel mundial debido «a la aparición de nuevas variantes del virus que incrementan el número de reservorios».

Y como el SARS-CoV-2 nos ha enseñado, «los virus no conocen fronteras, por lo que no tiene sentido el caos de la vacunación animal existente», concluye Fariñas.