Las lecciones de Italia a España en esta segunda oleada

Aunque antes del verano el número de contagios era parecido en los dos países, en este momento Italia se sitúa a la cola de Europa con apenas 30 casos por cada 100.000 habitantes

Es jueves por la tarde y las calles de Roma están llenas de gente. Algunos pasean con la mascarilla puesta. Otros, la mayoría, la llevan bajada y solo se la colocarán en su sitio cuando haya que entrar en un lugar cerrado. Acaba de llover, pero en las terrazas de los bares tampoco faltan clientes. Es un día cualquiera de septiembre. Hace medio año todo el mundo estaba en su casa viendo las imágenes de féretros y hospitales del norte que anticiparían al resto de los países la que se les venía encima. Hoy, Italia se sitúa a la cola de Europa con apenas 30 casos por cada 100.000 habitantes durante las últimas dos semanas. Son diez veces menos de los que registra España, cuando antes del verano caminábamos casi a la par. Las razones del milagro italiano, realmente, son un misterio.

Todas las fuentes consultadas para este reportaje insisten en que en Italia se han respetado escrupulosamente las medidas de prevención, que el confinamiento fue más eficaz que en otros países y su salida gradual. Desde el Ministerio de Sanidad recalcan incluso que el cierre «fue el más largo y el más estricto de Europa». Aunque, en realidad, en España se decretó solo cuatro días después, duró tres semanas más e incluyó medidas más severas. Los argumentos italianos son perfectamente válidos, pero servirían también para otros países que ahora se encuentran en una situación más delicada.

Lo que sí ha hecho el Gobierno italiano es proyectar inversiones en Sanidad por valor de 7.750 millones de euros, a través de distintos decretos urgentes, de los que ya se han materializado más de 5.000. «Italia partía de una situación vulnerable debido a los recortes, pero en los últimos cinco meses se ha invertido más que en los últimos tres años», señala Carlo Palermo, secretario nacional del sindicato médico Anaao.

El dinero se ha destinado sobre todo a la atención hospitalaria, personal y medicina de base. En mes y medio se doblaron las camas en las UCI –al principio, la tasa era casi idéntica a la española–, y se han contratado 6.000 médicos y 24.000 enfermeros.

En la última década el sistema sanitario había perdido unos 46.000 efectivos, pero buena parte de ese déficit se ha paliado. Con el bazuca que supondrá el fondo de recuperación europeo, ya hay un plan diseñado para invertir 35.000 millones en materia sanitaria.

Ni el Ministerio ni el Instituto Superior de Sanidad, el órgano estatal que centraliza la gestión de la crisis sanitaria, facilitan datos del número de rastreadores. Se encargan médicos y enfermeros de los ambulatorios, no hay personal específico contratado. La aplicación de móvil «Immuni» debía servir de ayuda, pero solo ha sido descargada por unos seis millones de personas –un número insuficiente–, por lo que el viceministro de Sanidad, Pierpaolo Sileri, reconoce que este aspecto ha sido «un fracaso».

Con todo, el rastreo está funcionando, ya que el 35% de los contagiados se localizan mediante esta vía, anticipando el empeoramiento del paciente. De hecho, menos de un tercio del total de infectados se detectan porque ya han presentado síntomas. El índice de positivos por test es del 2,8%, lo que quiere decir que los servicios médicos están llegando a tiempo.

En España esta tasa se dispara por encima del 10%, es decir, que muchas pruebas se hacen cuando las señales de la enfermedad son evidentes. «Ésta es una de nuestras cartas ganadoras, porque al impedir que la gente llegue al hospital los números siguen bajos. El problema que tienen en otros países es que sus cifras se han disparado y en ese momento resulta muy complicado hacer un seguimiento», sostiene Sileri, en una conferencia con corresponsales.

«Estamos demostrando una eficacia muy alta en la detección de los casos y esto facilita la tarea de los médicos, porque no se encuentran tantos enfermos graves», recalca al teléfono Fabrizio Pregliasco, director sanitario del Instituto Galeazzi de Milán. El virólogo, uno de los más activos a nivel mediático, considera que «Italia comenzó a sufrir antes el desastre y, por eso, también pudo aprender antes a gestionarlo».

De los casi 47.000 enfermos de Covid-19 que hay ahora en el país, unos 44.000 están aislados en sus casas. Es decir, casi todos. Se explica porque se les localiza pronto y se les mantiene en una cuarentena de 14 días, antes de sobrecargar el sistema sanitario.

En Lombardía, el epicentro del coronavirus durante la primera oleada, el problema es que sus centros colapsaron rápidamente y eso dejó sin atención a muchos pacientes. Su modelo está basado en hospitales que acogen a una gran cantidad de habitantes, por lo que en marzo sus médicos insistieron en que se desviaran recursos a la atención primaria repartida por el territorio. Ahora todo eso ha mejorado, aunque sigue siendo la región que más positivos suma diariamente.

A nivel nacional el ritmo crece a unos 1.500 casos al día, por los más de 10.000 que comunican actualmente España y Francia o los cerca de 6.000 de Reino Unido. Lo cierto es que Italia realiza menos de la mitad de pruebas que cualquiera de estos países si lo comparamos con su población. Su tasa está en 0,9 por cada 1.000 habitantes, por las 2,1 de España, 2,4 de Francia o 3,3 de Reino Unido, según el portal de investigación Our world in data.

Fabrizio Pregliasco reconoce que una de las razones de que se encuentren menos contagiados también podría ser que en Italia están muy extendidos desde hace semanas los test de antígenos, que detectan los casos solo cuando la carga viral es fuerte y no si es muy leve –como sí hacen las PCR–, lo que suele ya impedir a las personas contagiar a otras. Es posible que Italia no tenga tantos casos porque no esté siendo tan escrupuloso en buscarlos, pero independientemente del método, parece dar resultado, pues solo tiene 2.700 pacientes hospitalizados, de los que unos 250 están en cuidados intensivos. Esto quiere decir que las UCI están sólo al 1% o 2% de su capacidad.

En Italia se aprobó el estado de emergencia sanitaria el mes de enero –con los primeros casos procedentes de China– y no se ha levantado en todo este tiempo. De momento, se mantiene en vigor hasta el 15 de octubre, aunque eso no quiere decir que haya activado restricciones más duras. Las implicaciones no son iguales a las de España, pues el estado de alarma español tiene un carácter urgente y excepcional, mientras que en Roma sólo se ha utilizado como un marco de acción legal.

Desde mediados de agosto quienes procedan de España, Grecia, Malta o Croacia –a los que ahora se suma Francia– deben pasar un test negativo a su llegada a Italia. También en esas fechas cerraron las discotecas, aunque los recintos al aire libre permanecieron abiertos durante todo el verano con la prohibición de bailar. En las zonas de copas, normalmente llenas, rige todavía la misma norma. Mientras, las mascarillas en espacios públicos solo son obligatorias a partir de las 6 de la tarde cuando no se pueda respetar una mínima distancia. Si bien, en los últimos días, Génova y la región de Campania, cuya capital es Nápoles, han extendido la obligatoriedad de las mascarillas a todo el día ante el aumento de casos. Italia espera la evolución en los colegios –en la mayoría de regiones abrieron el 14 de septiembre, mientras que otras vuelven ahora a las clases–, donde preparan test rápidos de saliva para los estudiantes.

El primer ministro británico, Boris Johnson, resumió todo esto diciendo que en su país tenían más casos que en Italia porque los británicos «aman la libertad». El presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, le contestó este pasado jueves que a sus ciudadanos también le gusta sentirse libres, pero que además «aman la seriedad». Antes de esta pandemia de coronavirus, no se recordaban lecciones de compostura desde este país.