¿Qué pasa con la vacuna?

Tras la euforia inicial, nuevas incertidumbres se ciernen sobre la promesa de lograr una terapia inmunizadora antes de fin de año

Cada mes que se retrase la llegada masiva de una vacuna contra la Covid-19 se habrán perdido en el mundo 720.000 años de vida potenciales y 40.000 millones de dólares en el bolsillo de los ciudadanos. Es el cálculo que han hecho dos científicos del Imperial College de Londres, Pedro Rosa y Ara Darzi, promotores de que se aceleren todo lo posible los ensayos clínicos sobre la futura inmunización.

No hay tiempo que perder, dicen, y para lograr la meta de contar pronto con una vacuna se deben usar todos los recursos con los que cuenta la ciencia. Incluidas las pruebas de «desafío humano», la infección deliberada de voluntarios con diferentes dosis de SARS-CoV-2 para estudiar directamente sobre sus cuerpos la eficacia de diferentes terapias.

En las próximas semanas es probable que Reino Unido sea el primer país que ponga en marcha un ensayo de desafío relacionado con el nuevo coronavirus; docenas de voluntarios jóvenes, sanos y sin riesgo, se dejarán inocular una dosis de virus similar al que circula en la población y esperarán a que el virus cause efecto en su salud. El objetivo es determinar cuál es la carga viral mínima que el SARS-CoV-2 necesita para provocar la enfermedad Covid.

Tras este estudio, otro grupo de personas recibirá una de las vacunas potenciales que en la actualidad existen y se dejarán infectar con la carga viral antes determinada para evaluar si las vacunas funcionan o no. Todos los voluntarios en ambos grupos recibirán a cambio una gratificación que ronda las 4.000 libras.

Aunque este tipo de ensayos se ha utilizado ya en otras enfermedades como la gripe o la malaria, la propuesta de emplearlos ante el coronavirus ha desatado una gran polémica. En palabras del inmunólogo británico Peter Openshaw «infectar deliberadamente a seres humanos con un patógeno desconocido no es algo que deba tomarse a la ligera». Pero para algunos expertos puede que sea la mejor estrategia, quizás la única, para adelantar el proceso de aprobación de la esperada vacuna.

Porque tras la euforia inicial de los primeros resultados de algunas terapias (que demostraron en animales y en humanos ser capaces de desarrollar respuesta inmunitaria incluso antes del verano) parece que la frenética carrera por lograr una vacuna accesible para todos ha sufrido un parón a la luz de los últimos incidentes: varios casos de enfermedades graves detectadas en algunos voluntarios y la muerte en Brasil de uno de ellos (dentro del ensayo en Fase III de la vacuna de Oxford) que, de momento, parece atribuible a causas ajenas al propio medicamento.

El diseño definitivo de la prueba de desafío no ha sido comunicado todavía. Según la revista Nature, parece que un número reducido de pacientes se someterán a las pruebas, aunque aún no está claro qué vacuna será la elegida para testar o si será solo una o varias de las que se encuentran en fase de ensayo.

Algunos expertos han considerado que el posible adelanto de los tiempos que este tipo de trabajos promete no justifica los riesgos a los que se somete a los voluntarios. Entre otras cosas porque la velocidad a la que los centros de investigación están desarrollando sus investigaciones convencionales (adelantando algunos procesos clásicos o disparando en paralelo los estudios en Fase II y Fase III) hace que sea casi idéntico el tiempo que hay que esperar para obtener resultados mediante ambos mecanismos.

La presión ejercida en todos los laboratorios del mundo para alcanzar resultados es brutal. Centros de investigación de todo el planeta antes dedicados a enfermedades víricas dispares, desde VIH a Chikungunya, desde tuberculosis a zicka hoy dedican sus recursos, diezmados por sucesivas crisis, casi de manera exclusiva al SAR-Cov-2. El tiempo no deja de correr.

Prácticamente todas las líneas de investigación han puesto sus ojos en una proteína de la membrana del virus (la proteína en espícula o proteína S), donde se atesoran los secretos de cómo el virus penetra en las células. Algunas modificaciones genéticas azarosas de apenas 4 aminoácidos en esa parte del virus lo han convertido en una máquina perfecta de infectar, no solo las células respiratorias de sus víctimas, como en otros coronavirus primos de este, sino las células de otros órganos humanos. Conseguir una respuesta inmunitaria del cuerpo ante la actividad de esa proteína está en la base de la mayor parte de las investigaciones.

Son ya varias las vacunas que han demostrado la capacidad de producir respuesta inmunitaria efectiva y lo hacen prácticamente con todo el abanico de estrategias terapéuticas que existe: el uso de virus inactivados o atenuados, el uso de subunidades de la proteína en cuestión, el empleo de material genético modificado o el uso de otros virus como vectores de la información que hará a nuestras células aprender a defenderse.

En este momento se encuentran en alguna modalidad de ensayo clínico con humanos 17 candidatas en fase I, 11 en fase combinada I y II y 9 en fase III. Hay ensayos clínicos con humanos en China y Estados Unidos, en Europa y Emiratos Árabes, en Taiwán y en India, en Brasil e Indonesia… el globo terrestre entero ha puesto escenario a la mayor carrera conocida en nuestra historia reciente por lograr un medicamento.

¿En qué estado se encuentran las investigaciones más avanzadas? A pesar de pequeños incidentes, la mayor parte de los trabajos continúa al ritmo previsto. La Universidad de Oxford junto con la empresa AstraZeneca ha desarrollado una vacuna basada en un vector de adenovirus capaz de codificar la glicoproteína en espícula del Sars-CoV.2. La vacuna ha mostrado inmunogenicidad en primates no humanos y en humanos. En la actualidad está en pleno proceso de ensayo en fase III con 30.000 voluntarios (20.000 han recibido la vacuna y 10.000 placebo), una fase que se detuvo momentáneamente tras la enfermedad de uno de los voluntarios. Aunque el ensayo en Reino Unido se retomó, en el caso de EE UU no se ha vuelto al ritmo habitual de las pruebas.

Esta vacuna cuenta con el inconveniente de que requeriría un gran esfuerzo de refrigeración para su traslado, lo que limitaría las opciones de distribuirlo en los países más pobres.

Por su parte, la compañía Moderna, con los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, ha desarrollado una vacuna de ARN que demostró seguridad e inmunogenicidad en primates tras la inoculación de dos dosis. Más tarde demostró generar respuesta de anticuerpos en humanos de entre 18 y 55 años.

Desde agosto se desarrolla un ensayo en fase III con 20.000 voluntarios. También requiere refrigeración a menos de 20 grados bajo cero, lo que limitaría su distribución global.Ese mismo problema logístico podría afrontarlo la candidata de Pfizer y BioNtech, otra vacuna de ARN ahora testada en 44.000 voluntarios. En una primera fase de ensayo se detectó una alta reacción provocada por la segunda dosis, lo que conduce a una cierta limitación de la cantidad de vacuna que puede inocularse de manera segura.

La cuarta vacuna en discordia es la desarrollada por Johnson and Johnson a través de su farmacéutica Janssen, que ha anunciado su fase III de ensayo con 60.000 humanos mayores de 18 años. Se trata de una vacuna con vector de adenovirus que ha demostrado inmunogenicidad en una sola dosis. Presenta la ventaja de que requiere un almacenamiento a entre 2 y 8 grados. Pe ro la compañía aún no ha informado de los perfiles específicos de seguridad y eficacia del medicamento.

Junto a estas cuatro vacunas, otras tres han iniciado fase III de ensayo con mejores o peores avances. Todos los expertos coinciden en que es muy difícil que ninguna de ellas llegue a los mercados de manera masiva antes de la primavera de 2021. De hecho, todavía existen muchas incertidumbres sobre la inmunidad provocada ante el nuevo coronavirus. De hecho, lo más probable es que resulte necesaria una combinación de vacunas para lograr los resultados necesarios para inmunizar a un ser humano. Quizás cada tipo de riesgo (personas con el sistema inmunitario inmaduro, mujeres embarazadas, ancianos, enfermos crónicos o de otro tipo…) requiera de una vacuna diferente.