Temor al fiasco de otra «nueva normalidad»

Es probable que ni siquiera con la inmunidad de rebaño consigamos viajar o reunirnos sin mascarilla con total normalidad

La gente pasea sin mascarilla por el paseo marítimo de Tel Aviv este sábado tras el ritmo de vacunación del país
La gente pasea sin mascarilla por el paseo marítimo de Tel Aviv este sábado tras el ritmo de vacunación del paísABIR SULTANEFE

El jueves pasado, Israel celebró su día de la Independencia. Pero el verdadero día de la independencia para el país será hoy. Y es que, según ha anunciado el ministro de Sanidad israelí, Yuli Edelstein, desde este domingo dejará de ser obligatorio el uso de las mascarillas por la calle. El éxito de la campaña de vacunación tiene la culpa. Con un 53% de habitantes vacunados en doble dosis, Israel encabeza la lista de los países con mayor porcentaje de población inmunizada. En la actualidad registra menos de 200 contagios diarios, los hospitalizados graves no llegan a 300 y las muertes prácticamente han desaparecido. Expertos consideran que el país ya ha alcanzado algún tipo de inmunidad de grupo.

Las medidas restrictivas se han relajado hasta niveles ya muy similares a la normalidad. El ministro de Sanidad ha anunciado que, en estas condiciones, el uso de mascarilla en entornos abiertos deja de tener sentido, aunque sigue siendo obligatorio en entornos cerrados.

El caso israelí llega en un momento en el que otros países avanzados en la vacunación empiezan también a cambiar de escenario, a mejor. El Reino Unido ha relajado esta semana algunas de las medidas más duras –por ejemplo, ha vuelto a abrir los centros comerciales y comienza a permitir cierta actividad– y Estados Unidos sigue empeñado en vacunar a la mayor parte de su población adulta en mayo. Un caso dispar es Chile. Es el tercer país del mundo con mayor número de vacunados pero allí la situación no deja de empeorar. El sistema chileno de salud está al borde del colapso, con una ocupación de camas UCI cercana al 97% y con datos de contagios que crecen sin parar.

¿Qué conclusiones podemos sacar de esta disparidad de datos? ¿La llegada de las vacunas será garantía de una vuelta a la normalidad? ¿Con la inmunidad de grupo podremos quitarnos las mascarillas, viajar, relajar las restricciones de movilidad…?

Ya hay algunos datos que nos permiten extraer algunas conclusiones con respecto a estas preguntas. A principios de marzo los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos emitieron el primer conjunto de recomendaciones para la población vacunada. El informe se vivió en el país como un primer paso hacia una relajación de las medidas que durante meses han afectado a millones de ciudadanos. La primera frase del documento era suficientemente significativa: «Según la información de la que disponemos en la actualidad sobre las vacunas contra la covid-19, las personas que hayan sido vacunadas completamente pueden empezar a hacer ciertas cosas que hasta ahora les han sido prohibidas».

Pese a reconocer que todavía existen muchas incertidumbres sobre la inmunidad que provocan las terapias en el mercado y su duración efectiva, los CDC levantaron la mano sobre ciertas actividades. En EE UU una persona vacunada con la pauta completa de dosis, y siempre que hayan pasado dos semanas desde la última dosis, podría visitar a otras personas vacunadas en casa sin llevar mascarilla, visitar a personas que no son de riesgo también sin mascarilla, viajar por el país sin realización de test previos y hacerlo a otros países sin requerimiento de cuarentena.

Sin embargo, a pesar de la inmunización, las personas vacunadas siguen sin poder contactar sin mascarilla con individuos de riesgo o asistir a lugares públicos con grandes afluencias de personal. Aún así, se sigue recomendado el mantenimiento de la distancia social y el uso de la mascarilla y las medidas higiénicas en todas las circunstancias posibles.

Este tipo de recomendaciones, sin embargo, no cuenta con el apoyo unánime de la comunidad científica. Para empezar, aún no está claro hasta qué punto las personas vacunadas pueden transmitir el virus. Estudios más recientes apuntan a que los inmunizados mediante vacuna raramente volverán a contraer el virus y raramente volverán a trasmitirlo. Un análisis entre 3.950 personas en Estados Unidos parece confirmarlo. Todos los voluntarios eran muy susceptibles a contraer el virus porque pertenecían al personal sanitario, a los asistentes en primera línea de combate contra la enfermedad o a trabajos de cara al público. El 62% de los participante recibió una dosis de una vacuna de ARN mensajero (Pfizer o Moderna) y el 12% solo una. El resto no recibió terapia. Entre las personas completamente vacunadas hubo el equivalente a 0,04 infecciones por cada 1.000 individuos. Con una sola dosis la ratio subió a 0,19 por 1.000 y sin vacuna se disparó a 1,38 por 1.000.

Los datos que vamos obteniendo del terreno indican que las personas vacunadas también son raras transmisoras del virus. Así lo demuestra el desplome de los números de reproducción (cantidad de personas que un infectado puede contagiar a su vez) en Israel. Pero hay que recordar que los ensayos clínicos de las vacunas se diseñaron para evaluar su capacidad de impedir enfermedad grave entre los infectados, no su capacidad para impedir el contagio secundario. Sí se ha demostrado que el número de personas infectadas después de vacunarse es algo mayor en la población receptora de AstraZeneca y Janssen. Y que la introducción de nuevas variantes puede suponer más riesgo de infección post-vacuna. Por eso muchos expertos consideran demasiado peligroso relajar las medidas de seguridad entre la población inmunizada.

Es probable que ni siquiera cuando hayamos alcanzado la ansiada inmunidad de rebaño podamos volver a viajar o reunirnos sin mascarilla con normalidad. Si en los casos de las personas vacunadas parece realmente baja, en los casos de personas que han padecido el mal pero no se han vacunado no está tan claro. Las últimas investigadores registran el 88% de las personas que muestran anticuerpos en los test serológicos también dan negativo en una prueba PCR. Lo más importante de todo es que solo el 0,3% de las personas que han arrojado test de anticuerpos positivos se contagian en los tres meses posteriores. El riesgo de reinfección parece realmente bajo.

El problema es que aún se desconoce la respuesta a preguntas clave: cuánto dura la inmunidad en el caso de las personas vacunadas, cuánto en el caso de las personas contagiadas y qué capacidad de transmisión del virus tienen ambas. Solo cuando se responda a esas preguntas estaremos en condiciones de afrontar la retirada paulatina de las mascarillas de nuestras vidas y la vuelta a los viajes, los conciertos y las fiestas. A todas luces, el ejemplo de Israel parece tan esperanzador como prematuro.