El tabaquismo: una epidemia sin vacuna, pero con salida

La Covid-19 ha disparado el número de personas que quieren dejar de fumar. Países como Reino Unido apuestan por los cigarrillos electrónicos como método alternativo para conseguirlo

El Día Mundial Sin Tabaco se celebra en todo el mundo el 31 de mayo de cada año.
El Día Mundial Sin Tabaco se celebra en todo el mundo el 31 de mayo de cada año.Alejandro GarciaEFE

No hay ningún virus detrás, pero causa más de ocho millones de muertes cada año y, aunque no se contagia, 1,2 millones de esos fallecimientos se producen entre quienes lo sufren pasivamente. Se desarrolla a partir de un gesto voluntario, pero unos 780 millones de personas se han despertado esta mañana con el propósito de dejarlo y la mayoría habrá acabado el día fracasando. El tabaquismo es una epidemia que afecta a 1.326 millones de fumadores y fumadoras en todo el mundo, sin contar con quienes sufren la exposición al humo por el consumo de los demás.

En España, el tabaquismo es una epidemia que afecta a más de nueve millones y medio de fumadores y fumadoras y causa al menos 69.000 muertes prematuras cada año. Y aunque las cifras no dejan de descender, a falta de una vacuna que frene en seco los efectos nocivos para la salud de este mal hábito, la comunidad científica anima con motivo del Día Mundial Sin Tabaco, 31 de mayo, a dejar de fumar aprovechando el contexto de la Covid.

Y es que, desde que un miércoles de marzo de 2020 el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el «estado de pandemia» ante los alarmantes niveles de propagación de un virus por aquel entonces desconocido, la vida tal y como la conocemos se vio alterada por completo. Por supuesto, también para quienes fuman, que vieron cómo a la amplia lista de enfermedades cardiovasculares y respiratorias ligadas al tabaco se añadía una nueva y fulminante en muchos de los casos; esto, sumado a las tensiones sociales y económicas derivadas de esta crisis sanitaria, ha resultado en un aumento significativo del deseo de dejar de fumar, una tarea, no obstante, nada fácil si no se cuenta con los medios necesarios para conseguirlo.

Vapeadores gratis en Reino Unido

Con este telón de fondo, hace apenas unos días, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) anunció la puesta en marcha este otoño de una campaña sin precedentes contra el tabaquismo: durante 30 meses, los hospitales del país entregarán gratis cigarrillos electrónicos para ayudar a dejar el tabaco a los fumadores que acudan a urgencias. No importará el motivo de su visita ni tendrán que pagar nada a cambio de su «kit de iniciación al vapeo», y se les ofrecerá asistencia y seguimiento durante el proceso de cambio de un cigarrillo a otro hasta la cesación.

Se trata de una medida avalada por una revisión científica dirigida por la Universidad de Oxford y publicada recientemente en la reconocida Biblioteca Cochrane, así como por los datos recogidos por el Departamento de Salud del Reino Unido: unos 50.000 fumadores al año abandonan el tabaco gracias al vapeo en este país, posicionándose así el cigarrillo electrónico como el método más popular entre los británicos para dejar de fumar.

Pero, ¿y aquí, qué lugar ocupan estos dispositivos en la lucha contra el tabaquismo? Como parte firmante del Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco, España acepta la reducción del daño como estrategia válida y, sin embargo, en la práctica se concentra apenas en la prevención y la cesación. Una actitud reprochada por una parte de la comunidad médica y científica que insiste en que, para aquellos que no pueden o no quieren dejar de fumar, las alternativas sin humo al cigarrillo convencional representan un primer paso en la salida del tabaquismo al ser un producto mucho menos dañino.

Y lo explican así: los cigarrillos electrónicos son dispositivos que utilizan una pequeña batería para calentar una solución líquida a base de nicotina, la sustancia adictiva del tabaco, que se vaporiza sin producir humo, de modo que, aunque no son inocuos, evitan las sustancias más nocivas del tabaco al eliminar de la ecuación el proceso de combustión, que es el que libera en el humo hasta 6.000 componentes químicos, entre los que se han identificado más de 90 como dañinos para la salud y casi 80 como cancerígenos o potencialmente cancerígenos. Esto se traduce en que las alternativas sin humo suponen una reducción del daño del 95% en el consumo de nicotina con respecto al cigarrillo tradicional, y así lo han concluido numerosos estudios.

Volviendo al escenario de la Covid-19, parece evidente que, aunque la única forma efectiva al 100% de evitar contagiarse del virus es aislándose completamente del resto, las mascarillas reducen notablemente el riesgo y, por lo tanto, son una herramienta fundamental para aquellas personas que ni pueden ni quieren confinarse hasta que la pandemia esté completamente controlada. Incluso cualquiera aceptará que, aunque usar una FPP2 y mantener una distancia interpersonal de dos metros con el resto es lo más apropiado, de ser imposible cumplir con ambas cosas porque necesitas, por ejemplo, coger un transporte público en hora punta para ir al trabajo y solo tienes mascarillas higiénicas, esto sería preferible a asistir a una fiesta sin ninguna precaución.

Es decir, que, entre el confinamiento social y los botellones ilegales, hay un amplio espacio de convivencia con la pandemia mientras conseguimos entre todos acabar con ella. Salvando las distancias y teniendo siempre presente que el objetivo final es dejar de fumar, los cigarrillos electrónicos podrían ser ese paso intermedio en el arduo camino que supone para los fumadores la batalla contra el humo, llamado a desaparecer en un futuro en el que no habrá lugar para esta epidemia para la que no hay vacuna, pero sí una salida.

El poder de un gesto

Fumadores y no fumadores saben lo que son las terapias de reemplazo de nicotina. Productos como los parches o chicles que contienen la que es la sustancia adictiva del tabaco están a la venta en farmacias y se anuncias en la televisión. Los cigarrillos electrónicos parten de la misma idea, pero, allí donde han superado con creces los resultados de estos métodos, los expertos apuntan como razón de su éxito una diferencia fundamental: el componente social. Y es que, el vapeador imita el gesto de fumar un cigarrillo y libera vapor en lugar de humo, lo que representa un atractivo para aquellos que quieren dejar de fumar, pero tienen muy interiorizado el hábito y hasta lo relacionan directamente con su vida social.