Sin mascarilla en la calle, pero con polémica en los colegios

El primer día sin esta restricción se salda con entusiasmo entre los viandantes y caos en los patios

El primer día sin mascarilla se vivió a pie de calle con entusiasmo y sensación de «conquista». Aunque la mayoría de la gente optó por guardársela en el bolsillo, todavía se pudo ver a algún viandante con ella puesta: «No me fío, no me cuesta llevarla, ya me he acostumbrado», explicaba Juan mientras salía de su trabajo. Sin embargo, el sentir general fue en la otra dirección: «Me parece fenomenal que las hayan quitado. No tiene ningún sentido que por la calle tenga que ponérmela y luego quitármela al entrar en un restaurante.

Además, ya se me estaban quedando las orejas de soplillo y me ha salido un acné que ni en la pubertad», comenta Irene a este diario a la salida del metro en una estación céntrica de Madrid. «Solo la veo útil en caso de estar en una zona muy concurrida en la que no se puede guardar distancia de seguridad y apenas corra el aire. Eso sí, tampoco me va a suponer mucho ahorro porque al final vamos a tener que seguir comprándolas para ir al trabajo. Sinceramente, creo que son medidas que se adoptan para parecer que se hace algo a nivel institucional, nada más», puntualiza Elsa.

Y, mientras en la calle se respiraba aire fresco, la polémica se trasladaba a los patios de los colegios donde, la nueva normativa, ha dejado liberad a cada centro para decidir si los alumnos deben llevar puesta la mascarilla o no en el recreo. Es más, desde CSIF, (la Central Sindical Independiente y de Funcionarios) emitió un comunicado para mostrar su preocupación al respecto: «El nuevo Real Decreto 115/2022 del 8 de febrero crea desconcierto en los centros educativos y debe clarificarse la situación», apuntan desde el sindicato, que asegura haber recibido muchas quejas y consultas por parte de los centros docentes.

Algunas personas optaron por llevar la mascarilla puesta en la calle pese a que ya no sea obligatorio
Algunas personas optaron por llevar la mascarilla puesta en la calle pese a que ya no sea obligatorio FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

«Es algo que debe aclararse, máxime cuando la vacunación de los menores de doce años no va con la celeridad que sería necesaria». «Es complicado que se mantenga la distancia de seguridad de 1,5 metros en el patio, y eso puede provocar más contagios. Yo les he dicho a mis hijos que, de momento, se la dejen puesta, aunque vete tú a saber lo que hacen luego, más aún si los profesores ni si quiera saben lo que tienen que hacer. Es un caos», apunta Violeta, madre de dos niños, de 4 y 8 años.

Un “chute” anímico

Para la médica intensivista Victoria Trasmonte «la indicación del uso de mascarilla en exteriores ha sido siempre controvertida por la escasa o nula evidencia científica que lo soporta. Además, el empeño en dicho uso es incluso contraproducente, ya que puede llegar a quitar el valor de la utilidad real de la mascarilla, que se encuentra principalmente en lugares masificados. Además, no podemos dejar de lado la fatiga mental que sufre la sociedad después de estos dos años de pandemia».

En este sentido, el psicólogo Ricardo Pascual, apunta a que esta nueva situación «puede tener un efecto positivo en el ánimo de la gente. Hay restricciones que, aunque nos sean familiares, siguen siéndolo. Son desagradables e incómodas». Según relata el experto, la mascarilla no solo cumple la función de protección, sino que supone un elemento « tan integrado en nuestra forma de estar que hay incluso gente a la que ahora le da vergüenza quitársela, para algunos era un refugio. Creo que habrá a quienes también le cueste desacostumbrarse a la mascarilla». Para Pascual, el verdadero cambio a nivel anímico « llegará cuando podamos quitárnosla en exteriores».

Para la psicóloga Esmeralda Salinas, esta situación es muy positiva a nivel emocional, aunque en consulta “noto que hay gente que todavía muestra cierto miedo. Hay personas que lo han pasado muy mal durante la pandemia y que han perdido a seres queridos, de ahí su reticencia a quitársela. Cada vez estamos más agotados y en consulta veo que hay gente muy triste, se han desvinculado de las relaciones personales y han aumentado los niveles de ansiedad”. Por eso, para ella, el desprendernos de la mascarilla es un paso más hacia la normalización y el regreso a la “empatía”: “Nuestra comunicación va a ser mucho más eficaz, ya que con media cara oculta perdemos gran parte de nuestra comunicación no verbal. Nuestros sentimientos quedaban ocultos. Ahora podremos ver las emociones en el rostro del otro y esto nos permitirá mejorar”, sentencia.