Las grietas del feminismo

Hasta 50.000 personas, según Delegación del Gobierno, se unieron a la marcha principal

El color morado volvió a inundar las calles de toda España para reivindicar la igualdad en el Día Internacional de la Mujer después de una pandemia que obligó el año pasado a dejar las pancartas en casa. Y, aunque esta tarde se celebraba el primer 8-M con mascarillas (muchas moradas o con el símbolo de la mujer pintado) el ambiente prepandemia reinaba en las casi todas las marchas. Especialmente en la más multitudinaria, la convocada por la Comisión 8M –a la que asistió la ministra de Igualdad, Irene Montero–, y que recorrió ayer el madrileño Paseo del Prado y Recoletos, desde Atocha hasta Colón. Hasta 50.000 personas, según la Delegación del Gobierno en Madrid, se concentraron en las calles bajo el lema: «Derechos para todas, todos los días». Pero a este principal «río morado» se iban uniendo otros afluentes, como la marcha «feminista antifascista» que llegaba desde Vallecas y gritaba: «¡Madrid será la tumba del machismo!» El humo de sus bengalas moradas se difuminaba entre las pancartas de las manifestantes de todas las edades que habían quedado en Atocha.

El mensaje de la que llevaban Vanessa, Esther y Azahara, estudiantes de Derecho y Ciencias Políticas, era el compartido por la mayoría de las jóvenes. Reproducía una conversación de WhatsApp típica de sábado noche entre dos amigas: «Ya he llegado a casa. Y tú?» Y, ante el silencio, «llamada perdidas a las 0:52 horas» y el miedo del silencio de su amiga. «Es que es algo que nos pasa a todas. Seguimos teniendo miedo al irnos a casa y eso no ha cambiado, por mucho que digamos que hemos avanzado». «Eso es verdad, a nosotros no nos pasa», decía un amigo del grupo, que llevaba el cartel: «Real men are feminist».

Aunque la generación más joven cree que ahora hay menos machismo no era de la misma opinión Edurne, profesora de instituto en Leganés y madre de una niña de 2 años que trataba de pintarle el símbolo feminista en la cara. Su carrito llevaba la letra de una canción que no dejó de sonar ayer: «Mamá, mamá, mamá, ¡paremos la ciudad!» «He querido venir con ella porque es su futuro. Sin saberlo ya está sometida a muchas injusticias de género que sus compañeros de guardería no. Y los comportamientos que ves en niños de 14 años son realmente preocupantes pero la educación principal está en casa; en clase podemos tratar de eliminar estereotipos pero reproducen patrones aprendidos». Para romper con esos patrones salió a la calle Encarni, que a sus 97 años nunca pensó en tener que salir a reivindicar nada en el año 2022. «Parece que vamos para atrás, lo que no entiendo es por qué no estáis aquí todas», sentenció.