Tuberculosis: la otra pandemia que nos puede dejar la guerra

Si las autoridades europeas no actúan, el éxodo de refugiados ucranianos provocará una crisis sanitaria de grandes proporciones

En la imagen, la radiografía de un paciente aquejado de tuberculosis
En la imagen, la radiografía de un paciente aquejado de tuberculosis

La pandemia de la Covid-19 ha hecho resurgir la certeza de que las enfermedades infecciosas no entienden de fronteras y de que los virus y las bacterias no son un problema exclusivo de los países pobres. Estos pueden ser letales para la población y poner en jaque a los sistemas sanitarios más robustos del mundo, como son los europeos. Precisamente, nuestro continente, todavía a falta de reponerse de los estragos del SARS-CoV-2, se enfrenta a una nueva amenaza derivada del que ya se considera el éxodo de refugiados más grave en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El organismo microscópico responsable de los desvelos de los profesionales sanitarios es ahora una bacteria: la Mycobacterium tuberculosis. Este germen es el causante de la tuberculosis, una infección bacteriana que afecta a los pulmones y que en Ucrania está catalogada como epidemia desde los años 90.

“La tuberculosis es una enfermedad de transmisión respiratoria que se contagia entre personas a través de pequeñas secreciones respiratorias. Principalmente afecta a los pulmones, pero potencialmente puede afectar a cualquier órgano. Los síntomas más frecuentes son: tos, pérdida de peso, fiebre, sudoración nocturna y, a veces, episodios de hemoptisis”, explica Alberto García-Basteiro, profesor asistente de investigación en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y coordinador del área de investigación en tuberculosis en el Centro de Investigação em Saúde de Manhiça (CISM), en Mozambique. Y añade: “Posiblemente, la tuberculosis sea la enfermedad que más mortalidad ha causado a la humanidad”.

Sin embargo, hoy en día se trata de una enfermedad prevenible y curable. De hecho, la bacteria se ha adaptado tan bien a vivir con el humano que se estima que un 25% de la población mundial está infectada, aunque solo un 10% desarrolla la enfermedad a lo largo de su vida. Ucrania, pese a que ha experimentado un notable descenso en los últimos 20 años en lo que respecta a la incidencia de tuberculosis, se sitúa como el país europeo con mayor tasa después de Rumanía y Polonia. En 2019 el país registró 25.237 casos de tuberculosis, con una tasa de incidencia de 10,6 casos por cada 100.000 habitantes.

“Tenemos estos datos pese a que Ucrania es uno de los países europeos que tiene una tasa de detección de tuberculosis más baja. En el año 2020, solo se diagnosticaron alrededor del 55-60% de los casos”, comenta Alberto García-Basteiro.

Uno de los problemas inherentes a la enfermedad y que ha supuesto un reto para el sistema de salud ucraniano es la tuberculosis multirresistente o tuberculosis resistente a medicamentos (TBDR). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad, “Ucrania es uno de los 20 países del mundo con una alta carga de tuberculosis multirresistente”, explica Francisco José Roig, neumologo del Hospital Universitario 12 de Octubre, de Madrid. Este tipo de contagio supone que el paciente no responde a dos de esos cuatro fármacos indicados para tratar la tuberculosis habitual. En su caso, se le suelen administrar unos regímenes terapéuticos que incluyen 6 o 7 fármacos y el proceso es más largo, más caro y más tóxico. En Ucrania, la TBDR representa más del 25% de los casos nuevos de esta enfermedad y casi el 50% de los casos tratados previamente. Estos casos son especialmente difíciles de curar, con una tasa de éxito del tratamiento de poco más del 50%.

Hasta ahora, la rápida y activa propagación de esta bacteria en Ucrania no había traspasado prácticamente un área geográfica concreta. Sin embargo, el posible éxodo de casi 5 millones de refugiados, añadido a las pésimas condiciones sanitarias de hambruna y hacinamiento, ha llevado a los especialistas en patologías infecciosas a prever un notable incremento de casos por toda Europa si no se establecen medidas adecuadas de control sanitario.

«Desafortunadamente, la experiencia adquirida en otros conflictos armados nos permite prever cómo se comportarán las enfermedades infecciosas en el actual contexto de guerra. Si repasamos la incidencia de la enfermedad en el siglo XX, vemos que justo después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial en casi todos los registros de tuberculosis ha habido un repunte muy considerable. Así, sabemos que los programas de control se desmantelan, deja de haber suministro de tratamientos, se interrumpe la supervisión de casos. Con lo cual, se deja de asegurar el diagnóstico y el tratamiento eficaz de la enfermedad. A esto se une que, allí donde se concentran refugiados, se dan condiciones que favorecen la transmisión de la enfermedad y el hecho de que ésta progrese a enfermedad activa», declara el doctor García-Basteiro.

La salida de refugiados, especialmente de niños procedentes de Ucrania, hacia países limítrofes como Rumania o Polonia complica aún más la situación. El riesgo de desarrollar enfermedad es mayor en niños menores de 5 años (56%), seguido del grupo de 5-14 años (28%) y menor en los mayores de 14 años (5%), ocurriendo el desarrollo de enfermedad principalmente en el primer año tras el contacto.

“En la población infantil, las manifestaciones clínicas de la tuberculosis pueden ser poco expresivas. Pueden presentarse entre otros síntomas: febrícula o fiebre prolongada, tos persistente, cansancio, anorexia, pérdida de ánimo y ganas de jugar, pérdida inexplicable de peso y retraso del crecimiento. Se requiere, por tanto, en la población infantil una evaluación cuidadosa y exhaustiva de la exploración clínica y de las pruebas radiológicas e inmunológicas disponibles”, comenta Francisco José Roig.

Coexistencia con la covid

Otro de los factores que repercuten en el avance geográfico de la enfermedad será la confluencia con otras enfermedades infecciosas, como la Covid-19. “Vamos a tener que estar atentos a todas las enfermedades, incluyendo la Covid-19, el sarampión, la polio… Porque tenemos vacunas eficaces, pero si los programas de vacunación se interrumpen, significaría un resurgimiento de estas enfermedades. Por lo tanto, se agrupan numerosos desafíos para que la salud de la población empeore, y no solo por lo directamente asociado a los ataques y a los problemas de bajas de personas generadas por la guerra, sino por todas las consecuencias sanitarias, que van a ser muy complejas”, destaca el neumólogo . Y lamenta que esta guerra y el repunte de casos de tuberculosis se traducirá en que “el retroceso de los sistemas sanitarios que ya iba a haber por causa de la Covid-19 será mucho más pronunciado”.

Los profesionales sanitarios animan a seguir prestando apoyo a las personas que buscan refugio fuera de su país debido al recrudecimiento del conflicto armado. Sin embargo, solicitan la puesta en marcha de medidas de control sanitario específicas para frenar el repunte de enfermedades contagiosas en Europa. Entre sus recomendaciones, Roig proponen canalizar la entrada de refugiados a través de los centros de acogida y no de forma descontrolada sin contar con las autoridades sanitarias. “Tambien es necesario poner mascarilla a niños mayores de 2 años hasta realizar las pruebas diagnósticas; y la realización de prueba de tuberculina a todos los refugiados procedentes de zonas como Ucrania, Polonia o Rumanía”.