Opinión

Monkeypox, una enfermedad reemergente

Patricia Guillem, catedrática de Epidemiología de la Universidad Europea de Valencia (UEV) explica las claves de esta nueva zoonosis, que puede reaparecer, cíclicamente, a lo largo de los años.

Nos encontramos ante una nueva alerta sanitaria: la enfermedad denominada como viruela del simio (Monkeypox) está provocando brotes epidémicos a nivel internacional y también dentro de nuestras propias fronteras.

Actualmente, existen ya más de un centenar de casos confirmados en 14 países, 10 de ellos europeos. Además, es muy probable que, en los próximos días, la incidencia de casos que se reportan continúe incrementándose y se declare su presencia también en otros lugares. Así lo han anunciado tanto la Organización Mundial de la Salud como la Agencia de Seguridad de Reino Unido (UKHSA).

La globalización y la vuelta a la normalidad después de la pandemia por la covid ha generado un aumento de los viajes y existe un intercambio más frecuente de pasajeros, así como de transporte de mercancías entre países y/o de acceso a entrar en contacto con animales portadores.

Se trata de una enfermedad endémica, típica de determinadas regiones de África central y occidental. Su reservorio principal son pequeños mamíferos, como roedores, ardillas selváticas y perritos de las praderas, entre otros, y puede afectar a los primates (de ahí su nomenclatura).

El salto de especie, de animales a humanos la convierte también en una zoonosis. El microorganismo causal es un virus que guarda relación con la familia del virus de la viruela. Y aunque esta última enfermedad se erradicó hace más de 40 años, la viruela del mono se identificó por primera vez en 1970 en forma de brotes esporádicos, y así se ha mantenido a lo largo de los años de forma puntual en algunos países. En este caso podemos decir que se trata de una enfermedad reemergente cuya aparición puede ser cíclica con el paso de los años.

Los vacunados con la vacuna de la viruela podrían tener una eficacia de protección frente a la viruela del mono, según muestran unos estudios realizados en la década de los 80. De igual forma, las vacunas llamadas de tercera generación tendrían una eficacia similar, por tanto ambos sueros se podrían utilizar para la prevención de la enfermedad y/o la reducción de los síntomas cuando se administrasen de forma temprana a los contactos/convivientes cercanos de los casos declarados.

Entre las principales vías de transmisión entre humanos cabe recalcar que se requiere de un contacto estrecho, a través de fluidos que pueden ser de diferente índole (salivales, sexuales, exudados respiratorios y/o de heridas).

También es posible la infección indirecta por entrar en contacto con objetos inanimados contaminados (como ropa, sábanas, utensilios de cocina). Otras vías de transmisión descritas son a través de las heces excretadas y por la vía transplacentaria (de madre a hijo). La vía aérea, por aerosoles, no se descarta, pero necesita de una exposición mayor y prolongada que en el caso del SARS-CoV-2.