Desabastecimiento

El fármaco para la diabetes con problemas de suministro por su uso masivo para adelgazar

La comunidad científica advierte que no está probaba su eficacia ni su seguridad para este uso, y que se desconocen sus efectos a largo plazo

Dado que se han aprobado hace relativamente poco, los investigadores aún no saben cuáles son los efectos a largo plazo de usar estos fármacos
Dado que se han aprobado hace relativamente poco, los investigadores aún no saben cuáles son los efectos a largo plazo de usar estos fármacos larazon

De Kim Kardasian a Elon Musk, pasando por un gran número de celebrities de Hollywood, Intagramers y Tik-tokers. El secreto a voces para perder peso de una forma rápida ha saltado de las redes sociales a las conversaciones de gimnasio. Se trata de la semaglutida, un receptor GLP-1 que hace que el páncreas libere insulina- la hormona responsable de regular el azúcar en la sangre- y ralentiza la salida de los alimentos del estómago, lo que disminuye el apetito.

Numerosos estudios han certificado que los receptores GLP-1 son herramientas de pérdida de peso altamente efectivas. “Funcionan muy bien para tratar la diabetes y son una gran herramienta cuando se utilizan correctamente, es decir, si van acompañados de un seguimiento y de un cambio de hábitos de vida”, señala Antonio Más, médico especialista en Endocrinología y Nutrición. “Inyectarse esta hormona es una manera de decirle a tu cuerpo: ya no hace falta comer más. Sin embargo, los pacientes ahora los piden ( e incluso los exigen) para usarlos como una dieta milagro, y esto es un desperdicio de dinero, tiempo y salud”, añade.

Comercializado bajo la marca Ozempic, este medicamento se administra mediante una inyección semanal en el estómago, el brazo o el muslo y suprime de forma inmediata el apetito del paciente, lo que permite que el pierda peso de una manera sencilla y rápida. Su precio es de 900 dólares (unos 923 euros) por dosis.

Hasta aquí todo podría parecer normal si no fuera porque la indicación del fármaco solo es para tratar la diabetes tipo 2- el prospecto no indica nada sobre su uso para combatir el sobrepeso- y los pacientes que lo necesitan de verdad no están pudiendo acceder a él porque su uso se ha masificado y no lo encuentran. De hecho, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) advirtió hace un mes sobre que podía haber “problemas de suministros” de los medicamentos medicamentos análogos del GLP-1 si continuában estos hábitos de compra. Hay que tener en cuenta que España es el segundo país de Europa con mayor prevalencia de diabetes, con un 14,8% de la población entre 20 y 79 años (5 millones de personas), según datos del IDF Diabetes Atlas 2021.

Pese a que la semaglutida solo está financiada para las personas con diabetes tipo 2 (con un precio de 160-180 euros al mes), a los que lo usan fuera de indicación no les importa pagar hasta ocho veces más por usar este fármaco “milagroso” que puede hacerles perder hasta 15 kilos en entre tres y seis meses.

Para el experto, esta es la peor parte de la ecuación. “En mi opinión, el problema de desabastecimiento es algo coyuntural, que seguro que se resolverá pronto cuando la compañía que lo fabrica ajuste la producción. El problema es otro- y es más grave- y es que todos estamos dejándonos llevar por una peligrosa inercia. Para los endocrinos, este nuevo fármaco es como ‘el santo grial’ porque por fin tenemos algo que funciona, así que lo recetan más de lo debido, los pacientes directamente lo exigen y, obviamente, la industria farmacéutica no poner los límites porque no es su papel”.

Además, el medicamento no está exento de efectos secundarios, como náuseas, vómitos y estreñimiento. “Se habló al principio de si podía causar pancreatitis aguda, enfermedad de la vesícula biliar y retinopatía diabética, pero en estudios posteriores se ha visto que estos podrian ser efectos raros”, explica Más. Aun así, el hecho de que estos fármacos se hayan incoropado hace relativamente poco (menos de 10 años) al arsenal terápeutico para el tratamiento de la diabetes, hace que los clínicos descononozcan cuales podrían ser sus efectos a largo plazo.

“Esta claro que cuando un fármaco no está indicado para algo es porque aun no ha mostrado que el beneficio supere al riesgo”. La Agencia Española del Medicamento (AEMPS) solo lo indica para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y, como todos los medicamentos, se puede solicitar su uso compasivo, pero solo para personas con un IMC mínimo de 30, que ya hayan hecho intentos de cambiar su dieta y sus hábitos de vida sin éxito o para aquellas con un sobrepeso grado 2 y que tengan complicaciones asociadas a la obesidad (como hipertensión, apnea del sueño, colesterol, entre otras).

“La AEMPS marca la legalidad, así que, más allá de si su mal uso es un abuso por parte de los médicos que lo recetan y de las personas que lo usan fuera de indicación, hacerlo es ilegal. Pero, además, estamos corriendo el riesgo de creernos que el fármaco actúa por sí solo, sin la necesidad de que la persona haga cambios en su vida por lo que, cuando deja de funcionar o cuando se deja de tomar, se volvería a recuperar el peso perdido”.