Yo Creo

Ni coach, ni reiki: los ejercicios espirituales también sanan

Un jesuita de Benín gana el premio al mejor teólogo joven del año por mostrar que el itinerario de San Ignacio «reestructura las capacidades afectivas»

Noël Semassa, jesuita
Noël Semassa, jesuitaVíctor Gutiérrez

No es terapia. No es coaching. Tampoco magia. Pero también cura. Con sus tiempos, con su dinámica. Desde el acompañamiento. La escucha. El silencio. Al menos es lo que certifica el jesuita, teólogo, psicólogo y filósofo Noël Sèmassa Hinvo. Le avala haber sido elegido como el mejor pensador eclesial del año de menos de 40 años tras ganar por unanimidad el V Premio de Ensayo Teológico Joven PPC. Y todo, a través de una obra que aborda «la sanación de las heridas interiores en la dinámica de los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola».

Para este religioso de Benín, el itinerario creado hace justo ahora cinco siglos por el fundador de la Compañía de Jesús permite «reestructurar las capacidades afectiva, cognitiva y relacional» de aquel que entrar en esta experiencia interior. Son millones las personas en el mundo que participan cada año en alguna tanda de estos ejercicios, que cuentan con diferentes modalidades: desde un fin de semana a un mes, incluso adaptados a la vida cotidiana, sin tener que alejarse de casa. Todos ellos cuentan con un director que ofrece orientaciones al ejercitante para reposar, analizar y dar un significado profundo a las circunstancias que atraviesa, a la luz de un encuentro de intimidad con Dios que oriente su vida. Este engranaje permite algo más que poner un parche ante las hemorragias internas del día a día. «He podido trabajar en la manera en que algunas de las herramientas complementarias de la psicología pueden contribuir a fortalecer ese proceso espiritual que se vive en estos días, si quien dirige tiene la formación adecuada», expone. Prueba de la importancia que da la Iglesia a este itinerario es que este mismo viernes la Santa Sede anunciaba que el Papa hará un parón del 26 al 3 de marzo para realizar por su cuenta ejercicios.

«La sanación no es una especie de autorrealización, un bienestar emocional, ni una conversión ética ni el fruto de una mera introspección, sino una transformación interior del ‘yo’ que brota de la experiencia del amor incondicional de Dios», defiende Noël, primer africano en ser reconocido con el galardón de la editorial PPC que se traducirá en un libro que verá la luz en primavera. Así, aclara que «no es que alguien salga de los ejercicios ‘curado’ de todos tus problemas, pero sí recibe luz para trabajar esas carencias personales que todos arrastramos y para afrontar con serenidad los desafíos de la vida». No lo dice solo como investigador. Lo ha contrastado en primera persona como sacerdote: «Una parte de mi formación como jesuita la recibí residiendo precisamente en una casa de ejercicios en Burkina Faso. Acompañando a tantas personas que pasaban por allí, he visto cómo el Espíritu Santo actúa en la vida y la transforma. Cada uno se acerca a estos días de retiro con sus heridas, pero también con sus alegrías y sus esperanzas». Desde ahí, reafirma que «soy testigo de cómo la gente sale de los ejercicios reconciliada consigo misma, con los demás y con Dios, y por eso hablo de sanación».

Eso sí, deja meridianamente claro que «el proceso de sanación en los ejercicios ignacianos no excluye ni mucho menos que la persona vaya al psicólogo, sino más bien lo contrario, abre horizontes para continuar tanto en terapia como en el acompañamiento. Hoy por hoy el área de la salud mental es un campo por explorar desde el punto de vista religioso».

Para este jesuita que reside actualmente en Valencia donde realiza un máster en Psicología Clínica para profundizar aún más en esta vinculación entre la fe y la razón, entre espiritualidad y psicología, «no hay milagrería que valga y es cierto que el poder de la oración no se puede cuantificar, pero tiene la capacidad de sanar en la medida en la que estás abierto a Dios». Esta es la variable que se escapa a cualquier medición científica y que este jesuita tampoco ha buscado meter en una probeta. «Rezar puede tener una influencia clave en la reconstrucción de la psicología personal. Si uno entiende la oración y la relación con Dios como un acto de amor, es más fácil de entender». Con esta premisa, relata que «para todo ser humano, lo más importante y fundamental es el amor. Esta experiencia de ser amado a lo largo de los ejercicios a través de la oración ayuda al ser humano recolocarse, porque ha ido a la verdadera fuente del amor, que es Dios mismo».

A la hora de hacer un diagnóstico de cuales son esas enfermedades interiores de hoy, el teólogo apunta que «estamos en una sociedad en la que todo va muy rápido, donde todos vamos cargados de mucha ansiedad y mucho estrés, sin pararnos a asimilar lo que vivimos». «Aunque estemos en una sociedad secularizada, todos creemos en algo o en alguien. El problema es en quién volcamos esos anhelos, esa fe no religiosa».

A la vista está, el auge de todas las prácticas meditativas como el yoga, el mindfulness, el reiki… «El ser humano sigue buscando, tiene necesidad de plenitud», remata, con la certeza de que los ejercicios espirituales son el medio.